domingo, 31 de agosto de 2014

Sísifo


Castigado no Hades a subir unha montaña unha e outra vez cargado cunha gran pedra que, unha vez no alto rodaba ata o principio dese traxecto, Sísifo sufriu esa condea que, dende entón, serve para simbolizar aqueles esforzos humanos que derivan nun sen sentido.
Asistimos durante todo o verán (por aquelo de chamalo dalgunha maneira e para entendernos) a que un luns tras outro, polas páxinas deste xornal, desfilen as cifras que medían as cantidades de lixo que voluntarios e membros dese heroico colectivo chamadoVaipolorío, recuperaban nas mañáns dos domingos do cauce do río Gafos. Neste caso, esta acción, nunca valorada como se merece pola sociedade, non se converte nese sen sentido, senón que, pese a ser unha repetición do mito de Sísifo, o que ven a poñer en valor é a necesidade en toda comunidade dun grupo de xente que se sacrifique polos demais para que todo funcione da mellor maneira posible.
Domingo tras domingo, mentres nós facíamos plans para fuxir da cidade e pasar un día na praia, no campo, facendo algunha viaxe ou lacazaneando na cama antes de dar unha volta, eles percorreron ese vieiro de vida que se atopa ás nosas costas para sometelo a un reparador lifting que lle permita amosar a súa mellor faciana ao longo do ano. O Gafos quedou ben xeitoso, ao tempo que esa morea de refugallos reflicte o desprezo de moitos cidadáns polo súa contorna é máis en concreto polo río. Todavía son moitos os que non entenden o valor dun río nunha paisaxe urbana, unha paréntese entre os fumes, os ruidos e o formigón, no que un pode agocharse durante uns minutos para cargar pilas da sempre necesaria natureza e seguila loita diaria. Ese desprezo  exténdese a toda a comunidade cos rodea e que ten nese espazo un dos seus grandes tesouros, mercé a súa recente e plausible recuperación, ao agromar nela como unha canle orgánica da que poder gozar.
Albert Camus facía de Sísifo o espello do home contemporáneo, un heroe absurdo como « o obreiro de hoxe que traballa tódolos días da súa vida nas súas mesmas tarefas e cun destino non menos absurdo». Os nosos heroes dos domingos son, co seu traballo, os que converten en heroes absurdos a todos aqueles que sementan a podremia onde so debería respirarse beleza e saúde. Cando remata o verán o río está preparado para a chegada das estacións máis complexas, non polos efectos meteorolóxicos, senon polo menosprezo do home hacia aquilo polo que debería loitar como parte de seu. Non so a achega de lixo, senón os vertidos incontrolados sementan o seu cauce deses sinónimos da ignorancia hacia nós mesmos.
Os refugallos sólidos, aqueles que se converten en centos de kilos de miseria, conforman cada fin do estío unha columna á entrada do río polo barrio de Campolongo. Se volvemos a mirar cara o valor do simbólico, non puideron atopar mellor símbolo os membros de Vaipolorío para conter toda esa merda como esa forma cilíndrica que, dende ven atrás no tempo, erixiuse como un obxecto de culto, esa unión do ceo e a terra que medra aínda máis cando se afasta dalgunha construcción. Do mesmo xeito que aquelas columnas romanas conmemorativas dos éxitos das campañas militares dos seus emperadores, estas columnas de lixo deixan constancia do éxito do traballo desenvolto neses domingos de verán ao tempo que amosan o fracaso da vida urbana. Aquela urbis dos tempos de Roma abofé que, pese ao progreso, mantén o peor dela, aquelas suciedades que se botaban polas fiestras ás propias rúas, agora, máis educadiños todos nós, metémola baixo a alfombra que adoita ser sempre a natureza. Ela, que so fala ou se queixa instantes antes de morrer, acolle moitas veces nos fondos dos seus ríos, ou nos vertedoiros incontrolados dos nosos montes, todo aquilo que nos sobra e que buscamos o xeito máis sinxelo e cómodo de desfacermos delo.
Esa columna renóvase campaña tras campaña de limpeza mentres os nosos heroes seguen caladiños a loitar contra un destino que os leva unha e outra vez a facer un traballo sen máis recompensa que a de sentirse membros útiles nesta sociedade na que todos eles caeron para beizón nosa.
Pontevedra agasallounos unha vez co premio ‘Cidade de Pontevedra’, hoxe renovo ese agradecemento nun verán máis que ogallá sexa un verán menos para ter un río limpo e san, no que non fagan falla os Sísifos de domingo. 

Publicado en Diario de Pontevedra 30/08/2014
Foto: David Freire

martes, 26 de agosto de 2014

Julio Cortázar, impresiones gallegas

...estamos en Galicia, que conocimos el año pasado y que nos encantó. Ahora hemos vuelto, no en plan turístico, sino a buscar una playa tranquila donde descansar dos semanas antes de la vuelta a París y el viaje a Buenos Aires. Lourido es un sitio precioso al sur de Vigo. Se llega en tranvía, hay un hotel donde nos adoran porque desde el patrón hasta el cocinero todos han trabajado alguna vez en la Argentina (ramo: restaurantes, parrillas y bares), y tenemos una piecita con vista al Atlántico. Hasta ahora dominan los vientos y las nubes, pero yo ya he tenido oportunidad de medirme con Poseidón. Resultado: arena en un ojo, y 75 pesetas de oculista. ¡Oh, el deporte! GALICIA......

(Incluido en el libro 'Cortázar de la A a la Z'. Ed. Alfaguara)

Cortázar 100

«Al final queda un álbum de fotos, de instantes fijos; jamás el devenir realizándose ante nosotros, el paso del ayer al hoy, la primera aguja del olvido en el recuerdo. Por eso no tenía nada de extraño que él hablara de sus personajes en la forma más espasmódica imaginable, dar coherencia a la serie de fotos para que pasaran a ser cine...». (‘Rayuela’. Julio Cortázar)






