jueves, 30 de octubre de 2014

De las cenizas a la red

Rue Saint-Antoine nº 170
La puesta en marcha de una página web dedicada al pintor pontevedrés Leopoldo Nóvoa (Salcedo, 1919-Nogent-Sur-Marne, 2012) pone en circulación y al alcance de todos su prodigiosa obra y un amplio número de materiales que permiten conocer de una manera más intensa su singular universo creativo. 


DESTRUCCIÓN, dolor, cenizas. Pero también belleza, esfuerzo, creatividad, compromiso… todo eso y mucho más se citó en una noche de 1979 en esa dirección parisina del Faubourge Saint-Antoine nº 170. Allí, en una buhardilla que servía de estudio, se guardaba la obra de Leopoldo Nóvoa, el trabajo de décadas de experimentación y aproximación a un territorio, el de la pintura, que uno nunca puede dar por conquistado de manera definitiva. Aquella hoguera impertinente que asoló el estudio del pintor pontevedrés dejó un rastro de decepción materializado en cenizas. Rescoldos de la frustración. Lejos del abatimiento, el paso de las horas y la lucidez de un genio, incluso en los peores momentos, convirtieron a esas cenizas en simiente para el futuro, en la base de un proyecto creativo sin parangón y que confirmaba a Leopoldo Nóvoa a la cabeza de los discursos plásticos de la pintura mundial. Reinventarse ante la adversidad fue la gran apuesta artística del pintor. Las cenizas se almacenaron en botes, sacos, en los más dispares recipientes, para de allí pasar a formar parte de nuevos lienzos, de otras aventuras por ese territorio de la poesía y la imaginación que Leopoldo Nóvoa convirtió en un abismo de experimentaciones.
Es entonces cuando sus cuadros se vuelven materia, geografías incómodas al tacto, pero terciopelo a la vista de un espectador incansable de recorrer esos universos de huecos, elevaciones, fragmentos, signos y huellas. Muchas huellas como reflejo de lo vivido, pero sobre todo, de lo soñado.
Leopoldo Nóvoa falleció el 23 de febrero de 2012. Tiempo suficiente para que desde las diferentes administraciones, piensen ustedes en la que quieran, tenemos de sobra, se avanzase en la creación de algún organismo o institución que velase por su estudio, por el trabajo de investigación y exploración de todo ese ingente trabajo que llevó el nombre de Galicia desde el Cono Sur hasta París, y que lo puso en boca de personajes tan extraordinarios como Julio Cortázar o Juan Carlos Onetti, por abreviar. Pero nada de nada. Ahí el incendio permanece y el fuego del olvido sigue vivo entre quienes podrían convertir a Galicia, y porque no, a su Pontevedra natal, en ese espacio para la reflexión sobre su obra, amenazando con ser cenizas flotando en el viento de la desmemoria.
Quizás, como respuesta ante esa inacción, es de la que nace esta interesante iniciativa de su viuda, Susana Carlson, gestionada por Rosario Sarmiento, para poner en orden desde el mundo virtual ese otro mundo de cenizas surgidas de la desgracia. Una página web (www.leopoldonovoa.com) en la que podemos rastrear una buena parte de su obra y vida, conformándose a su vez como un lugar de encuentro de aquellas personas que escriben o han escrito sobre su figura. Esos apartados irán creciendo y aumentando en sus contenidos para mantener con vida esa otra vida eterna que va, desde el nacimiento en Salcedo a la infancia en Raxó, los inicios sudamericanos, la madurez parisina y los retiros en Armenteira. Latitudes que, de una u otra manera, se posan en sus cuadros en la generación de una obra tan singular como potente en su expresión. Polvo de la memoria afianzada de cara al futuro al sedimentar en el lienzo. Nueva patria que se vuelve esperanza o, valiéndonos de las palabras del poeta José Ángel Valente: «... Aunque sea ceniza cuanto tengo/hasta ahora,/cuanto se me ha tendido a modo/de esperanza». Versos de otro gallego para un pintor de poesías. Pocos artistas plásticos han generado con su pintura un lugar para la poesía más contumaz que Leopoldo Nóvoa. Esos ecosistemas, alejados de la figura humana, son campo abonado para la introspección y el compromiso, la sensibilidad derrochada entre alambres y cerámicas, fragmentos vitales y huecos infinitos, geometrías esbozadas que se detonan a sí mismas incapaces de entender su magnitud y  una espacialidad que te engulle. Una pintura que te atrapa y cautiva como una fuerza más para multiplicar ese territorio telúrico y universal, complejo y sencillo. La lucha que genera la vida.
Cada vez más seguro de su fortaleza como creador me instalo en la memoria de ese atelier, un ocupa en la guarida de ilusiones y horas apiladas de pasiones para hacer mía esa dirección que me servirá a partir de hoy, en sucesivas publicaciones, para rastrear nuevos proyectos artísticos, experiencias creativas en los más diversos ámbitos artísticos, desde el cine a la música, desde la pintura a la literatura, la fotografía o la arquitectura. Valga esa imagen del fuego redentor, de la luz que emerge de la oscuridad para plantear diferentes itinerarios por todo lo que el arte es capaz de producir y provocar. Estamos en el número 170 de la rue Saint-Antoine.


