domingo, 15 de febrero de 2015

Chispazos de vida


Una enorme oda a la literatura es en lo que se convierten las páginas de este libro ‘Las letras entornadas’ de Fernando Aramburu. A esas letras es a las que recurre el autor para fijar los diferentes hitos de su vida, momentos en los cuales los libros han estado siempre muy presentes. Emociones contenidas que se desbordan desde los primeros instantes al referirse a su infancia, a lo que podían pensar sus padres de un vasco que recitaba versos en alto en su habitación y que sentía desde tan joven que la literatura, escribir libros y ganarse la vida con ello, sería un sueño que cumplir. Ese sueño se cumplió, muy adelante en el tiempo, con cincuenta años y desde la Alemania a la que se fue a vivir para cumplir algo que también tenía ya muy claro desde la adolescencia, «el deseo de no vivir donde nací».
Esa literatura es también parte de un gozoso banquete. Todo aquello que nos genera placer tiene un algo de festín, de disfrute del placer. A ese festín es al que nos invita el autor con una estructura que hace del libro una especie de dietario de lo vivido y lo leído, también de lo sentido, y en donde la literatura funciona como la argamasa que engrasa esos tres círculos concéntricos con el autor en el centro y a los que solo les falta un elemento para ser perfecto: un buen vino. Así es como cada uno de los capítulos se inicia con una presentación que se manifiesta como una conversación entre el autor y un Viejo, así es como se refiere a él, propietario de una extraordinaria bodega de la que surge una o alguna botella más que beber como aliciente para la conversación sobre aspectos vinculados a los libros.
Esas conversaciones dan pie a que Fernando Aramburu traiga hasta esa habitación textos escritos por él desde los que analizar o reflexionar de una manera más que amena sobre obras, autores o experiencias vitales inmersas en lo literario, muchas de ellas profundamente emotivas, como las surgidas de ese prematuro amor por la literatura, la compra de libros disponiendo de escasos recursos, el descubrimiento de ciertas lecturas escolares o el mundo del terrorismo de ETA acosando a libreros y efectuando crímenes en un tiempo no tan lejano. De esta manera se va componiendo un itinerario vital repleto de chispazos que van a lograr que el lector, sobre todo aquel que sienta esa proximidad con sus universos literarios propuestos, sienta esa corriente y note la sacudida, más todavía si confluye en alguno de los gustos que el propio autor manifiesta.
De esas diserciones y conversaciones con el amparo literario emerge la personalidad del escritor, y una concepción humanística de la existencia que tiene en la literatura un germen de placer y satisfacción, que no debe quedar en algo solitario, de ahí, quizás, la necesidad de este libro para evitar que la literatura, como el vino solitario, corroa nuestra alma.




Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 15/02/2014

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