sábado, 7 de mayo de 2016

Letras de plomo


En 1933 una revuelta en la localidad gaditana de Casas Viejas en la que fallecieron veinticinco personas, debido a la represión republicana, se convirtió en uno de los hechos definitivos para la posterior dimisión del presidente del Gobierno, Manuel Azaña.
En 2004 una sucesión de explosiones en diferentes trenes de cercanías de Madrid costaron la vida a 191 personas en el que es el mayor atentado terrorista cometido en suelo europeo.
Dos sucesos en dos tiempos distintos. Dos momentos de la historia de España que ahora retoman su presencia entre nosotros gracias a la literatura o, de manera más precisa, al periodismo, al periodismo escrito con letras de plomo. Unas letras que evidencian la sinrazón del ser humano y la deriva que las diferentes circunstancias de la vida propician para llevar a ciertas personas a participar, con mayor o menor conocimiento de lo que hacían, en acontecimientos que comportan la pérdida de vidas humanas. Esas letras de plomo traspasan las propias páginas de ambos libros para denotar la gravedad de esos sucesos y evidencian cómo las palabras están dotadas de la efectividad necesaria para hacernos llegar el cómo, el dónde, el cuándo y el porqué. En definitiva, las eternas preguntas a las que todo periodista debe atender para honrar a su oficio.
Viaje a la aldea del crimen’ es la reedición que, de uno de esos libros, increíblemente orillados por la historia, ha hecho la editorial Libros del Asteroide. Editorial siempre dotada de un finísimo olfato para la edición de textos desconocidos para muchos, pero que, una vez leídos, se convierten ya en imprescindibles. Su autor, Ramón J. Sender, más conocido por sus novelas, nos deja aquí un impresionante relato periodístico realizado a través de varias crónicas enviadas desde el lugar de los hechos para ser publicadas en el diario La libertad y, posteriormente, tras recabar la información recopilada por la comisión parlamentaria y el juicio al capitán Rojas, publicar en 1934 el libro que ya presentaba ese mismo título.
Nos vemos en esta vida o en la otra’, es otra delicia periodística, editada por Planeta, y firmada por Manuel Jabois. ¡Qué les voy a contar yo de Manuel Jabois que no les haya contado ya en otras vidas, en otros hilos! Periodista enjaulado en esta casa y que ahora, con el horizonte infinito se mueve libre como el león en la sabana en diferentes direcciones. Televisión, radio, presentaciones literarias, columnas, reportajes. Pocos han sacudido el periodismo de opinión en los últimos tiempos como lo ha hecho Manuel Jabois, desde El Mundo primero, y ahora desde El País y la Cadena Ser. Pero aquí estamos ante otra de esas direcciones en la que la opinión se destierra, la literatura también, y es cuando surge el periodismo puro, sin artificios, ajeno a piruetas literarias. El simple placer de contar unos hechos, de aproximárselos al lector, y para ello elige los actos cometidos por uno de esos personajes tangenciales en los que nadie suele poner la mirada, siempre pendientes, como lo están muchos, de los nombres más espectaculares, las distracciones interesadas y los fuegos de lucería. La historia de Gabriel, el primer condenado por los atentados del 11-M y el único menor implicado, es una historia pegada a la piel morena de un joven aparentemente normal, atrapado por unas compañías que le llevaron a formar parte del transporte de explosivos a Madrid desde Asturias. Desde esa óptica Manuel Jabois relata, con la calculada distancia de la palabra, la historia que el propio protagonista le cuenta durante una entrevista. A sangre fría, el discurrir del libro te lleva a comprender cómo una vez que te dejas arrastrar por cierta corriente es complicado salir de ella y ya sólo queda intentar no irse al fondo, no naufragar por completo, cuando ya todo son vías de agua.
Al leer la crónica de Casas Viejas, escrita más de ochenta años antes que el texto de Manuel Jabois, sorprende cómo el lenguaje empleado por Ramón J. Sender es igualmente sintético, de una fría destreza narrativa que permite aproximarse a todo lo que desembocó en aquella matanza. El territorio andaluz, la situación política, la miseria de un pueblo... Les aseguro que tiene algo mágico leer ambos libros al mismo tiempo o, por lo menos, seguidos entre sí. Como si el periodismo no hubiese pasado de moda y el ancestral rito de contar lo que sucede en la comunidad perviviese desde la humildad narrativa para no distraernos, para acercarnos una noticia que no es solo una, sino muchas. La virtud de ambos textos y de sus autores es la de visualizar ante el lector ese complejo encasillado de plomo y dolor e intentar vertebrar las causas de algo que nunca responde a una única razón.
Ramón J. Sender y Manuel Jabois nos presentan la prueba evidente de la necesidad del periodismo en cada momento de nuestra historia, como un asidero al que sujetarnos cuando las dudas se convierten en una sombra permanente sobre los hechos. El peso de las palabras disipa las nieblas y a nosotros nos hace más libres, más humanos.  



Publicado en Diario de Pontevedra. 7/05/2016
Fotografía. Rafa Fariña

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