Publicado en Diario de Pontevedra 27/10/2014
Fotografía: Leopoldo Nóvoa en una inauguración en la antigua sala de exposiciones de Caja Madrid en Pontevedra (1995). Rafa Fariña

martes, 28 de octubre de 2014

Un país en pelotas


Ajustar cuentas con nosotros mismos y con esta sociedad en la que hemos caído en los últimos años como en un pozo negro, con cada vez más pestilencias, cada vez mas abyecciones, cada vez más miserias de un hombre que, cuando entra en barrena es capaz de descender un metro más por ese pozo por mucho que se tape la nariz.
La tercera novela de Juan Urbano, profesor y escritor al que Benjamín Prado ha encomendado la tarea de recorrer las últimas décadas de este país, nos coloca en nuestro hoy, o por lo menos en el ayer más inmediato. Un personaje que se verá envuelto, o mejor dicho, arrastrado por esta sociedad oradada por la corrupción, los pelotazos y los millones de euros flotando por el aire, y que siempre, curiosamente, caen en los bolsillos de los mismos.
Llego a este libro con retraso, ya que, publicado el pasado año, no había reparado en él. El verano, como para tantas cosas, también es tiempo para ajustar muchas cuentas. Deuda saldada, entonces. Pero leer la última novela de Benjamín Prado, con estos meses por medio, también te ofrece una nueva perspectiva sobre el libro, pero más aún sobre nuestra sociedad. ¿Acaso no era un ingrediente sublime para esta novela esas tarjetas negras que consumían miles y miles de euros en lencería, clubes, vinos y demás francachelas? eso sí, todavía estamos esperando el primer asiento contable referido a una librería. Ni la audaz mente de su autor hubiera reparado en esos agujeros propiciados por gentes de honorabilidad manifiesta y de la que no había por que dudar. Pero esto es precisamente el gran mal que deja tras de sí esta crisis, la duda eterna, el darnos cuenta de que nada es lo que parece, que los decorados que muchos colocaron a su alrededor, y que parecían firmes y estables, poco a poco se van cayendo, dejando en pelotas a un país en el que ya nada será igual.
Juan Urbano se encontrará de bruces con mucho de eso a la hora de aceptar un encargo para escribir la biografía de uno de estos tiburones  alimentados por la opulencia de los noventa. Ese personaje, azorado por su propio destino, con relatos imposibles de rematar y en medio de una tormenta emocional se ve empujado a escribir un libro que será, a raíz de los diferentes acontecimientos que se van sucediendo, el que vaya marcando esta narración y el devenir de Juan Urbano. La literatura se salpica de reflexiones sobre la España de estos últimos tiempos, frases que quedan suspendidas entre la narración y que tras ese impulso poético, siempre presente en la escritura de Benjamín Prado, se convierten en minas a punto de explotar para dinamitar conductas, pero sobre todo, nuestras conciencias, adormecidas hasta el brutal sobresalto.





Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 26/10/2014

lunes, 27 de octubre de 2014

A Corporación represaliada do 36

A Corporación Municipal de Pontevedra que exerceu o seu labor no tempo da II República, entre febreiro e xullo de 1936, rematou cando a sublevación militar levou por diante non só un sistema político democráticamente elixido polo pobo, senón a vida de moitas persoas, de moitas familias esnaquizadas no máis fondo da súa alma.