Todavía rebosantes de felicidad tras recorrer salto aquí y salto allá el tablero de esa ‘Rayuela’ inagotable que cumplió 50 años el pasado año, nos encontramos en este 2014 con el centenario del nacimiento de Julio Cortázar y como coda final los 30 años de su fallecimiento. Año Cortázar por excelencia y año de regreso a una de las patrias más inmensas de la historia de la literatura. Pocos autores recogen en su obra, como sucede con el autor argentino, esa percepción lúdica de lo literario, junto a la invención de un mundo o mundos desde los que enfrentarse a la realidad de una manera tan inteligente como atractiva para el lector.
Leer, releer, saltar y volver a saltar las casillas de ‘Rayuela’ es un puro delirio y pocas veces se puede disfrutar tanto de un libro cuando se abre al azar y se extrae de su interior un fragmento de su historia o historias. La editorial Alfaguara se ha volcado en estas conmemoraciones y ha preparado, junto a la reedición de varios de sus títulos, una edición especial de ‘Rayuela’, pero junto a ella, le ha hecho a los incondicionales de Julio Cortázar un regalo absolutamente maravilloso. Creo que a lo largo de lo que llevamos de año se han publicado pocos libros más hermosos que ‘Cortázar. De la A a la Z’. Un diccionario con entradas relativas a un sinfín de aspectos de la vida del escritor. Fragmentos de sus libros, imágenes de sus primeras ediciones, objetos personales, un álbum fotógrafico extraordinario, cartas, apuntes... y todo ello presentado a través de una biografía que huye de los ladrillos biográficos acostumbrados para ofrecer un tesoro que todo el mundo debería tener en sus casas.
A mí me llegó de la mano de mis hijas, en un Día del Padre en el que jamás podía imaginar un mejor regalo (benditas seáis y quien os guió), pero a ustedes les puede llegar de cualquier manera, de forma azarosa, o si ven que se resiste en llegar, fuercen un poquito la situación y ya verán como ese libro les colmará de felicidad. Es más, pueden darse, junto a una víctima propiciatoria, un paseo inocente y despreocupado por la calle Fray Juan de Navarrete, y seguramente se le desatarán los cordones de sus zapatos para detenerse durante unos instantes ante el imponente escaparate (otro más) de la Librería Cronopios, monumento literario global, y cortaziano en particular en nuestra ciudad. Allí, frente a ese altar ante al que a uno lo primero que le entran son las ganas de postrarse de hinojos, vemos el universo reeditado de Cortázar. Háganle una leve indicación a su acompañante sobre lo bonito que parecen esos libros, lo interesantes que pueden ser o las cualidades del escritor, y bajo esos globos verdes, los cronopios flotantes que desde que llegaron a esta ciudad han mudado muchas cosas, su deseo no tardará en cumplirse. Es la magia de los cronopios, ese gran juego que para Cortázar era un placer frente a otras esclavitudes literarias.
Cuando el ladrillo dejó de ser ladrillo y se convirtió en librería, milagro todavía inexplicable en los tiempos actuales, esos círculos inquietos y traviesos nos ofrecieron una manera diferente de sentir el negocio de los libros y su relación con los lectores. Ese nombre para un negocio ya era toda una declaración de intenciones, una inmersión en un universo literario hacia el que se nos quería llevar a través de un sofá y unos escaparates magnéticos para el paseante. Una transparencia que nos conecta con el mundo de los libros, un juego que ni el mismísimo gran cronopio hubiera ideado para satisfacer a su tribu. De los libros dice Cortázar, en la entrada correspondiente de este singular diccionario, que «Los libros van siendo el único lugar de la casa donde se puede estar tranquilo». ¿Qué les parece?, es mágico o no es mágico. Y es que una vez abran este diccionario comprobarán como los adjetivos empleados o esta devoción personal no es gratuita, y como un libro, ya de por sí siempre un tesoro, puede convertirse en una obra de arte de la que uno no podrá desprenderse jamás.
Todos esos instantes que a través de sus libros hemos podido gozar tienen muchas de sus explicaciones en esas páginas, de las que en ocasiones surge su querida música de jazz, sus influencias, sus relatos favoritos, sus miedos, sus amigos, sus inspiraciones, sus sentimientos... y todo ello porque «entre vivir y escribir nunca admití una clara diferencia», confiesa el autor en este álbum de fotos e instantes. Imágenes congeladas y ordenadas por su viuda Aurora Bernárdez y por Carles Álvarez Garriga que ahora son ya parte de nuestro álbum personal, como antes y ya para siempre lo serán sus escritos inmensos. Rompan esa frontera física y honren a Cortázar leyendo algo de él, en este 2014 y siempre, siempre, siempre...

Publicado en Diario de Pontevedra 1/06/2014

domingo, 24 de agosto de 2014

500 noches más


«Joaquín se mató para escribir 19 días y 500 noches, pero mereció la pena. No hay nada más que volverlo a oír para admitirlo. Hay pocas cosas en este mundo de las que se pueda asegurar que son una obra maestra en su género: éste disco lo es». (Benjamín Prado en ‘La primera madrugada de 19 días y 500 noches’, incluido en la reedición del disco en 2011).

Si de mí dependiese la salvación para el futuro, ante un inminente apocalipsis mundial, de tres elementos de nuestra cultura literaria, sin duda serían: ‘El Quijote’, ‘La saga/fuga de JB’ y el disco de Joaquín Sabina ‘19 días y 500 noches’. “¡Hala, vaya exagerado!”, exclamarán ustedes. Pues quizás tengan razón… es cierto, lo soy. Ahora que lo pienso, cómo no va a estar en esa selección ‘Poeta en Nueva York’. De acuerdo, retiramos ‘El Quijote’ e indultemos la obra de Federico García Lorca.
Hace unas pocas horas que Joaquín Sabina viene de inaugurar una nueva gira americana basada no en un reciente trabajo, que parece que sí saldrá a la luz el próximo año, y sí en una revisión de ese disco cumbre de su obra como es ‘19 días y 500 noches’. Un disco parido entre excesos, muchos excesos, y poemas, que también son un exceso de buenos, deCésar Vallejo, entre los rescoldos de Bob Dylan y la producción de Alejo Stivel y todo ello para balizar un tiempo que se agotaba en sí mismo y otro que comenzaba a partir de esas noches de boda. Muerte y resurrección.
Muchas partes de mi vida se podrían explicar desde las coordenadas geográficas y temporales establecidas por los conciertos de Sabina. Tanto de los que he ido yo como de los que no ha ido él. Nunca le he guardado rencor por esas ausencias. Ambos los recuerdo con la misma emoción, cariño y una sonrisa en la boca. Tanto el estar en Traviesas viéndole con un bombín sobre mi cabeza, como aquella noche en A Coruña en la que nos comunicaron aJuan, Manolo y a mí que el concierto se suspendía. Una tormenta (nunca quedó muy claro de qué tipo) creo que fue la causa aducida. Como señores acabamos nuestros respectivos Johnnie Walker en el centro del Coliseum y montera en mano hicimos el paseíllo hasta Compostela, donde el menda acabó en Ruta 66 meando junto al cantante deCeltas Cortos.
Esas trece canciones, diversas en estilos musicales y perfectas en cuanto a letras, no sé las veces que las habré podido escuchar desde el año 1999 en que se publicaron, para dejar siempre en mí una sensación de luminosidad y de inmarchitable disfrute. Si ya gozaba con aquel primerizo ‘Ruleta rusa’, qué les contaré de estas noches repletas de poesías, experiencias y voces rotas que se suceden en una bulliciosa y efervescente cascada en la que mojarse supone colocarse bajo un chaparrón que te mantiene alejado de las perversiones mundanas, saboreando, sin embargo, estas otras perversiones en forma de un bálsamo que no cura cicatrices, pero ayuda, y mucho, a seguir tirando del carro.
El último capítulo de mi relación con el de Úbeda viene en forma de libro. Él no lo sabe, pese a que me ha llegado hace unos días un delicado ejemplar firmado de una limitada edición de seis poemas inspirados en José Tomás. Pasión común que nos ha unido también mediante esa firma llena de abrazos, entre dos desconocidos, que partieron de ese sur roteño, en el que el cantante se refugia en verano guardando el bombín en el baúl del atrezo y tocándose con un panamá, para llegar a esta Pontevedra en la que José Tomás y Sabina pisaron una misma arena, la de nuestra plaza de toros, en la que ambos ventearon sus talentos en varias ocasiones. Yo espero y hasta sueño algún día con poder contarle todo esto al propio Joaquín Sabina en persona, ahora que he ido cercando a varios de sus amigos, como Javier Rioyo, Luis García Montero, Antonio Lucas, Felipe Benítez Reyes, Benjamín Prado o el púber Jabois, es posible que en algún momento alguno de ellos me presente al cantante y ese mapa de coordenadas complete su ciclo. Mientras, seguiré saboreando ese ‘19 días y 500 noches’, reeditado y realimentado hace unos años con las alas negras impresas tras aliviar un luto afortunadamente fugaz, para retornar ahora a los escenarios travestido como ‘500 noches para una crisis’.
Primero lo hace en las tierras limeñas de su redentora Jimena, después en las sembradas por las caprichosas conchas de Pablo Neruda, también en las del inmenso Eduardo Galeano, y como no, en ese Buenos Aires, corrala de su vivienda madrileña. A buen seguro que regresará a esta España doliente para ser de nuevo él, el del mejor puñado de letras escritas en nuestro cancionero (Antonio Vega que está en los cielos me sabrá disculpar) desde los años ochenta, donde todo era más canalla y menos Benjamín Prado, para volver a abrigarnos en sus conciertos llenos de Dieguitos y Mafaldas, de Barbies Superstar, de Magdalenas y de rubias platino… pero también de nuevas canciones que vendrán a seguir alimentado ese imaginario sabiniano colmado de nubes blancas y negras de las que una vez nos colgamos algunos para no bajarnos jamás. 


Publicado en Diario de Pontevedra 23/08/2014
Foto: Joaquín Sabina en el concierto de la gira '19 días y 500 noches' celebrado en la Plaza de toros de Pontevedra en julio de 2000 (Xan Xiadas).

lunes, 18 de agosto de 2014

¡Va por ti, flaca!




