martes, 21 de marzo de 2017

Del barrote al verso

Rue Saint-Antoine nº 170
Literatura. La presentación en Pontevedra el próximo jueves del poemario inédito de Eladio Vaz ‘Oropeles’, nos ofrece un conjunto de poemas en los que su amor por Galicia se entremezcla con la realidad humana y social de una España presa de su propio destino tras la Guerra Civil. Él, funcionario de prisiones, hizo del verso un canto de libertad.


En enero de 2016 Rodrigo Cota descubría en estas mismas páginas la historia de un poeta perdido de nombre Eladio Vaz Gallego (Compostela, 1894-Pontevedra, 1957). Aquella era una de esas historias que esta España cainita de unos y otros había dejado sepultada por años de historia y la tortícolis permanente de esta sociedad por mirar atrás, por reconciliarse con los suyos, por hacer justicia. Rodrigo Cota contaba una historia de esas que perfectamente él mismo se podría haber inventado para seducirnos con su escritura como hace semana tras semana, pero no, allí había un rastro de verdad inmensa, un rastro que llevaba hasta la historia de un hombre al que, pese a ser carcelero de la República, pese a sus convicciones galleguistas, azañistas y republicanas, Franco le había concedido, por intercesión de sus propios reos (a los cuales defendió poniendo en peligro su vida), el regreso a su Compostela natal y mantener allí su trabajo de funcionario de prisiones. Su nombre fue inscrito por Alexandre Bóveda en el Partido Galeguista en 1936, pocos días ante del Golpe fascista. Eladio Vaz, funcionario de prisiones y poeta paseaba con su nieto Rafael Domínguez por Pontevedra cuando la caída de una cornisa acabó con su vida. Su bisnieto, Rafael Domínguez, concejal de Pontevedra y médico de una saga íntimamente vinculada a Pontevedra a través del Sanatorio Domínguez es quien ha puesto en las manos del propio Rodrigo Cota un manojo de versos que el próximo jueves serán presentados a las 20.00 horas en la Casa das Campás. Versos en los que nos asomamos a un hombre entre una España sangrante y dolorida, y su familia, el bálsamo necesario para no derrumbarse ante una guerra y un paisaje humano y social lleno de miserias.
El poemario estaba compuesto de dos partes, una en gallego y otra en castellano. Todo él escrito entre 1937 y 1947, lo que venía a suponer una valerosa aportación dada la escasa poesía en gallego de aquel tiempo. El infortunio hizo que el poemario en gallego se extraviase en manos del médico, expresidente del Pontevedra c.f. y cantautor Luís Emilio Batallán quien quiso musicar esos primigenios poemas en gallego. La música no llegó y los poemas desaparecieron en una lastimosa pérdida en estos momentos irrecuperable, al no existir ninguna copia de ese original prestado por la familia tan inocentemente, conservándose únicamente dos pequeños fragmentos incluidos en el prólogo escrito por el autor: «Aló no Ceo prantado/ós pés do Noso Señor,/choroso i acongoxado/dixo-llel avergonzado:Señor, Galicia é millor. /Millor co Ceo da Groria/xa sei que non pode ser, pero Señor, fai memoria./Si fixeses ti outra Groria/Tiña en Galicia que ser».
Este profundo canto de amor a Galicia se mantiene a lo largo del resto del poemario que conservamos, el que, escrito en castellano, mantiene siempre un pie en Galicia, pese a estar compuesto en su gran mayoría en Madrid y varios poemas finales en su destino compostelano. Una distancia que superó a base de miradas a aquel paisaje de ríos y verdes y a la familia, tratados con una enorme dulzura a través de unas rimas que, en algunos casos, pueden presentarse como repletos de inocencia pero en los que sí emerge una enorme sinceridad. Él mismo, ante la inminente posibilidad de su publicación se disculpa por esa situación derivada de su deseo y entusiasmo por escribir poemas. Pero de lo que no dice nada Eladio Vaz es de otros poemas en los que sí hay que sujetarse a la silla, en los que vemos al hombre ante la España lacerada por sus hijos en los que el poeta se acerca a las distancias entre ricos y pobres, a la ciudad que engullía al campo, a la desolación provocada por la Guerra, a la educación, la cobardía o la ambición del ser humano. En esos poemas, muchos de ellos no tan condicionados por la métrica, el poeta abre la celda de sus pensamientos, muchos de los cuales no serían nada fáciles de mostrar en eses días: «No existe el asesinato,/esto se llama paseo,/el deporte es un recreo,/que se hace sin recato» o «Fábricas paralizadas,/el campo hecho un erial,/las industrias destrozadas/sin un artista genial,/y tantas vidas segadas/por la máquina infernal».
Se compone así un íntimo retrato de un tiempo en el que echamos muy en falta esos poemas en gallego a los cuales el propio Eladio Vaz se refiere en el prólogo: «expresan algunos mi acendrado cariño a la patria chica, a la que adoro con todas las fuerzas de mi ser (...) en la que ví por primera vez la luz suficiente para justificar el que yo quiera con deleite a esa tierra meiga de mis amores y que por ella suspiraba cuando de ella estaba ausente».

Desolación

Sonorísimas,claras, estridentes,
las trompetas amortiguan el fragor
de la lucha ensangrentada de terror
que se libra entre ambos combatientes.

A la muerte caminen, sonrientes
las brigadas, todas llenas de estupor,
se embisten con coraje, con furor,
armados de metralla hasta los dientes.

Ya lejos no suenan las trompetas
ni tampoco el ruido del tambor,
todo es calma y silencio en derredor.

No luchan al compás de las cornetas,
ni se alegran las luchas con retretas,
todo es muerte en el campo asolador.



Publicado en Diario de Pontevedra 20/03/2017
Fotografía. Eladio Vaz junto a sus dos hijas (Archivo familiar)


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