Non son bos tempos para o acordo entre os diferentes grupos políticos tantas veces afastados da realidade, da memoria dun pobo, e mergullados na cegadora procura de votos. Por iso é salientable o acordo por unanimidade rexistrado no último pleno do Concello de Pontevedra, no que, entre as diferentes liortas xa habituais, emerxeu un facho de honradez e honorabilidade. Unha luz que viña a alumear a aqueles escurecidos pola sinrazón do home e a  fratricida pelexa entre os que ata unhas poucas horas antes eran simplemente veciños.
Ese acordo municipal xuntou ao Partido Popular, Partido Socialista e a concelleira non adscrita, María Biempica, co BNG, na moción presentada por este partido para a restitución simbólica e a realización dunha homenaxe á Corporación Municipal e aos funcionarios do Concello de Pontevedra represaliados e destituidos como consecuencia do levantamento militar de xullo de 1936. Aplausos e loanzas a todos eles, así se fai un pobo, co recoñecemento sen miopías a un dos feitos más noxentos da nosa historia local.
Aquela Corporación que foi derrubada polas armas fora a elixida democráticamente polo pobo composta por unha diversidade de partidos que viña a visibilizar a efervescencia política daqueles anos da República que moitos non puideron aturar. Ese acto de rebelión colocou no lugar de todos eles a unha corporación antidemocrática, xurdida do ruido de sables e allea a vontade popular. O pior foi o que veu despois, o rastro de vileza a través da persecución e a represión violenta. Foi o tempo do medo e dos silencios esnaquizados polos estouridos ás ribeiras do Lérez ou dende as ladeiras de A Caeira en forma de disparos que enchían a sempre apacible atmosfera pontevedresa de arrepiantes sons tras os cales só as bágoas ás agachadas eran quen de amosar a repulsa e indignación polo que acontecía.
As eleccións de febreiro de 1936 repuxeron no seu lugar a unha corporación que fora substituída por una comisión xestora tras os feitos revolucionarios de 1934, como ben apunta Xosé Álvarez Castro no seu libro ‘Pontevedra nos anos do medo (Xerais, 2013). Estes feitos viñan a evidenciar as moitas tensións vividas en todo o Estado durante os anos previos ó alzamento militar, unha clima que facía presaxiar o pior, que foi o que ao final sucedeu. Eses tempos acubillaron no interior de moitas persoas sentimientos e desexos xurdidos da frustración e dun odio que derivou nese mes de xullo tráxico. Aquela coporación do 1936 que Xosé Álvarez Castro, e seguindo a prensa do momento, a resumía en 19 concelleiros, antimonárquicos, 7 monárquicos e 1 independente conformábase dentro desa xeneralidade con membros dos partidos republicanos, socialistas, obreiro-agrarios e entre os seus nomes os do alcalde, Bibiano Fernández-Osorio Tafall; o primeiro tenente de alcalde, Manuel García Filgueira, quen por ausencia do primeiro exercía naqueles días de alcalde; Francisco Tilve Rodríguez, segundo tenente de alcalde; Felipe Aparicio Díaz, terceiro tenente de alcalde; Marcelino Candendo Paz, cuarto tenente de alcalde; Manuel Gama Casalderrey, quinto tenente de alcalde e o síndico, Manuel Lorán Montes. Fuxidos, escondidos, multados e embargados os seus bens ou asasinados como os casos de José Acuña Gallego, detido e asasinado en Ponte Sampaio, ou Alberto Martínez Tiscar, asasinado en Bueu e fondeado na Ría de Pontevedra. Eles eran membros desa corporación, pero ao seu carón tamén houbo compañeiros que, formando parte dela, formaron parte desa mesma represión. Eles seguirán no esquecemento.
Pero non só foron cargos políticos os que tiveron que someterse a esa faciana escura, senón que moitos funcionarios do Concello tamén estiveron inmersos en diversos procesos. Xardiñeiros, barrendeiros, gardas, músicos e ata o coñecido arquitecto Emilio Quiroga, viron como a súa carreira freouse en seco e nalgúns casos a súa propia vida foi a que rematou, coma nos casos de Dionisio González Pérez, subcabo da policía local, ou Juan Milleiro, auxiliar de oficina ou o músico da Banda Municipal, Raimundo Rodríguez.
Dende o pasado luns estes nomes esquecidos voltarán a estar entre nós co gallo da homenaxe que se lle renderá como parte dun exercicio de xustiza. Ao longo do mes de novembro, mes no que a memoria de Pontevedra sempre lembra aos axusticiados o 12 de novembro de 1936, terán lugar diferentes actos para achegarse a aqueles feitos.
Non só serán os nomes dos aquí citados senón que hai moitos máis dos que coñeceremos a súa afouteza nas horas do horror, aquelas que quedaron sumidas no tempo como unhas páxinas nunca recollidas e visitadas polos que nos antecederon, pese a estar perfectamente recollidas nas actas do Concello de Pontevedra, o que amosa a podremia daquela terrible e eficaz represión xurdida dende o medo que se prolongou no tempo pero que agora ten, por fin, o tempo que merece.


Publicado en Diario de Pontevedra 26/10/2014
Imaxe: O alcalde de Pontevedra en 1936 Bibiano Fernández-Osorio Tafall (foto cedida pola súa filla Carmen Fernández Arruti)

domingo, 26 de octubre de 2014

A tempestade




«Rachade o encantamento co voso cálido aplauso e con xeneroso alento axudade ó meu veleiro ou fracasa o meu intento, que só era agradar.» 
(Fragmento do epílogo de ‘A Tempestade’ de William Shakespeare) 

Na abisal profundidade dos ollos de Hugo Torres afúndese a tempestade xenerada polo inesgotable talento de William Shakespeare. O Próspero que argallou a compañía Voadora emerxe da afouteza e a imaxinación á hora de facer teatro, pero sobre todo, ante o estrondo que supón enfrontarse cun texto emblemático no universo teatral. Non se arreda esta xente de Voadora á hora de facer o seu traballo, compoñéndose como un dos alicerces máis brilantes da nosa cultura, ao ser quen de abraiarnos montaxe tras montaxe. Sempre cun paso máis, sempre cunha aposta cara adiante sobre as táboas. 
Este novo Shakespeare é fascinante converténdose nas súas case dúas horas de duración nun tormento para a mandíbula ao estar todo ese tempo coa boca aberta ante o que acontece. Un pasouse os últimos días relendo o texto orixinal e cavilando cómo lle meterían o dente a esta historia de traizóns, trasnos, feitizos e loitas de poder e facelo como adoitan facelo eles, cunha achega novedosa. Pois non tardaron moito en confirmar as expectativas e, dende a saída á escena do Pazo da Cultura, o pasado xoves, de Próspero, un xa queda enfeitizado polos trasnos burlóns que bulen ao longo da obra. Todo un prodixio escénico que sorprende pola posta en escena, a capacidade de imaxinar e fabular a partires dun texto orixinal que semella pechado dende a contundencia e o mito shakesperiano pero ao que a intelixente e a cativadora adaptación da directora da obra, a pontevedresa Marta Pazos, non fai máis que alentala para que medre dende a mirada do noso tempo, cun conxunto de actos que se enguedellan entre si dende unha potencia visual feita con non demasiados elementos pero que funcionan de xeito marabilloso e sen botar en falla grandes atrezos. Iso é o poder do maxín. 
Nesas pasaxes inclúense elementos xa esenciais e definidores do traballo de Voadora. O humor, a música, o xogo entre o exterior e o interior da escena disolvendo esa parede invisible que moitas veces afasta ao público do que acontece tan só uns metros diante súa e todo iso mantendo un traballado equilibrio entre o texto clásico e a nova visión proposta. Un mar embravecido, o da linguaxe do autor inglés, do que se sae con bo tino e que se un despois de presenciala obra acode ao texto orixinal recoñece o respecto a el, así como o traballo de adaptación a todo o universo propio proposto dende a compañía. 
Pero tamén, e dun xeito explícito, ademais do que vai acontecendo ao longo da obra, o mesmo teatro está en discusión. Nomear textos sobre a súa metodoloxía ou o traballo dese Próspero director teatral e tamén meter a man no que é a xénese do teatro, plantexando dúbidas e preguntas sobre as súas posibilidades. As canles, á vista está, son infinitas, só depende de quen as poña en valor. Adoitase a dicir que a forza dun creador reside non no que se conta senón no cómo se conta aquilo que lle interesa compartir co seu público. Acontece na pintura, no cinema, e como non, tamén no teatro. As eternas propostas de Shakespeare xa están inscritas no noso imaxinario colectivo, a riqueza de achegarse a elas é o de propoñer algo novidoso e que permita seguir a exploración das súas posibilidades. Como esa illa á que chegan os protagonistas de ‘A tempestade’, a illa que supón Shakespeare no teatro respira cos novos aires dende este revisión inxerida no hoxe e capaz de conectar cun público que ante o texto orixinal sentiríase ben afastado. 
Voadora segue deste xeito voando coas súas obras, argallando imaxinativas apostas que a levaron en pouco tempo a ter un oco senlleiro no teatro que en Galicia leva tempo dando mostra de boa saúde, sempre máis polo bo facer das compañías que polos apoios que adoitan recibir, pero xa se di que o principal apoio ten que ser o do público, e Voadora aí ten un punto forte, a conexión con moita xente xoven que eles foron quen de meter nunha sala de teatro. 
Próspero remata fora da escena con ese monumental epílogo xa baleiro de espíritos reclamando o ‘cálido aplauso’ e o ‘xeneroso alento’. De ambas cousas se levou a moreas de Pontevedra.