‘Tener y no tener’ y ‘Cayo Largo’, así, una tras otra. ¡Va por ti, flaca! Tres dedos de buen whisky y a disfrutar. Un homenaje a una actriz irrepetible, a un personaje singular de la historia del cine que apagó su vida esta semana para rascar de nuevo una cerilla y encender una luz eterna al lado de su otro yo, de un Humphrey Bogart que la vio con 19 años y que ya no la dejaría hasta su muerte.
Cada vez que fallece alguna estrella de cine, y más si esta procede del mejor cine hecho jamás, el nacido de los estudios del Hollywood clásico, intento realizar este modesto tributo basado en ver alguno de sus trabajos. Un canto final de agradecimiento a quienes me han hecho amar el cine y regalado alguno de los mejores instantes de mi vida. Ahora le tocó a ella, a una de las últimas damas de aquel tiempo, quizás la última, aunque nunca haya una última, ya que siempre surge algún nombre que hace que nos preguntemos: ¿pero todavía estaba viva/o? Con ambas películas, ya vistas incontables veces, uno vuelve a entender el porqué del éxito de una actriz de la que con 89 años podíamos contar con los dedos de las manos las películas de calidad que ha realizado. Un escaso número que aun así le ha hecho pasar a la historia del séptimo arte por sobrados motivos. Incluso podemos esconder una de esas manos y contar únicamente las cuatro que hizo al lado de Humphrey Bogart, junto a los dos títulos ya referidos: ‘Senda tenebrosa’ y ‘El sueño eterno’, para conformar así cuatro obras maestras en las que ambos actores compartieron instantes que atraviesan la pantalla para fundirse con el espectador en ese ritual que, como ningún arte lo puede lograr, nos emociona a la vez que sorprende.
En ‘Tener y no tener’, el debut de Lauren Bacall en el cine, tarda 13 minutos en aparecer en pantalla y lo hace oculta tras una puerta hasta que es descubierta por un Humphrey Bogart paralizado por la esbelta figura de esta mujer que enciende un cigarrillo con una cerilla, alumbrando así su rostro y esos dos haces de luz que son unos ojos a los que el aturdido protagonista es incapaz de dejar de mirar entre la sorpresa y la turbación. Unos instantes después canta una canción apoyada en un piano y ya nada volverá a ser igual. Ambas personas se convertirán en uno solo y durante trece años en una pareja de referencia en un Hollywood donde la palabra pareja siempre fue una rareza. Comprometidos con la vida y con ciertos idearios tan sólidos como de difícil defensa en aquellos tiempos, les hicieron ganarse la consideración de todos sus compañeros de profesión. Pero vuelvo a las imágenes ya que en ellas radica la verdadera razón de ser de todo lo que rodea a una actriz, en ellas su elegancia, su glamour o su mirada hipnótica compiten a partes iguales para convertir cada plano en el que asoma en un plano único. Ya poco importa lo que hubiese hecho tras esas cuatro películas, en ellas se condensa de una manera brutal y arrebatadora la esencia del cine más puro, ese en el que las luces y las sombras se enfrentan entre sí para debatir sobre el ser humano y que, con su femenina presencia, fascinante, inteligente y retadora, se lograba una intensidad pocas veces vista.
Bogart fue lo primero y lo demás se quedó en algo secundario. En ‘Tener y no tener’ comenzó esa conexión de manera explosiva, se nota algo intangible en esas secuencias en las que comparten, miradas, diálogos, gestos… contribuyendo a que ambos, tanto juntos como por separado, alcanzasen esa condición de mitos que solo el cine puede ensalzar con tal fuerza y durante tanto tiempo.
Muchos ya se habrían olvidado de ella, es posible que otros, seguramente los más jóvenes-por desgracia tan alejados de este tipo de cine, siendo no toda la culpa suya, ya que debería ser parte de sus temarios de estudio- sean desconocedores por completo de su talento y no entiendan el revuelo causado por su muerte. Pocas invitaciones puede haber mejores para adentrarse en ese cine clásico que compartir alguna de estas películas comunes, inmiscuirse en esas miradas entre cortinas de humo y la luz que proyecta una lámpara a la altura de los ojos dentro de una oscuridad de la que ya solo se puede salir convertido en leyenda. Lauren Bacall lo era y su muerte ha venido a confirmar ese pasaporte hacia la eternidad.


Publicado en Diario de Pontevedra 16/08/2014

jueves, 14 de agosto de 2014

El silbido eterno





-          “¿Por qué has hecho eso?
-          “Me preguntaba si me iba a gustar”.


Estará contento el bribón de Bogart, tras décadas silbando, por fin, tras esa puerta la verá a ella. Cuántas veces la habrá abierto tras oír en su mente ese “¿Sabes silbar, verdad? Juntas los labios… y soplas”. Alta y enigmática, atractiva y bella, felina y dulce… sería interminable la retahíla de adjetivos que se podrían aplicar a Lauren Bacall, la mujer que conquistó a Humphrey Bogart al tiempo que debutaba en un cine en blanco y negro que, gracias a ella, parecía ya en color. Sus ojos brillaban al tiempo que los que se ponían ante ella parecían mejores actores de lo que ya eran. Su figura alargada, que le valió el apodo de la ‘flaca’, irradiaba una luminosidad que engrandecía a los que se colocaban a su alrededor.
Howard Hawks le arrancó una revista de las manos a su mujer al ver esa figura todavía juvenil, sabía que ella sería el contrapunto preciso para un Humphrey Bogart ya maduro que vio como en un solo plano aquella chica se convertía en una mujer rodeada de sombras y de volutas de humo en ‘Tener y no Tener’(1936). Una película que es un continente en sí mismo, allí nació la pareja, allí se volcó el talento de nombres como los de Howard Hawks, Hemingway y Faulkner, y todo para parir un monumento del cine y también de la vida, porque de esa película nació la vida en pareja de Bacall y Bogart convertidos en un único ser en los trece años siguientes hasta la muerte del actor. La pareja siguió presente en el cine: ‘El sueño eterno’ (1946), ‘Senda tenebrosa’ (1947) y ‘Cayo Largo’ (1948), prolongando ese incomparable cruce de miradas y diálogos, asentados en los espléndidos guiones y en el universo de luces y sombras de un cine negro que con ellos alcanzó su cima mítica.
En los años cincuenta, y ya con el refulgente brillo de sus ojos y su melena en la pantalla, participó de varias películas de importancia: ‘Como casarse con un millonario’ (1953), Escrito en el viento’ (1956) o ‘Mi desconfiada esposa’ (1957). En ese año de 1957 falleció Humphrey Bogart y ya nada fue igual. Hollywood ignoró su presencia y ella se fue refugiando en el Teatro y en la memoria permanente de aquel tiempo pasado que de vez en cuando recuperaba con alguna película menor, un libro de memorias y el Oscar honorífico que la Academia le había negado en cuatro veces, tantas como ocasiones compartió pantalla con Bogart. Esas cuatro actuaciones son ya parte de la historia del cine, un póker incontestable por ninguna otra actriz de la que no existe ningún caso de una irrupción tan fulgurante en una pantalla de cine.
Se dice que Bogart regaló en su boda a Bacall un silbato de oro con la inscripción “Si me necesitas, silba” y que ese silbato fue depositado en el ataúd del actor. A buen seguro que ese silbato, gastado ya de tanto uso, dejará de silbar tras el segundo encuentro de ambos. El primero lo fue para siempre, éste lo será para la eternidad.

