jueves, 13 de octubre de 2016

Fotografía hecha palabra

Rue Saint-Antoine nº170
Fotografía. La exposición ‘El rostro de las letras’ que se exhibe en el Museo de Pontevedra hasta el 27 de noviembre es un abrumador ejercicio por poner cara a varios de los más importantes escritores de nuestras letras. Un homenaje que se extiende a toda una serie fotógrafos sin los que no podríamos gozar de este fastuoso repertorio visual

Ramón Gómez de la Serna durante una
lectura en el  Circo Price en 1923

Regresan de esta manera al Museo de Pontevedra exposiciones realizadas por grandes factorías culturales y de las que nos habíamos visto huérfanos durante años. Si bien la muestra de Telefónica sobre Virxilio Viéitez ya había sido vista en el MARCO antes de su exhibición en el Museo de Pontevedra, ésta puede considerarse, por su entidad y proyección, la primera en la que el público de Pontevedra puede descubrir un ingente material exhibido en diferentes espacios expositivos del Estado, ausente de Galicia, y que de esta manera hace regresar a Pontevedra a un circuito del que todos salimos beneficiados. El Museo de Pontevedra por mostrar una obra de entidad y por seguir manteniendo su prestigio entre las grandes instituciones culturales del país y, sobre todo, el público, que no siempre tiene la oportunidad de desplazarse a otras ciudades para disfrutar de ciertas propuestas expositivas.
De la mano de Acción Cultural Española llega esta abrumadora e interesante reflexión sobre la imagen de los escritores españoles, centrada entre el Romanticismo y la generación de 1914. Y lo hace no solo desde un contenido en el que pararse durante horas, horas, créanme, deteniéndonos en los rostros que se contienen en el centenar largo de imágenes que configuran la muestra, sino también desde su continente, ya que las imágenes se presentan de una manera ejemplar para cualquier exposición, con una cuidada producción y un diseño expositivo sumamente atractivo. Pero vamos al contenido, a esas fotografías en las que nos encontramos con todo un itinerario de rostros y ambientes que nos colocan cara a cara con unas fotografías hechas palabra. Con los autores que con su iconografía han poblado nuestros libros de texto con muchas de estas fotografías que los rescataron del anonimato visual de sus obras, en unos tiempos en los que no existían medios de masas y la única manera de componer un rostro ante el público era mediante un dibujo o la incipiente fotografía en prensa o revistas literarias, y así es como nos encontramos rodeados de los Becquer, Pereda, Galdós, Baroja, Unamuno, Machado, Ramón Gómez de la Serna... hilándose un listado que se prolonga por épocas y por movimientos literarios que se fueron sucediendo entre los siglos XIX y XX.
La ingente labor de producción de esta exposición pone ante nosotros la importancia de aquellos fotógrafos pioneros que, tanto en sus estudios o dirigiéndose a los ambientes en los que se movían los escritores, compusieron todo un relato visual que iba más allá de la propia literatura y se descorría por una España que buscaba salir del atraso secular y adentrarse en la modernidad que suponía el nuevo siglo.
Esa modernidad venía en gran medida dada, dentro del ambiente literario, por la importancia de los cafés como cenáculo de intelectuales y la conexión entre escritores que se iban engarzando cronológicamente. Así es como surgen esas imágenes absolutamente fascinantes de un grupo de autores arremolinados en torno a una mesa de mármol y con la que tanto se disfruta reconociendo rostros, e imaginando de qué podrían estar hablando, de cual de sus obras conversarían o a que autor estarían despellejando. 
De la misma consideración que las imágenes son los textos que se nos van ofreciendo entre las fotografías, auténticas instantáneas escritas en las que llegan a nosotros los rasgos, las descripciones físicas y hasta las modas en el vestir de los diferentes autores. Textos e imágenes que presentan un giro final con la proyección de un vídeo en el que podemos escuchar la palabra de varios de ellos, y a los que nunca, o en muy rara ocasión hemos podido oír. 
Todo este recorrido por imágenes y textos, así como por la propuesta que desde el comisariado de Publio López Mondejar, toda una autoridad en la historia de la fotografía en España, se evidencia a lo largo de la exposición en la reinvindicación de un material imprescindible para acercarse a la realidad artística y social de un país, y que se condensa en un catálogo que, manejándolo, está a la altura de la exposición en cuanto a su calidad y presentación.

Tertulia de la Cacharrería del Ateneo
con Azaña y Valle-Inclán
No son pocos los autores gallegos presentes en la exposición que llega al Museo de Pontevedra precisamente en el año de conmemoración del 150 aniversario del nacimiento de Ramón del Valle-Inclán. Su rostro, por otra parte maravillosamente icónico, es el que sirve de soporte a la exposición, el que anuncia la muestra y el que nos recibe de frente, convenientemente ampliado, al entrar en uno de los tres grandes espacios en los que se divide el espacio expositivo. La figura de Valle-Inclán nos ofrece alguna de las mejores estampas de la muestra, varias de ellas procedentes del propio Museo de Pontevedra para presentar al Valle-Inclán más vinculado a la tierra en que nació para la escritura, y otras en su estancia en la capital, en su hogar íntimo y también en su faceta pública, en los ambientes madrileños en los que habituaba a moverse. Junto a él también tenemos a Pondal, a Murguía y a Rosalía de Castro; y como no, a Emilia Pardo Bazán con unas fotografías llenas de la fuerza y contundencia que le eran propias, o a Castelao. Una presencia gallega que aproxima la exposición a nuestra realidad más inmediata pero, sobre todo, vincula a nuestros autores con la realidad literaria del momento de la que nunca han estado ausentes y que pocos años después se renovaría con los Camba, Fernández-Flórez, Torrente Ballester o Camilo José Cela.
Una muestra, por lo tanto, que no hace protagonistas solo a los escritores, sino  también a aquellos fotógrafos que con cada imagen robaban un trocito de su alma para ponerle vida a las descripciones que de ellos tenemos. Una exposición que no se deberían perder y que alaba el trabajo bien hecho, el de una entidad como Acción Cultural Española sabedora del legado que maneja y de un Museo, el de Pontevedra, que vuelve a abrir las puertas a exposiciones que nunca se deben dejar pasar de largo. Todos se lo agradeceremos.


Publicado en Diario de Pontevedra 10/10/2016



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