Publicado en Diario de Pontevedra 25/10/2014
Fotografía: Rafa Fariña

martes, 21 de octubre de 2014

Palabra de Oroza

En unas horas el poeta Carlos Oroza recibirá en Madrid la Medalla de Oro del Círculo de las Bellas Artes. Me imagino que se sentirá como un pajarillo enjaulado durante unos minutos.....Recupero aquí una de las experiencias más poderosas que, desde que me muevo por los vericuetos del arte, recuerdo con más intensidad. Un recital suyo en las ruinas de Santo Domingo en Pontevedra, esa Pontevedra a la que tantas veces viene a caminar...a disfrutar y a gozar de esta ciudad hecha para el goce....

Palabra de Oroza
Alquimista de la palabra. Poeta de la imaginación. Inventor de imágenes, pero antes, siempre antes, fue la palabra. Yo no entiendo de movimientos beat o de generaciones underground, pero sí que entiendo, como entendemos todos, de emociones, de pálpitos que te golpean lentamente y son capaces de trasladarte a otra esfera. A la esfera de la pureza, de la verdad y también de la trascendencia. Hasta allí nos condujo el pasado jueves Carlos Oroza en las ruinas de Santo Domingo, entre luces que se enfrentaban con la noche y piedras inmortales que, como sus propias palabras, adquieren con el tiempo ese carácter inmanente que convierte lo fugaz en eterno, lo liviano en sólido, lo trivial en esencial. Esa es la patria del poeta y Carlos Oroza ha conquistado hace tiempo la bandera de la eternidad, su ‘iconoclastia’ y su rebeldía han forjado ya una leyenda de nuestra poesía, pero sobre todo han hecho que la palabra subsista y emerja con la fuerza de la que tantos la han desposeído durante sus estériles discursos y su vacuos parlamentos, amparados por una sociedad cada vez más enemiga de las palabras. Carlos Oroza se debe a la palabra y la palabra le debe mucho a él, ambos son un binomio indisoluble, una argamasa que mientras siga existiendo permitirá que sigamos soñando con la libertad, con la eterna revolución, como eterna es su palabra.
Diario de Pontevedra, agosto de 2008