Publicado en Diario de Pontevedra 14/08/2014

miércoles, 13 de agosto de 2014

Mr. Keating


Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela. (R. Herrick)



Ni mucho menos era uno de mis actores favoritos, normalmente sobreactuado en la mayor parte de sus papeles, siendo muchos de ellos propicios para que se diese esa circunstancia. Así que la catarata de adjetivos y bondades actorales las tendrán que buscar en los artículos laudatorios que llenarán las páginas de los periódicos de hoy y las entradas de Facebook y Twitter de ayer.
Pero Robin Williams sí que tuvo la fortuna y el acierto de reencarnarse en dos o tres papeles de esos que no se pueden despegar de tu vida, interpretaciones que se incrustan en un interior todavía en formación y que logran que se estremezca el alma cada vez que se repiten por televisión, imposible entonces cambiar de canal, o si decides hacer uso de una videoteca que siempre estará incompleta sin ellos. Sus trabajos en ‘Good morning Vietnam’, ‘El club de los poetas muertos’ o ‘El indomable Will Hunting,’ son parte de la filiación cinematográfica de la generación que se encontró con esos estrenos en la pantalla grande. Tres papeles que quizás nunca haya podido superar y que hicieron de Robin Williams el actor de una única generación, mientras las restantes lo iban enclaustrando en sus papeles más comerciales y menos agradecidos con sus innegables cualidades actorales. Y es que si me apuran, de esos tres trabajos es tal el peso del segundo de ellos, el encarnado por ese profesor Keating abriendo a la vida desde la literatura a un grupo de alumnos de un estricto colegio, que los demás también se vienen abajo.
Ya sé que es injusto valorar toda una vida en base a un único trabajo, pero basta darse un garbeo por las redes sociales para que ¡Oh capitán, mi capitán! resuene por todos los lados como el resumen de toda una carrera artística. Esa es parte de la magia del cine, de una capacidad evocadora siempre latente en el interior del ser humano hasta el momento en el que algo provoca una detonación que nos conduce a reivindicar todas esas vivencias obtenidas en la oscuridad de una sala de cine. Escuchar, como sucedió ayer, desde primeras horas de la mañana, ese ¡Oh capitán, mi capitán!, te impulsa más que nunca a subirte a una mesa y desde allí arriba dirigir una mirada de agradecimiento al actor que ha dejado en nuestro interior una semilla ya eterna de amor por el cine y, por lo que es realmente importante en la vida, aquello que nos mantiene vivos, la poesía, la belleza, el romanticismo o el amor.


Publicado en Diario de Pontevedra 13/08/2014

lunes, 11 de agosto de 2014

¡Qué tío...este Abellán!


LA FICHA
Toros de la ganadería de Santiago Domecq. Bien presentados pero aquerenciados, sobre todo los dos primeros.
Juan José Padilla. De malva y oro. Media estocada (ovación); Estocada casi entera (una oreja).
Miguel Abellán. De nácar y plata. Estocada casi entera (oreja); Gran estocada (dos orejas).
El Fandi. De morado y oro. Gran estocada (oreja); Estocada fulminante (dos orejas).
Cuarta y última corrida de la Feria de A Peregrina 2014 celebrada en la Plaza de Toros de Pontevedra que registró tres cuartos de entrada. El festejo estuvo presidido por José Manuel López Sánchez que contó con el asesoramiento veterinario de Juan Ocampo y de Carlos Ares en el campo artístico.





Se nos escapa entre las manos la feria de A Peregrina, pero en ellas dejaremos el recuerdo de un torero resucitado. Últimamente lo hemos visto como bailarín televisivo, pero menudo torero es este Abellán, y digo este Abellán, no aquel Abellán de antes de su sorprendente retiro, más disperso e irregular. Firme y seguro, sobrio en su toreo al inicio de la faena a su segundo toro, tuvo más torería que la que algunos toreros tienen en toda una temporada. Ayer, el Abellán resucitado, el de nácar y plata, regresó a Pontevedra como lleva regresando a las plazas tras su retiro del toreo, espontáneo y cabal, sabedor de que un torero sin sitio ni es torero ni es ná. En San Isidro dijo aquí estoy yo, y aquella oreja más que elevarlo a los altares lo bajó a la tierra, a la de la cabeza segura y el toreo de verdad.
No eran fáciles los toros de Santiago Domecq buscando la puerta de toriles a las primeras de cambio. Había que meterlos en el canasto para poder hacer la faena con ellos. A Juan José Padilla se le fue el primero suelto una y otra vez, y crudo se encontró con la espada en lo mejor que pudo hacer el siempre comprometido con el oficio Padilla. El público se lo supo reconocer, al tiempo que el torero nos emplazaba a su segundo toro, un toro que confirmó que el peor lote le había tocado a él. Más tesón y ese compromiso le hizo cobrar una oreja de ley.
Llovía fino en Pontevedra y el piso se embarraba a cada momento dificultando la lidia, tanto por los toreros como por los toros, que esto, al fin y al cabo, como los matrimonios, es cosa de dos. El Fandi, todos lo sabemos, más que de lluvia fina es de gota gorda, de tormenta y chaparrón, y ayer se empeñó en que la plaza tronase, por otro lado, como siempre que está él en ella. Siempre bien con las banderillas se empleó a fondo con la muleta sobre todo con el último de la tarde, al que pudo hacer una intensa faena que con una gran estocada le hizo ser el acompañante perfecto de Miguel Abellán.
Brindó, en un hermoso gesto, Miguel Abellán a sus dos compañeros de tarde la muerte de su segundo toro. Más torería para el cesto. Un respeto que nos trae a ese Abellán al cien por cien torero, deseando disfrutar en la plaza. Con ese respeto el madrileño se traía dos costillas rotas hace apenas quince días en Valencia. Pero ayer no dolía nada y todo era felicidad. Por volver a una plaza de la que guarda un gran recuerdo, por otra tarde al lado de dos amigos, pero sobre todo por sentirse torero. Qué cantidad de pases llenos de sabor y hondura les fue incrustando a unas faenas iniciadas con un enorme manejo del capote. Cómo entendió a ese primer toro abanto al que supo enganchar con la mano derecha estando siempre muy pendiente de él. ¡Qué pies tan juntos, qué aplomo! Y a ese segundo cómo le alargó la mano con los naturales tras ese inicio de faena lleno de encanto. Solo faltaba dejarse el sudor en un mantón arrojado al albero, dejarse querer por la afición de palmas rotas y estirar hasta el infinito el trago a la bota de vino. Porque ser torero se es para todo, y menudo tío es este Abellán.

Publicado en Diario de Pontevedra 11/08/2014
Fotografía: Alba Sotelo

domingo, 10 de agosto de 2014

Como decíamos ayer...

Ficha:
Toros de las Ganaderías de Carmen Lorenzo, San Mateo y San Pelayo. Bien presentados y ofreciendo excelente juego.
Andy Cartagena. Rejón y descabello (silencio), Rejón y descabello (dos orejas).
Diego Ventura. Rejón fulminante (dos orejas); Rejón fulminante (dos orejas y fuerte petición de rabo).
João Moura Jr. Medió rejón y rejón, dos descabellos (silencio); Doble rejón (una oreja).
Tercer festejo de la Feria de A Peregrina 2014 con casi tres cuartos de entrada.


Tras cinco años de ausencia de su cátedra universitaria en Salamanca, Fray Luis de León al volver y reiniciar sus clases lo hizo con el ya famoso «Como decíamos ayer...». Aquí no han pasado cinco años, sino que ha sido solo un año desde que Diego Ventura y sus monturas dejaron sus huellas por nuestra ciudad y como decíamos aquel día, ayer, el número uno mandó parar y todos detrás de él.
Es asistir a su rejoneo y comprabar como la distancia del lisboeta es abismal sobre resto del escalafón, solo Pablo Hermoso de Mendoza podría discutirle la primacía, pero ayer no estaba Pablo Hermoso, sino que estaban Andy Cartagena, con mala suerte en el primero y muy voluntarioso en su segundo, y João Moura Jr., quien, pese a su empeño, todavía le queda mucho, muchísimo por trabajar en el mundo del rejoneo.
Y es que Diego Ventura es quizás en estos momentos en todo el orbe la única persona que es incapaz de salir caminando de una plaza de toros. Sus participaciones se cuentan de cuatro en cuatro orejas, cuando lidia con dos enemigos, a sumar orejas con cada toro que se le ponga por delante, y en no pocas ocasiones con un rabo  también entre las manos. La de ayer fue una tarde para ello, pero el presidente, con buen criterio, desoyó la petición masiva que el numeroso público asistente hacía sobre ese trofeo tras una rotunda faena a su segundo, pero en el que falló con los rejones de salida, y de conceder el rabo el presidente hubiera errado.
Si en su primer toro ya estuvo bien, colocando bien las suertes, con ajustados lances y cruzando la montura entre el toro y las tablas, lo del segundo fue espectacular al poner la plaza boca abajo ayudado con esos magníficos caballos que monta y de los que se podría hablar desde su obediencia y capacidad para hacer cosas que otros caballos no podrán realizar en toda su vida. Uno tras otro iba intercambiando sus monturas al tiempo que entendíamos porque es diferente el rejoneo de Diego Ventura sobre el del resto, vimos como aguantaba a su enemigo en el pecho del caballo mientras los demás siempre lo llevaban a la cola y como siempre cada caballo ofrecía algo más, incluso esos discutibles mordiscos que ‘Morante’ acostumbra a dar a los toros y que no hacen mucho por mantener el respeto que merece el astado. Pero ante esas bocanadas que parecían salidas del Guernica de Picasso el público enloqueció y Diego Ventura tenía todo de su parte para montar otro de sus líos habituales. Y lo hizo con otra de sus cualidades distintivas, como es la de matar el toro a las primeras de cambio. El flamear de pañuelos fue en aumento hasta pedirse el ya citado rabo que el presidente, ya muy generoso en las primeras dos orejas, denegó.
Estuvo bien Andy Cartagena, en sus dos faenas, la primera se fue al traste al tardar en morir el toro y en la segunda, más acertado con el rejón de muerte, se volcó en una faena más intensa y en la que estuvo muy a gusto, para salir así a hombros por la puerta grande de Pontevedra junto a Diego Ventura. Justo como hace un año, tal y como decíamos ayer...

