sábado, 28 de mayo de 2016

Y el teatro se llenó

“He relatado mi trayectoria política a Adrián Rodríguez con la misma honestidad con la que he vivido. Nunca me he ocultado nada a mí mismo ni a nadie”.
[José Rivas Fontán en el epílogo del libro ‘Solo Rivas Fontán’]


Si en España ya es noticia cuando se llena un teatro, cuanto más en Pontevedra. Y es que la imagen del Teatro Principal atiborrado de personas el pasado lunes para la presentación en sociedad del libro de memorias de José Rivas Fontán, escrito por Adrián Rodríguez, dejó impresa en la retina de los que allí estuvimos una de esas imágenes inolvidables para esta Pontevedra, como es la del Teatro Principal lleno como hacía mucho tiempo que no se veía, exceptuando algún mitin político de los de prietas las filas, y que ya todos sabemos cómo funcionan.
Con todos mis respetos para la escritura de Adrián Rodríguez (magníficamente exhibida a lo largo de todo el texto), para el talento de Manuel Jabois (brillantemente demostrado en la presentación del libro), y para la valentía del editor Quique Alvarellos (audazmente evidenciada con cada título que sale de esa editorial), la capacidad de convocatoria de José Rivas Fontán  es abrumadora. Y a uno que le gusta elucubrar, y que me diga alguien de los que allí estuvimos sino lo ha hecho a lo largo de la presentación mirando a aquel mar de cabezas y de emociones reunidas, pues elucubra sobre cómo se traduce en número de concejales la asistencia a ese acto. Dos... quizás tres. Y todo ello sin campaña mediática, sin aparato de partido, sin seguimiento en prensa durante meses. Y eso para empezar. ¿Sobrecoge verdad? Tampoco dudo que muchos de los allí presentes pensarían cómo este pájaro está volando libre, como lo han dejado escapar, como ninguna sigla lo ha acogido bajo su ala, ya no me refiero a ahora mismo, pero sí en los últimos años en los que seguramente ha sido menospreciado por muchos y olvidado por otros. ¡Pero si lo teníais delante, si lo teníais delante! y aunque leyendo el libro uno llega a la conclusión de que Rivas Fontán haya, motu propio, clausurado la posibilidad de ese retorno político, a este tipo de purasangres el ADN les puede jugar siempre una mala pasada y quebrar así el destino para regresar a la pista a competir con mejores o peores perspectivas, pero, a la vista de cómo bajan los libros de los montones que Alvarellos ha depositado en las librerías, o por cómo estaba el Teatro esa tarde, a muchos no duden que les flojearían las piernas y a otros se les sonrojarían las mejillas al ver como ese valor inherente a las personas, forjador de identidades y proyectos, como es el carácter, no se aprende en ninguna escuela ni bajo las faldas de ningún otro político o argumentario de partido. 
Hablaba Adrián Rodríguez de lo que supone caminar al lado de Rivas Fontán por Pontevedra, el pararse casi con cada persona con la que uno se cruza, echar una parrafada, preguntar por la familia (aunque posiblemente ni se conozca) y dar una caricia natural, sin pose. Y eso lo hizo minutos después de que los presentes en el acto no parasen de estrechar sus manos con el protagonista, de pararlo en el hall de entrada y, a lo largo de esa alfombra que lo condujo casi en volandas hasta el escenario, arrojarse a su cuello para expresar esa mezcla de respeto y gratitud que se tiene con los políticos que son leales a su ciudad y a las personas, y eso, no es flor de un día, sino un jardín que hay que cuidar con mimo entre la espontaneidad, la modestia y el respeto a las opiniones y a la identidad de la gente, cansados como estamos de políticos que piensan que la gente es imbécil y que todo aquello que pronuncian en una rueda de prensa vale para afianzar una opción política.
Los micrófonos abiertos dejaron sobre las tablas todo un listado de bondades del exalcalde, lógico, es para lo que se estaba allí, y además fuera ya siempre hay quien deja sembrado ese virus de la duda que tanto gusta entre estas piedras pontevedresas, de envidias y sombras, de complejos y de súperegos de los que creen que detrás de ellos no hay nada más. Pequeñas miserias que le conceden más valor a lo sucedido en el interior: el anuncio de una nueva época. Un gran periodista con una historia que contar, un arriesgado editor confiando en un proyecto y Jabois, bueno, hoy no toca hablar de Jabois. Gente de una generación actual con un talento imparable que anuncia el nuevo tiempo al que ojalá se sumen nuevos políticos que sepan aunar la ilusión que se les supone con las virtudes que les comenté del político de Verducido. En definitiva, una nueva Transición que ya está aquí.



Publicado en Diario de Pontevedra 28/05/2016
Fotografía: Rafa Fariña

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