21/10/2014

lunes, 20 de octubre de 2014

Una frase, una cascada



Qué alegría supone siempre descubrir a un escritor que te consigue emocionar. Un autor desconocido, por lo menos para el que esto suscribe, lleno de recursos para que los sentimientos se entremezclen con la buena literatura, algo que no siempre es fácil, sobre todo si no se acude a caminos efectistas.
Dicen de él que su gran novela fue la anterior. Que leer ‘La hora violeta’ es un paso imprescindible para conocer a Sergio del Molino y su literatura, colmada de adjetivaciones beatíficas por parte de importantes escritores. Yo hoy les hablaré de ‘Lo que a nadie le importa’, una novela que, en su presentación pública llevará al autor durante esta semana a Santiago de Compostela, el martes 21, y a Pontevedra el miércoles 22 para, en la librería Cronopios de cada una de esas ciudades, mostrar su universo literario y personal. Acudan, que no se arrepentirán.
Hacía tiempo que unas páginas no me sacudían tanto como sucede con las primeras páginas de este libro. Medido y conciso el autor te mete de lleno en la vida de una persona contada a través de su nieto y todo a partir de una frase pronunciada momentos antes de su muerte ante toda su familia, y dirigida a su mujer: «Calla, que de ti no quiero ni que me cierres los ojos». Una frase, una cascada. A partir de ahí la búsqueda de explicaciones a todo lo que se encierra tras esas palabras aceradas.  Es entonces cuando su nieto escarba en la memoria de su abuelo, en los recuerdos que le ha ido contando en mayor o menor medida para intentar establecer un mapa vital que explique ese momento final. Devenir desde el que el  autor describirá de una manera sorprendente por lo estudiado del asunto episodios militares de la Guerra Civil, definiendo parte de ese paisaje humano y vital de este país, en las décadas centrales del siglo XX, al cual se acudirá también gracias al su posterior trabajo de dependiente de El Corte Inglés.
Muchos silencios, personales y colectivos, van jalonando las diferentes estaciones de ese viaje con olor a after shave y cartillas de racionamiento, combinados con el ruido del lenguaje de Sergio del Molino. Encabritado, veloz, pletórico de fuerzas que luchan entre sí para generar un dinamismo que te seduce desde esas afrancesadas primeras páginas, ya inolvidables para un servidor. Un relato que juega a ser muchos relatos, novela, memoria, ensayo... todo ello en ebullición es este libro apasionado y apasionante en el que nos encontramos latigazos como este: «Vomitó la parte del miedo que aún no había digerido. Volvió a sudar. Volvió a sentir. La mortalidad le atravesó el cuerpo como una fiebre. Se llevó una mano al bolsillo de la camisa para asegurarse que el tabaco seguía allí. El tabaco como prueba de vida. Solo se robaba a los muertos, nadie le quitaba el tabaco a un herido». 


Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 19/10/2014

domingo, 19 de octubre de 2014

Praza




Chove na praza. Chove na Ferraría. Chove na alma de Pontevedra. A xente atravesa axiña ese espello de pedra. As pombas nos seus refuxios. Unha muller empuxa o carriño do seu neno, chega tarde á gardería. O castañeiro trae uns sacos de castañas a esa locomotora na que hoxe non soa a campana. Un trebón tras outro deixa na súa pel esa pátina de humidade que tan ben lle senta a esta cidade. 
Dende o incomparable miradoiro do Savoy toda a praza ten o aspecto dun soño, un instante a piques de esvaecerse na nosa memoria axudado polo neboeiro da mañá. Non é hora de reunións entre familias, ni de encontros entre amigos, ou de noivos que se bican aínda de xeito tímido, tampouco de cativos brincando, é a hora da intimidade desta praza na que latexa acotío a vida de Pontevedra. Os camelios aínda agardan a que a cor se pouse nas súas polas, do mesmo xeito cos bancos esperan pacentes por eses maiores. Nos seus ollos reflíctese a vida da praza dende ben lonxe. Nin sequera se escoita o bulir deses inquilinos cos que a vida non foi moi agradecida. Todos eles son parte da existencia da praza, cada un deses grupos son coma pinceladas que compoñen unha paisaxe incrustada xa no interior de todos nós. 
Así século tras século. Pegada tras pegada. Non é fácil resumir todo ese tempo. Non é sinxelo explicar o que supón a Ferraría para Pontevedra, é como se un sentise vergonza de falar dun mesmo. Porque falar da Ferraría é falar de cada un de nós. Segue a chover e unha muller aguanta o ballón para ollar en fite, baixo o seu paraugas, a esa maqueta na que se amosa como era a Ferraría antes de nós. Pouco despois outro home fai unha parada ante un deses paneis que forman parte dunha exposición que, de xeito intelixente, achega esa contorna ao cidadán, ao paseante que, aínda coa forte chuvia, séntese atraído por esas composicións. Enrique Sotelo, arquiveiro do concello de Pontevedra é unha desas persoas que, dende o silencio e o anonimato do seu traballo, compoñen un sustento imprescindible para toda a cidade, el foi quen de afrontar unha xigantesca tarefa, é o fixo de inmellorable maneira, amosando todo o que houbo e hai arredor desa praza. Adicar uns minutos, aínda que chova, a percorrer eses murais é coñecernos a nós mesmos e sobre todo darnos conta do que supuxo esa praza ao longo do tempo. Dende ser praza de touros, esa actividade que moitos entenden como allea a estas terras, e aquí amósase apegada á cerna da cidade, ata ser o escenario de moitas das nosas celebracións comúns ao longo do ano. Aínda que a máis importante de todas elas é a de ser o acubillo para o noso día a día. 
Urbanismo, fontes, comercio, lecer.... todo iso é máis ten cabida nesta praza, unha patria que limita ao sur co Savoy ao Norte co Carabela e a praza da Estrela, ao leste co Convento de San Francisco e os xardíns de Casto Sampedro e ao Oeste con ese camiño de peregrinación a Compostela que esvara paseniño pola rúa Real ata a ponte do Burgo. Pero tamén as súas fronteiras as marcan aqueles que tanto tempo levan alí como ‘Clarita’‘A moda d’abaixo’, ‘El Pueblo’ e, a carón deles, os que estiveron e que prendidos co alfinete da memoria aínda semellan debuxar a súa sombra na praza: ‘Beledo’,María, Ángel ou Valentín. Lamberetadas, pipas e castañas que sementaron de ledicia a aqueles rapaces que hoxe vemos a praza aínda moitas veces con eses ollos. 
Eses murais divídense entre a praza de Ourense e o paseo de Antonio Odriozola, outra figura senlleira desta contorna. Camiñante eterno cara o Museo agora ese percorrido agarda confiado a chegada das súas amigas, unhas camelias que se pelexaban por darlle lustre á lapela da súa chaqueta. O seu son agóchase entre a chuvia, apoucada ela, agora, máis afastada do seu emprazamento orixinal, xoga coas burbullas da auga que sae dos seus canos. A fonte que deu de beber a quen pasaba ao seu carón e que aqueles valorosos homes da Sociedade Arqueolóxica rescataron da destrución para que Castelao a recuperase e a colocase preto dese rosetón, tamén seu, que loita coa luz e a escuridade para presidir ese recuncho a carón da praza. 
Limpo o bafo da ventá e ela segue aí, coas súas historias diminutas convertidas en xigantes ao longo do tempo. Só hai unha cousa que boto en falla e é esa noite coa que as farolas, tamén recuperadas do pasado, nos agasallan ao poñerse o sol. Unha riqueza máis en forma de estrelas e lúa que Teresa Casal se empeñou en que formaran parte dunha paisaxe, xa prodixiosa de seu que, agora, coa noite, xa é perfecta.