Publicado en Diario de Pontevedra10/08/2014
Fotografía: Rafa Fariña

sábado, 9 de agosto de 2014

Fiesta


Estarán de acuerdo conmigo que solo esta fotografía justifica toda esta página, así que es más que posible que lo que yo vaya a contar en estas líneas poco importe. Pero estamos en fiestas, y me apetece darles un poco la lata con las cosillas de esta ciudad que durante esta semana se abre a la alegría y la diversión, y hasta a un puntito de relajo que desengrase todo lo que vivimos a lo largo del año.
Me sucede demasiadas veces que, al tener la fortuna de poder rebuscar entre las fotografías del archivo de este periódico, quedo prendado de algunas de sus imágenes. Normalmente grupos de varias personas anónimas, por lo menos para mí, aunque días después siempre venga alguien por aquí y me diga ¿sabes quien es este de aquí?, enmarcadas en una Pontevedra todavía en construcción, tal y como la conocemos hoy. Busco algo que ilustre el inicio de las fiestas de A Peregrina (a ver si entre todos somos capaces de eliminar esa definición tan lamentable de ‘Peregrinas’) que una el pasado con el hoy, y entre el impagable legado de Piruco Estévez me encuentro esta joyita. Un grupo de niños en la ofrenda a la Virgen Peregrina acompañando a nuestros queridos cabezudos -pocos elementos hay en estas fiestas que unan más a una generación con otra que los gigantes y cabezudos- y con las obras de la Joyería Suárez al fondo. A mí me da que se lo están pasando bien, que en aquella Pontevedra en blanco y negro la gente tenía su manera de divertirse, ni mejor ni peor que la de hoy en día. Las fiestas eran lo que eran y tenían procesiones, batallas de flores, corridas de toros y bailes en las sociedades, claro que sí, pero también muchas, muchas más cosas, y bastante milagroso era el que se divirtiese la gente con esos cuatro mimbres (de hecho si se paran un poquito a pensar verán como no hay tantos elementos diferentes entre las fiestas de hace cuarenta años con las de hoy en día, reina arriba o reina abajo) y eso es un mérito de la población. Por eso cada vez entiendo menos esa manía de comparar las fiestas de ahora con las de antes o de intentar justificar las bondades de las fiestas de hoy, que las hay, y muchas, en base a menospreciar la manera de entender las fiestas de esta ciudad durante tantas décadas en las que no había muchas más opciones para el disfrute.
Recuerdo siempre esta semana como una semana repleta de felicidad y de buenos momentos, con independencia de quien las organizase, lo que venía a significar que la ciudad tenía sus hábitos y engranajes ya establecidos y la diversión caminaba por un lado y las tendencias políticas por otro. Es obvio que las fiestas ahora son mucho más completas que las de hace unos años, que el ambiente en las calles es inmensamente mayor, pero hay que entender que los tiempos son diferentes y la ciudad y sus habitantes han cambiado. Siempre pienso que son las personas las que hacen de una fiesta, con su espíritu y ánimo, algo inolvidable. No creo que ningún niño de hoy, con sus atracciones de tres euros y tres minutos, sea más feliz de lo que lo podían ser esos niños de la fotografía de Camilo Gómez a lomos de sus caballos de cartón. Sobre ellos se debían creer los reyes de esa multitud que los rodeaba y jaleaba al tiempo que iban a honrar a una virgen, en muchos casos, más por tradición que por devoción, tal y como sucede ahora, fíjense ustedes.
Tras ser escaneada guardo la fotografía en el sobre del que salió durante unos pocos minutos. El papel y la imagen digital. Dos maneras de poder ver un instante tan solo separadas por el tiempo y el progreso. ¿Pero acaso ambas formas no responden a un mismo estímulo y sensación?
El tiempo nos ha cambiado a todos, también lo ha hecho con esta ciudad que tanto necesitaba una bocanada de aire fresco, pero mirar hacia atrás con rencor o por encima del hombro, lejos de intentar comprender la realidad, lo que consigue es caer en un reduccionismo tan miope como peligroso para los propios intereses de los que creen que todo lo anterior a su llegada a este planeta debe ser borrado de la faz de la tierra. Y en esto nadie es imprescindible, bueno sí, José Luis Sarandeses lo es. Verle ir de un lado a otro durante esta semana es una de las grandes atracciones de las fiestas y todo un sinónimo de efectividad. De unas fiestas que hoy lo son gracias a las que ya fueron, a las galopadas de tantos y tantos niños y a muchas semanas de agosto en las que esta ciudad solo se preocupó de ser feliz y de divertirse. ¡A disfrutar!

Publicado en Diario de Pontevedra 9/08/2014

martes, 5 de agosto de 2014

La polvareda de Fandiño


LA FICHA Toros de Victoriano del Río. Buen juego. Tercero y sexto aplaudidos en el arrastre. El quinto devuelto a los corrales con un asta rota sustituido por un toro del hierro de Cortés.
Julián López ‘El Juli’. De botella y oro. Estocada trasera (oreja); Más de media estocada al encuentro y seis descabellos (silencio).
Miguel Ángel Perera. De chocolate y oro. Estocada tendida (silencio); Gran estocada (oreja).
Iván Fandiño. De verde agua y oro. Dos pinchazos, pinchazo hondo y dos descabellos (Ovación desde el tercio); Estocada fulminante (dos orejas). Segunda corrida de la Feria de A Peregrina 2014 celebrada en la Plaza de Toros de Pontevedra que registró más de media entrada. El festejo fue presidido por José Manuel López Sánchez; como asesor veterinario Juan Ocampo y Carlos Ares en lo artístico.


