domingo, 12 de julio de 2015

Orson Welles. A-Z

Encerrado en un libro/II


Se llena este año de conmemoraciones en torno a uno de los más absolutos genios del siglo XX, Orson Welles. Cien años de su nacimiento o cincuenta del rodaje en España de su película ‘Campanadas a medianoche’, son solo algunos de ellos. Celebraciones que han traído consigo un caudal de publicaciones alrededor de su figura. Memorias, reediciones, entrevistas o análisis de su figura y obra, junto con la ‘casual’ aparición de sus propias memorias autógrafas o el anunciado estreno para finales de este año de una de sus películas nunca vista en una pantalla, ‘Al otro lado del viento’, han colocado al director de nuevo en el punto de mira, no solo de cinéfilos, sino también de aquellos que entienden que su figura traspasa el territorio del cine y lo convierten en un personaje esencial del pasado siglo.

Si siempre es complicado elegir el título  de uno de esos libros entre los diferentes publicados en estos meses: ‘Mis almuerzos con Orson Welles’, ‘Ciudadano Welles. Conversaciones con Peter Bogdanovich’, o ‘Mr. Arkadin’, escrito por el propio director, en esta ocasión me decantaré por ‘El universo de Orson Welles’ que la editorial Notorius ha publicado conmemorando la efeméride de su nacimiento, y lo hago por lo diverso y heterogéneo de lo que allí se escribe por parte de alguna de las miradas cinematográficas más interesantes de nuestro país, y además, por que entre esas miradas tenemos a un pontevedrés, Diego Moldes, con tres extraordinarios artículos llenos de personalidad y audacia, sobre todo el referido a ‘Ciudadano Kane’ (empresa, ahí es nada, que recayó sobre sus espaldas). Además, el libro, como todos los de este sello editorial, llama la atención por otra cuestión no menor, como es lo cuidado de la edición, una gozada que te hace acariciar sus páginas, no solo con la vista, sino también con la palma de la mano, y no les digo nada cuando entre esas imágenes asoma la que fue su esposa, Rita Hayworth.
Todo un itinerario que compagina entradas por orden alfabético sobre sus películas o participaciones como actor, pero también con comentarios sobre elementos particulares y definitorios de su cine, así como de sus colaboradores o actores y actrices más habituales. Poco queda por explorar en este volumen de un director que es un gigante en sí mismo, un renovador del lenguaje cinematográfico, como hiciera David Wark Griffith en su tiempo, y que siempre tuvo presente esa vocación de crear desde el lenguaje visual y narrativo, lo que le llevó con ‘Fraude’, otra de sus obras maestras, a intentar abrir nuevos caminos de expresión.
También es importante el que a lo largo de estas páginas el lector no tenga la sensación de estar ante un tratado académico, sino que el lenguaje que se descuelga entre los planos del director es lo suficientemente accesible para el que intenta hacerse una composición de ese enorme talento y de las muchas dificultades que tuvo, el que podría ser el primer outsider de la dirección cinematográfica, siempre en un desafío permanente con las directrices de los dominadores estudios de Hollywood, para plasmar en imágenes ese talento. En esa búsqueda de la libertad y autonomía que siempre caracterizó su obra España se convirtió en una especie de refugio, un lugar de tránsito en el que buscar amparo y cargar las pilas para pelearse en sus proyectos futuros con estudios y productores, siendo  en una de esas estancias en la que dirigió otra de esas grandes obras maestras que dejó para la historia del cine y que a él lo encumbraron como a uno de los mejores directores de la historia del cine. Su título, ‘Campanadas a medianoche’, dirigida en 1965, en diferentes localizaciones históricas en nuestro territorio y reaprovechando vestuario y decorados de otros rodajes. Pero todo ello, todos estos, a priori, inconvenientes, no vienen sino a azuzar el ingenio de quien tuvo a esta película entre sus favoritas, quizás, porque como ninguna otra, y eso que en todo su cine el devenir shakesperiano está siempre muy presente, se plantea su relación con todo el universo del dramaturgo británico. Aquí, en un ejercicio titánico, condensa partes de ‘Ricardo II’, ‘Enrique IV’, ‘Enrique V’ y ‘Las alegres comadres de Windsor’. Elementos como la ambición, el poder, la amistad, la traición o el envejececimiento del ser humano se redimensionan desde la óptica wellesiana para ofrecer una película llena de belleza y lirismo, alejada del barroquismo que inunda la práctica totalidad de sus películas pero que aquí, premeditadamente, Orson Welles deja a un lado, para revelarse como un Falstaff lleno de verdad y cargado de las miserias humanas, pero también de sus grandezas. Quizás había llegado el tiempo de mirar hacia sí mismo. De intentar explicar que bajo ese corpachón y esa mente brillante y admirada por tantos, aunque no siempre comprendida por muchos, simplemente había un ser humano, y para ello, para explicarlo, nada mejor que hacerlo de la mano de quien mejor abordó lo que es el hombre: William Shakespeare.
‘Campanadas a Medianoche’ recibió al año siguiente el Premio del Aniversario en Cannes, ligó a Welles con la cultura española que siempre admiró y gozó, y nos dejó imágenes de su rodaje tan fascinantes como la de un Falstaff despanzurrado tras la cámara, izado por el aire y con un puro en la mano. Encuentro esa fotografía en el archivo de este periódico con una fecha, una pista que seguir y que me lleva a un artículo sobre el auge de rodajes internacionales en la España de 1965. Pero mi mirada se dirige a un aviso en la parte inferior de una página del 11 de octubre de 1966 anunciando, «¡¡¡Por fin!!!», el estreno en el Teatro Cine Malvar de una película, su título: ‘Ciudadano Kane’.


Publicado en Diario de Pontevedra 11/07/2015
Fotografía. Orson Welles durante el rodaje de 'Campanadas a medianoche' (1965). Archivo Diario de Pontevedra.

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