Publicado no Diario de Pontevedra 18/10/2014

lunes, 13 de octubre de 2014

14, la otra guerra



Con las letras francesas en pleno estado de júbilo por la concesión del premio Nobel a un extraordinario escritor, Patrick Modiano, otros autores, compatriotas suyo, echan cuentas de hasta cuando no podrán ellos acceder al olimpo de las letras suecas en base a esa calculada diversidad idiomática que se encuentra tras la concesión de estos galardones. Así es como autores tan importantes como Emmanuele Carrere o Jean Echenoz, con trayectorias más que merecedoras de dicho premio, ven como estes días como sus opciones se espesan en el tiempo.
Como se espesa la niebla a las orillas del Loira para envolver la patria de los protagonistas de la última obra del segundo de ellos. Jean Echenoz nos conduce a esa celebración centenaria que tiene lugar este año en recuerdo de la I Guerra Mundial, aquella guerra de 1914 en la que el mundo abrió los ojos a la barbarie conociendo una cruenta lucha que llenó Europa de horror y sobre todo de desesperanza. En ‘14’ Jean Echenoz crea otro paisaje de la desesperanza que convive, pero también se aleja, de los grandes escenarios bélicos. Éste mucho más íntimo, el compuesto por unos seres humanos envueltos en esa guerra de trincheras y mecánicas destructivas. Una intimidad que volverá su mirada a su hogar de origen, a ese mundo huérfano de sus hombres, en el que, sin embargo, la vida continuaba pendiente del exterior por el trágico hilo que unía a sus habitantes con los jóvenes enviados al frente.
La novela presenta a esa juventud cercenada en sus sueños e ilusiones por todo lo que supone una guerra que el autor lleva más que nunca a la piel y los sentimientos de los personajes. ¿Para qué detenerse en la descripción de batallas y escenarios que ya otros hicieron de manera inmejorable? Jean Echenoz busca al ser humano y su mirada trágica del destino. Los ojos de los cinco muchachos de una misma región enviados al frente, en especial los del protagonista Anthime, nos sirven para ver a nuestra altura todo aquel escenario del horror. Su fuerza es tal que no hace falta hablar de bombas para saber que la muerte ronda alrededor de cada uno de los soldados que responden como personas, no como héroes, a ese fatal paisaje.
Un destino, individual pero también generacional, a partir del cual el autor acomete un excelente relato que sorprende por esa capacidad para pellizcar la piel del lector ante un tema que podía parecernos alejado de aquello que pudiese convertirse en una emoción. Jean Echenoz vuelve a maravillarnos con su precisión, con su estilo limpio y sin distracciones, como ya hiciera en ‘Correr’, o ‘Me voy’, partes de una trayectoria que ojalá no tenga que esperar demasiado para formar parte del listado de premiados con el Nobel.