PONTEVEDRA. La estela de polvo que deja Iván Fandiño a su paso puede verse desde varios kilómetros de distancia. Es el polvo de la gloria, de la pasión por una profesión y las ganas de hacerse un sitio entre los mejores toreros al precio que sea. Para ello el torero vasco, de raíces gallegas, exhibe un valor racial, un desafío constante a esa palabra, miedo, que todo torero guarda cerca de su corazón, y de la que saben que deben de huir.
Tres tardes en Pontevedra y tres puertas grandes hacen de Iván Fandiño un valor seguro en esta plaza y también en el toreo, tan necesitado de este tipo de matadores que mezclan el dominio técnico con la raza. Se fue con las manos vacías en el primero de su lote, el mejor toro de la tarde, merecidamente aplaudido en el arrastre por su movilidad y empuje. El toro se lo brindó al exmatador Palomo Linares y allá se fue al centro de la plaza a comenzar firme la faena, citando al toro por detrás y pasándoselo cerca, cerca, cerca. La faena fue creciendo en intensidad hasta el delirio con otras ceñidísimas manoletinas finales que ponía todo de cara para desorejar a ese ‘Ruiseñor’ y abrir ya de inicio la puerta grande. Pero la espada ayer jugó malas pasadas, no solo a Fandiño, sino que El Juli también perdió la puerta grande en su segunto toro al eternizarse con el descabello. El de Orduña se lamentaba sabedor de que ese faenón no iba a tener reconocimiento en forma de apéndice, aunque sí lo tuvo con una atronadora ovación desde el tercio.
La mecha estaba encendida y el que más y el que menos sabía que en el último de la tarde la polvareda se iba a divisar desde el fondo de la ría. Dicho y hecho, un espectacular recibimiento con el capote, una buena puya y tres pares de banderillas de ley, que obligaron a saludar a sus subalternos, ponían todo en suerte para el triunfo. Y es que cuando las cosas se van haciendo bien suelen acabar mejor. El toro tenía también dedicatoria, en este caso a Manuel Villanueva, quien en estas mismas páginas escribía ayer sobre el diestro con hondura y admiración. De nuevo gran faena, menor que la primera, pero el coraje del torero se impuso al toro y las manoletinas del final, casi imposibles y a la vez escalofriantes, se coronaron con un espadazo que fulminó al de Victoriano del Río e hizo estallar la plaza. Lo había logrado. Tres tardes y tres puertas grandes. ¡Olé!
 ‘El Juli’ intentó mediar entre los dos grandes toreros de la temporada, pero no tuvo suer­te. Bien con el primero al que ligó buenas tandas de muletazos y alque mató bien. Se empleó a fondo con el segundo con un toro com­plicado que lo fue más a la hora de entrar a matar. Un desaguisado.
Miguel Ángel Perera casi lo­gra el milagro de abrir la puerta grande, más cimentado por su excepcional estado de forma que por las facilidades de sus oponen­tes. El primero reservón dio un susto a uno de sus subalternos que se retiró a la enfermería tras un revolcón. Su toreo despacio­so y mandando se impuso en su segunda faena con tandas muy cerca de los pitones y exhibiendo esa confianza que desde Madrid arrastra por cada Plaza. Una oreja y una sentida ovación.

Publicado en Diario de Pontevedra 4/08/2014
Fotografía de Rafa Fariña

domingo, 3 de agosto de 2014

Entre el ruido y el silencio

Toros de la ganadería de Alcurrucén. Bien presentados aunque muy justitos de fuerzas. El tercero fue devuelto por cojera evidente a los corrales, saliendo el sobrero en su lugar.
Enrique Ponce. De carmín y oro. Dos pinchazos, un aviso y estocada desprendida. (Palmas); Tres pinchazos, un aviso y estocada en lo alto (Palmas).
Sebastián Castella. De salmón y oro. Estocada caída (oreja); Estocada desprendida (oreja).
Daniel Luque. De añil y oro. Pinchazo y gran estocada (dos orejas); Estocada fulminante (oreja).
Primera corrida de la Feria de A Peregrina 2014 celebrada en la Plaza de Toros de Pontevedra que registró más de media entrada. El festejo estuvo presidido por José Manuel López Sánchez que contó con el asesoramiento veterinario de Juan Ocampo y de Carlos Ares en el campo artístico.


El ruido del clamor del público, del batir de palmas y el flamear de pañuelos. El silencio del toreo para sí, de entender a un toro donde no había toro y de sentirse a gusto. Son dos de las caras de la moneda que el torero lanza al aire sobre la arena, mojada y blanda como los relojes de Dalí, en el coso de San Roque.
La ruidosa moneda que cayó como un alud la arrojó Daniel Luque, torero que tiene a esta plaza como talismán. Es darse un garbeo por aquí y descerrajar la puerta grande. Ayer no quiso romper la tradición y tras dos años de ausencia volvió a representar ese idilio torero-plaza a orillas del undoso Lérez. Rotunda su faena al primero de su lote, que el destino, y una pata quebrada, quiso que fuese el sobrero. Un toro con más movilidad que los dos anteriores, y que el resto de la corrida de Alcurrucén, baja de motor y con síntomas de flaqueza. La nobleza, se le presupone. De esa nobleza tiró el sevillano para armar una faena de chicuelinas en el capote y muy en torero, cruzándose en los pitones de un toro al que entendió que las cositas que se le hacen a un toro con la muleta había que hacérselas muy cerquita. Así fue y torero y toro en un palmo de terreno danzaron la coreografía de un secreto que se iba a perder en los corrales en forma de sobrero. Varios cambios de mano y con el público en ebullición y tras un pinchazo, una gran estocada cobró las dos orejas y el amor renovó sus frutos.
Lo de Enrique Ponce con esta plaza no es un amor a las riberas del Lérez, sino un matrimonio que anda cerca de cumplir las bodas de plata, y no es una pose literaria, sino que son ya 18 las tardes del de Chiva en San Roque. «Creo que nunca he toreado tan bien en esta plaza desde que vengo a Pontevedra», me comenta el diestro lamentando el triunfo perdido. ¡Claro que sí maestro! Fue el de ayer el toreo del silencio, el de la moneda que se hunde en la arena como un tesoro que quedará por descubrir hasta dentro de otros 25 años. Fue su toreo al segundo de su lote ajeno a lo que sucedía en los tendidos, tan ansioso de prisas, músicas y orejas sangrantes. Fue el toreo de un hombre moviendo a un animal bravo con un paño y guiándolo con una suavidad inexplicable, una muñeca que se blandía una y otra vez para modelar a un toro inexistente y al que solo había que matar de la mejor manera para que el ruido hiciese añicos al silencio. No fue así, y el silencio se lo quedó Enrique Ponce en una faena de esas que son para uno, no para todos.
Y allí estaba Sebastián Castella, entre el ruido y el silencio, tan fino y con esos ojos, y tan francés. Un gallo rubio que sabía que tras la oreja cortada a su primero, en una faena firme en el compás primero y luego pelándose con su oponente para poderlo lidiar, debía echar el resto con el segundo para no dejar a Daniel Luque salir en solitario por la puerta grande, y eso se notó desde el principio de una faena con los pies muy quietos, escalofriante en la parsimonia mientras el toro iba y venía y al que sacó buenas tandas que culminaron en espadazo y oreja.
Dos monedas arrojadas al aire. Dos caras del toreo, el ruido y el silencio.

Publicado en Diario de Pontevedra 3/08/2014
Foto: Daniel Luque con el capote ante 'Afectísimo' el sobrero al que desorejó (Rafa Fariña)

sábado, 2 de agosto de 2014

Sombras

«Pero mientras los seres humanos hablen tranquilamente del número de hombres que cada nación puede matar en un momento determinado, hablar de la crueldad de las corridas de toros es ridículo. Dentro de las crueldades humanas no se puede tomar ni un pequeño detalle que compita en belleza con la realidad artística del toreo.» (Ignacio Sánchez Mejías. Recogido en ‘Sentimiento del toreo’ de Carlos Marzal)