Publicado en El Progreso de Lugo y Diario de Pontevedra 12/10/2014

domingo, 12 de octubre de 2014

Espazo



Chega a miña amiga Cristina Prieto de Roma coa boca aínda aberta tras percorrer a capital italiana. Ateigada de belezas, de entre todas elas non deixa de falar da experiencia que significou entrar no Panteón. Cómo puideron facer iso?, non deixa de preguntarse un día tras outro. Eu intento facerlle chegar imaxes da súa posible construción e dunha conquista do espazo ata ese momento inimaxinable, ata o punto de converterse nun milagre arquitectónico que, aínda tantos séculos despois, segue abraiando a quen accede a ese cosmos entre máxico e divino. Esa é a gran achega da arquitectura, a de compoñer un espazo para ser vivido, para ser gozado, sentido, e tamén, como non, para ser lembrado coma ese ‘presente eterno’ que enunciara o historiador Sigfried Giedion
Penso en todo iso cando percorro a exposición que, sobre a obra do arquitecto César Portela, se amosa no foyer do Centro Cultural Afundación de Pontevedra que el mesmo deseñou, e alí, entre esas maquetas que responden a outros tantos proxectos, a outros tantos soños, a outras tantas realidades, síntome coma un emperador romano ante o proxecto urbanístico dunha especie de cidade ideal. Auditorios, estacións, illas, faros, casas, museos, cemiterios, universidades... colocarse ante esa escolma de maquetas é moito máis que achegarse a unha especie de pequena mirada sobre a realidade. Cada unha desas maquetas é a resposta a un proxecto longamente meditado e a súa plasmación final dun xeito tridimensional que, ao levantar a cabeza, vexo materializado nesa outra apoteose espacial que, coma no Panteón, ten lugar nese foyer onde o aire faise arquitectura. 
Nestes tempos nos que moitos arquitectos traballan dende unha condición espectacular do seu traballo, esquecendo a funcionalidade á que debe respostar esta disciplina artística e técnica, ver todos estes proxectos que alicerzan unha vida adicada a crear espazos, a facelos parte dunha comunidade que necesita deles como xeito de convivencia e mellora da sociedade na que se atopa inmersa, un entende mellor a importancia da arquitectura nas nosas vidas. Esa capacidade case divina que ten o arquitecto para xerar un lugar no que desenvolver as nosas vidas ten en César Portela un digno representante é, polo que nos toca, unha bandeira de orgullo que dende ás beiras do Lérez podemos axitar por todo o mundo. 
A idea de adicarlle a el o I Mermorial Sesmero, plantexada polo Ateneo de Pontevedra e materializada por esa mesma asociación cultural, a Concellería de Urbanismo e o Colexio de Arquitectos de Pontevedra ven a outorgarlle ao homenaxeado esa pátina que o tempo e as miserias humanas tantas veces lle negan aos nosos veciños, o recoñecemento da comunidade da que forma parte. Terceira pata da Trinidade arquitectónica pontevedresa, xunto ao propio Alejandro Rodríguez-Sesmero e Alejandro de la Sota, Premio Nacional de Arquitectura e unha chea de proxectos sementados por todo o mundo, todo iso fala da súa importancia e tamén do descoñecido que, para moitos dos seus veciños é o seu labor. Moitos deles entran acotío no Mercado de Abastos, os seus fillos estudan na Facultade de Belas Artes ou van ao teatro nese mesmo Centro Cultural, descoñecendo quen foi a man que ideu todo iso ao tempo que se serven da súa arquitectura para que a vida lles sexa máis leve. 
O fillo do debuxante Agustín Portela, persoeiro da Pontevedra xa mítica do pasado século, camiñará hoxe pola súa vila amosando o seu traballo. Todos vostedes poden achegarse a ese roteiro que percorrerá as súas pegadas na cidade e entenderán moito dunha arte que necesita da vivencia humana para ter razón de ser. Verán o que fixo e ao mellor lles fala do máis fermoso, do que está por facer. El soña coa recuperación desas marxes dun Lérez que se converte en mar, que mestura auga doce e salgada nesa bocana da ría na que as Corvaceiras bican A Puntada en Poio. Un espazo idílico, cunha chea de posibilidades, que o home se empeña en esnaquizar con atrancos coma aparcamentos, autopistas, fábricas ou recheos no mar. Ogallá algún día teña a oportunidade de cumprir ese soño, que será o de toda Pontevedra. Como soñou en Córdoba ou en Valencia, cidades nas que afundiu a súa sensibilidade para compoñer obras das que se sente especialmente orgulloso pola sintonía acadada con aquelas xeografías e as súas xentes. Arquitecturas entendidas como apertas entre pobos que collen o mellor de cada un para volverse espazos cheos de vida. Espazos da alma dun arquitecto.

Publicado en Diario de Pontevedra 11/10/2014
Fotografía: David Freire

domingo, 5 de octubre de 2014

A inocencia da poesía


«Chamádeslle violencia á nosa paixón pola verdade». Como lle pode quedar o corpo a quen escribe isto, cando lle queda como lle queda a quen o le? A frase, extraída do derradeiro poema deste libro, sacude ao lector e deixa no ambiente a sensación de que a inocencia da poesía non é tal. Cando unha frase é quen de provocar ese efecto derrúbase, dende os seus mesmos alicerces, esa pretensión de moitos de facer da poesía un xogo declamatorio, con máis ou menos pretensións literarias, afundíndose no seu valor primixenio de esculcar na cerna do ser humano para amosar as súas miserias, os seus medos, as súas inquedanzas; pero tamén os seus desexos, as súas ambicións ou os seus soños.
Nesa lea quere poñer orde María do Cebreiro para o que escorrega polas páxinas de ‘Os inocentes’ un conxunto de poemas que pouco teñen de inocentes ao chantarse ante o home para amosarlle o material co que está modelado.
A pertenza a un mundo e a un tempo agroman no poemario para artellar todo este balizamento que, dende a linguaxe semella poñer ante nós un itinerario sentimental no que buscar refuxio, pero, sobre todo, atopar explicacións as dúbidas que acotío forman parte de nós. E forman parte para ben, xa que ese ronsel dubitativo é o que nos fai máis fortes cando somos quen de enfrontarnos as súas teimas acadando respostas. Respostas para as preguntas coas que María do Cebreiro madura a súa experiencia poética, xa cun fondo percorrido pese a súa idade, pero iso non a arreda para facer da vida o taboleiro da súa obra e o das nosas reflexións. «A vida consiste en gañar e en perder a aposta ao mesmo tempo», escribe. Pouco máis que dicir, entre a derrota e a vitoria nos movemos nun fío moi feble que se pode crebar ante calquera xiro da vida. O imprevisible é o que pode mudar todo, o que nun intre faga estourar, como castañas no lume, a este home ou esta muller, se antes non picaron na súa pel un burato para respirar o que acontece ao noso arredor.
A poesía permítelle a autora achegarse ao eu, evadíndose de todos eses aneis concéntricos que nos rodean e confunden ante o que é realmente importante, e que somos nós mesmos. Esa subxectividade prolóngase a cada un de nós nese desexo de facer da poesía un berce morno, pero o resultado, antolladizo el, decide ir por outro lado, ese no que a linguaxe marca o territorio dos sentimentos supeditados á afouteza da poesía para definir o seu propio terreo. Abofé que as intencións da autora foron outras, como atopar esa inocencia na que coido que nin ela mesma confiaba, sabedora como é de que linguaxe e forma, é dicir, a poesía, imponse como a hedra no valado para artellar a súa propia paisaxe, a que constrúe ante nós como unha beizón colectiva.