Estas palabras, escritas por el torero y amigo de poetas, Ignacio Sánchez Mejías (aglutinador de los integrantes de aquella inigualable Generación del 27), fueron pronunciadas durante una conferencia en la Universidad de Columbia en 1929, viéndose renovadas año tras año debido a la sinrazón del ser humano. En medio de la guerra, por llamarla de alguna manera, aunque poco tenga de ella, desde la indiscriminada y asquerosa matanza de niños, dedicar el tiempo a deslegitimar lo que sucede en una Plaza de Toros se queda en una especie de hobby apocalíptico.
Pese a ello, como taurino que soy, me caen bien los antitaurinos. Lo reconozco y me explico. Por un lado, defender la vida de cualquier ser vivo es muy loable y por otro: ¿Qué sería del Real Madrid sin el Barcelona o del Barcelona sin el Real Madrid? Los extremos se necesitan entre sí para incrementar su poder y su fuerza. Por eso, toda ciudad taurina precisa de sus antitaurinos, convirtiéndose éstos, y quizás a su pesar, en una parte más de todo lo que rodea a una feria. Y si crecen en número, pues mejor, eso significa que la feria incrementa su vigor, y lejos de desaparecer, sigue concitando la atención del público.
Mi respeto total hacia ellos debe ser el mismo que el que ellos deben tener hacia los que nos gusta esta fiesta. Dos respetos que se mueven en paralelo y que así debe seguir siendo, aunque si alguno de ellos cruzase los muros de piedra del coso pontevedrés a lo mejor caería rendido bajo el embrujo del encuentro entre hombre y animal, entre alguien que se juega la vida por capturar un instante recogido en una de esas sombras que emergen de una lucha secular de la que Pontevedra forma parte desde muchos siglos atrás.
Lo que sí les puedo asegurar a los antitaurinos es que yo no iré a su casa a acusarles de falta de sensibilidad artística o de su escaso respeto a una tradición afianzada en Galicia desde muy atrás, y por lo tanto, más propia del pueblo gallego que otras tradiciones que se han querido imprimir a nuestro ADN de reciente cuño.
Son esas sombras del toreo momentos evanescentes empapados en la muleta agitada por un viento que amansa a las fieras. Esbozos de filigrana que desde la muñeca del torero enganchan al animal para someterlo a la voluntad humana. Así ha sido desde los tiempos de las cavernas y así hoy alcanza cotas repletas de inspiración, emoción y plasticidad. Justamente las tres patas en que se sustenta cualquier intención artística, cualquier deseo del ser humano por traspasar ese agujero negro de lo cotidiano y tocar la gloria del sentimiento. En ese agujero negro también hay cabida para el miedo y sus sombras, para ese lado tenebroso que acecha al torero, empujándolo a renunciar a aquello que él mismo representa. En ese libro inaugural de este texto en el que se recogen las palabras de Ignacio Sánchez Mejias, recomendado para taurinos y antitaurinos, varias voces revolotean alrededor del toreo, y en él, Rafael de Paula afirma que torear «Es como prepararse para un viaje al más allá, y eso provoca temor y desasosiego. Antes de torear uno se encuentra como asaltado por lo desconocido y sin saber cómo va a ser capaz de reaccionar...». En ese viaje cabemos todos, los que asistimos a esa conjura por capturar sombras de arte y por desechar las sombras del miedo encontraremos respuestas a nuestras pasiones, y los que no deseen entrar, quizás, tras leer este libro, cambiarán parte de su ideario, entendiendo por ideas las puras y no viciadas por cuestiones políticas o intereses alejados del valor real de lo taurino.
Sin la Feria de A Coruña Pontevedra iza en solitario la bandera de una tradición gallega, de una pasión por un elemento artístico y festivo -aunque no esté en el programa de fiestas (¿?)- en el cual todos tienen cabida, taurinos y antitaurinos, porque todos somos toro y sombras.

Publicado en Diario de Pontevedra. 2/08/2014

Manuel Lozano, el pellizco del toreo.


«No podía negarme al pedírmelo mi hermano Eduardo». Y es que los Hermanos Lozano son un germen de complicidades con Pontevedra y entre ellos y su casi leyenda en la ‘última perla taurina de Galicia’, como escribió hace un par de jornadas Zabala de la Serna en El Mundo. Allí hablaba del verso suelto de la familia. Y el verso suelto es Manuel Lozano quien ayer compuso la figura ante un auditorio deseoso de encontrarse con el sinfín de anécdotas que, desde los años cuarenta, han ido trufando la vida de este hombre que fue veterinario, novillero, matador de toros, empresario y apoderado.... y hasta estudiante de cine.
Todo este bagaje fue el que desplegó ayer con el compás sobre el piso, de pie, alejado de un estrado al que no está muy acostumbrado este «chico de pueblo que quiso ser torero». Y así fue como la poesía se impuso a la geometría.
Todo empezó con aquel mozo, aficionado primero, empresario después, y apoderado más tarde. Tres estadíos inherentes al mundo del toreo que nace, como Ignacio Sánchez Mejías toreando desnudo bajo la luna. Es la ilusión del joven, del chaval que en 1945 hizo 140 kilómetros a lomos de una mula para ver torear a Ortega, Parrita y Manolete. Quizás ya todo lo que vino después sobraba. Aquello fue el esfuerzo y la felicidad, la pasión y el sueño.
Y se hizo novillero y gano sus pesetas, nada que ver con los novilleros de hoy. «si son apoderados de un novillero lo mejor que pueden hacer por él es decirle que lo deje». «Los novilleros no llevan gente a las plazas, porque no se les conoce, no salen en la Televisión y si no se les promociona la gente no los conoce y el empresario no los contrata». Hoy todo es fútbol y trabas económicas, y eso que «el Estado ha llegado a ingresar más a través de Hacienda por los toros que por el fútbol», afirmó Lozano.
Dejemos el dinero y volvamos a la poesía. Poesía contra geometría. Por que hay toreros que usan la geometría en sus pases y otros que son inspiración. Alma y sentimiento que se imponen siempre a la geometría. «Hay toreros que tienen pellizco», eso que otros llaman duende, los Curro Romero, Rafael de Paula o Morante de la Puebla. Ayer, Manuel Lozano, también tuvo pellizco.

Publicado en Diario de Pontevedra 2/08/2014

viernes, 1 de agosto de 2014

Feria de A Peregrina 2014. Pontevedra. Entrevista a Iván Fandiño y Miguel Ángel Perera

Si hay dos toreros que están haciendo de este año su año, estos son Iván Fandiño y Miguel Ángel Perera. Ambos parecen seguir un devenir similar, repleto de puertas grandes, que ha venido a representar su toreo actual pero siempre con el ojo puesto en un imprescindible pasado. San Isidro y Madrid les impulsaron a una gloria que llega a Pontevedra.



Feria de san Isidro 2014. Dos hechos quedan ya para el imaginario de la feria taurina más importante del mundo. El primero de ellos sucede cuando el torero Iván Fandiño arroja su muleta a la arena y entra a matar desprotegido, arrojándose entre los pitones de su oponente; el segundo tiene lugar cuando Miguel Ángel Perera, en su segunda tarde de la feria, y tras haber abierto la puerta grande en la primera de ellas, repite ese éxito de manera consecutiva. Ambos toreros se erigieron en los dos grandes triunfadores de San Isidro, puertas abiertas al cielo del toreo y un empujón para lo que resta de temporada. A partir de ahí no han dejado de salir en volandas allá por donde han ido. Más temperamental el vasco y más introspectivo el extremeño, ambos representan un nuevo toreo fundamentado en el respeto a la tradición y a un clasicismo que interpretan de manera personal. El próximo domingo, ambos comparten cartel en la Feria de A Peregrina, junto a Julián López ‘El Juli’ con toros de Victoriano del Río. La ganadería que sirvió a Miguel Ángel Perera para su primer triunfo madrileño será la que ponga los oponentes ante dos de los toreros que están en un mejor momento.
‘Y viene para quedarse’ fue el titular que elegí para referirme a su última actuación en la Plaza de Toros de Pontevedra. En pocos toreros como en usted se ha visto en los últimos años esa intención de hacerse un sitio en el escalafón, ¿no es cierto?
Bonito titular. Es verdad que mi situación y mi ascenso ha sido desde abajo y conquistando cada metro. Así debió de ser siempre en el toreo, aunque cada vez sea menos frecuente. Desde luego me siento muy orgulloso de lo conseguido e ilusionado con lo anhelado.
No solo se ha quedado, sino que está peleando por ocupar un puesto de privilegio. De hecho esta temporada, como la anterior, está mostrando a un Iván Fandiño pletórico. ¿Cómo se siente usted?
Tranquilo y seguro de mí mismo. Sé que la gente me espera y también sé lo que debo darles. Procuro pensar en mañana y no en pasado.
Y de nuevo con Madrid como trampolín para demostrar sus virtudes con un triunfo que revalida el del pasado año. ¿Qué importancia tiene ese éxito madrileño para su carrera?
Madrid es clave en el toreo y en mi caso, si cabe mucho más. La puerta grande es el sueño desde niño y espero repetirla pronto.
¿Cómo se puede explicar, si es que se puede, que en un momento determinado y ante un toro se decida a desprenderse de la muleta a la hora de entrar a matar?
No se puede explicar, me guió mi instinto. No he venido aquí para ganar dinero ni para ser figura, he venido para pasar a la historia. Y la historia la escriben los héroes.
¿Eso se hace por torería, por demostrar valor, por asegurarse un trofeo al precio que sea?
Eso se hace por uno mismo.
Pero además de ese gesto la temporada ha venido llena de momentos de buen toreo y de triunfos. ¿Cómo se ve usted en relación al pasado año?
En continuo crecimiento. Más maduro y mejor. Pero nunca quiero perder la inocencia de la ambición. Es parte de mi toreo y echar la moneda al aire es lo que distingue a los hombres de los héroes.
Tres años consecutivos en Pontevedra, y en los dos anteriores con instantes muy importantes. ¿Supongo que entenderá que la afición de esta ciudad lo está acogiendo como a uno de sus ídolos?
Me encanta Galicia, me encanta Pontevedra y me encanta La Peregrina. Siempre me fue bien y me siento bien acogido. Es una de las ferias marcadas en rojo en mi calendario. Espero poder seguir alimentando la comunión que siento con el público.
¿Qué recuerdo tiene o que valoración puede hacer tras esas experiencias del ambiente de la plaza de toros de Pontevedra?
Es una plaza distinta. Alegre, sentida, cariñosa. También creo que la casa Lozano tiene mucho que ver en lo que Pontevedra significa en el toreo.
Y en esta ocasión por fin dentro de un cartel de tronío, a mí me parece que el más importante de la Feria. ¿Tanto cuesta poder hacerse sitio en un cartel de figuras? ¿A qué razones responde esa dificultad?
Toreo con muchas figuras a diario. Juli, Fandi, Perera, Padilla, Castella, Talavante... son toreros con los que suelo alternar. Me preocupa poco quién tengo a los lados, yo voy a lo mío. Sobre las razones de por qué alterno más con unos que con otros, no las sé. Ni me importan...
Dentro de ese cartel, su participación con otro de los triunfadores de San Isidro, Miguel Ángel Perera, mantiene una sana rivalidad a lo largo de la temporada. ¿Cómo valora el toreo de Miguel Ángel Perera?

Es un torero con una gran técnica y que domina como pocos los terrenos de cercanías. Además se encuentra en un gran momento.

Cinco orejas cortó Miguel Ángel Perera en sus dos tardes de éxito isidril. Una auténtica barbaridad que puso Madrid patas arriba y confirmó, por fin, lo bueno que venía haciendo este diestro, nada dado a la ostentación, durante las últimas temporadas. Tras un sinfín de puertas grandes llega a Pontevedra para continuar la racha y afirmar su figura.


¿Se está acercando Miguel Ángel Perera a ese torero con el que soñó ser cuando era niño?
Mira, después de lo de Madrid de este año, siempre digo que me he sentido más cerca de Dios. Yo creo que esto que me está pasando está por encima de cualquier sueño. Nunca imaginé tanto.
¿Qué siente que está marcando la diferencia con el torero de temporadas pasadas?
Este 2014 viene a refrendar un poco las dos temporadas anteriores. Desde 2012, la línea está siendo la misma. Fueron dos temporadas muy importantes en mi vida, aunque no cabe duda de que la que está teniendo repercusión es la de este año, por lo macizos de algunos de los triunfos.
Y lo más satisfactorio quizás sea el conseguir estos triunfos sin traicionar algo que me comentó hace dos años, ante su debut en la Plaza de Toros de Pontevedra, el torear con honradez.
Mira, yo soy una persona que tengo muchos defectos, pero no el de la falsedad. Se torea como se es. Y yo me tengo por un hombre sincero, que va de frente. No concibo ser, ni en la vida ni en el toro, de otra forma que no sea ser honrado.
¿Se puede explicar con palabras la sensación de salir dos veces consecutivas por la puerta grande de Madrid?
No, es imposible. La primera tarde, cuando me concedieron las dos orejas, las besé, porque sentí que era la recompensa a mucho esfuerzo, a muchos sueños e ilusiones. Después corté una tercera, que hizo más rotunda si cabe aquella puerta grande. Que Madrid se rompa así con uno es un auténtico milagro, ¡se tienen que dar tantos condicionantes!, que cuando lo propicias, no te cambias por nadie. Lo de la segunda tarde fue algo que jamás pude creer que fuera a suceder. No por falta de seguridad en mí mismo, que la tenía al cien por cien, sino porque no te puedes imaginar que lo puedas lograr dos tardes consecutivas. Por eso te he dicho al principio que, lo más que te puedo verbalizar de aquel sentimiento es que creí estar más cerca de Dios.
Y ese peso de la responsabilidad obtenida tras lo sucedido en San Isidro, ¿cómo se traduce en las ferias posteriores para que no se convierta en un lastre?
Es imposible que sea un lastre; al menos, yo no lo veo así. Aquello me ha dado una fuerza y una motivación increíbles. Estoy seguro de lo que hago, del momento que atravieso. Sigo entrenando al nivel de siempre, y lo veo claro. Tengo más ilusión que nunca.
De hecho, parece que usted lo ha asimilado como un acicate para su toreo y rara ha sido la tarde en la que no ha salido en volandas de la plaza.
Desde la tarde del 23 de mayo hilvané nueve puertas grandes seguidas. Chafó la racha el lote de Alicante, que salió muy malo. Después vino otra racha buena, con Teruel, Santander. Pero tampoco en Valencia, ahora, en la Feria de julio, la cosa pudo ser. Estoy satisfecho con los datos estadísticos, no te lo voy a negar, pero no me quitan el sueño. Sé que estoy en un momento bueno, y muy seguro de mí mismo.
¿Me imagino que estará deseando que en Pontevedra siga esa racha y vuelva, como lo hizo el pasado año, a salir a hombros?
Ojalá que embistan los toros, si Dios quiere.
En aquella tarde usted dejó en esta plaza un aroma de toreo muy largo, de pies muy juntos pasándose al toro muy cerca. Un toreo de gran profundidad que, con el acierto en la espada, dejó un sabor de boca muy bueno entre el aficionado, que espera volver a verlo en esa línea. ¿Qué recuerda de esa tarde en Pontevedra?
Fue una tarde bonita. Salimos a hombros los tres, y tanto Juli como Talavante y yo estuvimos a un buen nivel. Yo, personalmente, anduve muy a gusto con los dos toros. Al primero lo cuajé por la izquierda, que fue el mejor pitón. Al segundo le hice un quite por gaoneras y tafalleras que caló muy bien en el tendido. Tuvo buen pitón derecho, y le pegué una buena estocada.
Y este año, además, forma parte del que yo creo que es el gran cartel de la Feria de A Peregrina junto a El Juli e Iván Fandiño. Tres de los toreros actualmente en mejor forma y sobre todo junto a Iván Fandiño, en lo que parece el ‘duelo’ más atractivo en esta temporada taurina. ¿Qué me puede decir del toreo de Iván Fandiño y de esa alentadora competencia que mantienen?
Sin duda alguna, creo que es un cartel muy atractivo por los toros y el nivel de los tres toreros. Con Iván Fandiño he toreado en bastantes ocasiones. De hecho, la temporada pasada lo hicimos mano a mano dos tardes, una en Dax, y otra en Bilbao. No mantengo con él mas competencia ni menos que con el resto de mis compañeros. Todos salimos al ruedo a jugarnos la vida y a ganar la partida.
A usted siempre le ha preocupado la relación del toro con la sociedad, ha incidido mucho en la capacidad didáctica del torero para aproximar ese mundo al más o menos aficionado y nunca elude participar en actos que trabajen ese aspecto. ¿Desde su experiencia cree que se ha evolucionado en ese apartado?
Pienso que cualquier paso que se dé en esa dirección siempre trae algo bueno. Mi experiencia en cada acción que he realizado no ha podido ser mejor acogida. Desde los más pequeños hasta los universitarios, todo lo que hemos organizado para ellos ha tenido una gran respuesta. Se está sacando el toro a la calle, y los niños juegan como lo hacíamos nosotros hasta no hace mucho tiempo. Los grupos de jóvenes taurinos están haciendo una buena labor, con la ayuda de algunos empresarios que se implican a la hora de poner abonos a precios asequibles. Algunos toreros hemos, o bien regalado o bien financiado el 50% de las entradas en algunas ferias para jóvenes de hasta 30 años. Creo no equivocarme, pero cada vez veo más gente joven de nuevo en la plaza. Estamos en el buen camino, pero no cabe duda de que hay que seguir cosechando en ese aspecto. 

Publicado en Diario de Pontevedra 1/08/2014