Publicado en Diario de Pontevedra e El Progreso de Lugo 5/10/2014

sábado, 4 de octubre de 2014

Paixóns




Sentir, vivir, palpar a cidade dende a paixón da arte é unha oportunidade que ao longo desta fin de semana teremos todos nós. Hoxe, decenas de pintores, máis ou menos avezados (iso pouco importa) converterán as rúas e prazas de Pontevedra no seu estudo, o lugar onde mudarán a realidade cos rodea, converténdose xa para sempre nunha obra de arte. Fiestras abertas á imaxinación nunha vila afeita a sentirse parte das obras de arte dos moitos pintores que se fixeron con ela, coas súas pedras, edificios, vistas ou monumentos na procura dunhas carreiras que converteron a esta cidade en berce da arte galega. 
Os participantes nesta II edición do Certame de Pintura Rápida Cidade de Pontevedra, que organiza o Rotary Club coa colaboración do Diario de Pontevedra, formarán parte non só dun proxecto artístico, senón tamén dunha iniciativa solidaria que tanta falla fai nestes tempos de negrura. Necesitamos, polo tanto, tubos de óleo cheos de ledicia, lenzos que berren dende a pintura que Pontevedra é solidaria e que se ela nos presta a súa beleza como motivo de inspiracións nós debemos devolverlle ese préstamo en forma de eternidade. Non dubiden nesta xornada en percorrer as nosas rúas, en gozar da cidade e asexen o traballo destes pintores, descubran como se constrúe un cadro, unha engaiolante experiencia que non é doado ver. 
E mañán complétase esta fin de semana cunha nova edición do programa chamado Faiponting, e iso que é? se preguntarán algúns. Pois unha experiencia dos sentidos que se practica ás beiras do Lérez coma canle de vida da que gozar. Atravesen as súas pontes e entre o Pazo da Cultura e a Illa das Esculturas pasen un día onde pintura, danza, teatro, música, obradoiros ou banda deseñada formen parte desta festa abeirada na cultura chea de infinitas posibilidades. Poucos espazos hai en Pontevedra, e non me fagan abrir o arco das distancias, para o goce como a Illa das Esculturas, un territorio recuperado a partir da arte coa presenza de doce escultores senlleiros da escultura na natureza con carácter internacional e aínda, inexplicablemente, non explotada de todo pola nosa cidade. Ao seu carón podemos sentir o seu valor tamén como inspiración para outros, como poden ser os diferentes traballos que numerosos representantes da cultura desenrolarán ao seu arredor, do mesmo xeito que farán ex compoñentes do Centro Coreográfico Galego reinterpretando cos seus movementos as pezas pictóricas que Dolores Gálvez e Belén Padrón amosan no Pazo da Cultura. Unha deliciosa achega que funde disciplinas artísticas e propón novas miradas a unha arte incapaz de esgotarse en si mesma, o que fala das súas posibilidades e da súa riqueza. 
Nesa beira do Lérez arte e natureza, goce e ledicia, converteranse en paixóns de domingo. Pola mañán ou pola tarde poderán atopar unha iniciativa que lles faga participar dunha das propostas máis interesantes e atractivas dos últimos anos na nosa vila, convertendo a súa paisaxe nunha paisaxe emocional para todos os que queiran ser parte dela. Teñen pontes para cruzar, ¡atrévanse! voltarán encantados e con gañas de voltar o vindeiro ano. 
Un sábado e un domingo para o bulir da arte. Unha cidade que faga da arte a súa bandeira estará sempre orgullosa de si mesma e será máis forte. Xa sei que moitos só pensan nas cifras económicas e nos índices do IBEX, e que está moi ben visto reducir todo ás cifras da economía, pero a vida nas cidades tamén ten neste tipo de iniciativas un síntoma de afouteza e de compromiso con ela mesma, ao mellor moito máis importante para afrontar as incertezas destes tempos. Dirán vostedes aquilo de «como se poñerme ante un cadro ou a escoitar un concerto me fose a dar de comer?» pois non, pero tampouco quedarse nun sofá na casa, ou laiándose dun mesmo, así que mellor alimentar o espírito e a alma. 
E como non hai dous sen tres hoxe se inaugura, estando aberto durante toda a semana, no Centro Cultural Afundación, vamos, o Café Moderno de toda a vida, o Outlet do Libro Galego, unha boa oportunidade de facerse con bos libros e a precios baixiños. 
Paixóns de todo tipo para vivir e para respirar, escollan a súa e participen desta chea de actividades que converten a Pontevedra naquel Parnaso que tanta graza lle facía ao amigo Jabois ou naquela pequena Atenas que bautizara Filgueira Valverde, gabándose dunha vila de cultura e para a cultura. A mellor forma de facer cidade, a mellor maneira de escorrentar ás nubes negras.

Publicado no Diario de Pontevedra 4/10/2014
Na imaxe un participante na edición deste ano