sábado, 26 de julio de 2014

15 años después




Claudicaba el mes de julio de 1999, aquel julio representado para la historia de nuestra ciudad en el bastón de mando de Miguel Anxo Fernández Lores poniendo con él, enhiesto, remate a años y años de gobiernos populares, de Rivas Fontán y de otros. Pero en aquel julio, del último año Xacobeo del siglo XX, Pontevedra inauguraba, no solo una nueva época, sino también lo que se conoce como Illa das Esculturas.
Ya han transcurrido quince años desde aquel hecho y la ciudad no cabe duda de que no es la misma, y por mucho que se empeñen algunos, podemos afirmar que es mucho mejor. Todo un proceso de regeneración vital que la capital pedía a gritos con un alcalde que se ha bañado en ese Lérez que tendría que ser el canal de vida de esta ciudad, algo que poco a poco van comprendiendo nuestros políticos, siendo precisamente esas aguas de las que emerge este rincón cultural inventado de la nada por Antón Castro y Rosa Olivares, comisarios del proyecto, al que esta ciudad, y con tres lustros encima, no ha sabido sacar todo el partido que se merecía.
Aquellos días previos y frenéticos tuvieron en la Escola de Canteiros un aliado imprescindible para honrar al granito, una de las almas de nuestra Galicia, un corazón en piedra que late desde iglesias, ‘valados’ o cascos históricos y que aquí simboliza ese respeto a la tradición que nos ha conformado a nosotros mismos. Desde esa piedra el arte se inserta en la naturaleza, en un eterno retorno a la madre del ser humano, a la inspiración de tantos y tantos creadores desde la Prehistoria hasta hoy. Durante aquellas jornadas, ser el escenario de la creación de los doce proyectos que la integran de la mano de varios de los mejores artistas del mundo, como Giovanni Anselmo, Fernando Casás, José Pedro Croft, Dan Graham, Ian Hamilton Finlay, Jenny Holzer, Francisco Leiro, Richard Long, Robert Morris, Anne & Patrick Poirier, Ulrich Rückriem y Enrique Velasco, fue todo un orgullo para esta capital que se inscribía, desde ese momento, en el selecto grupo de ciudades con un recinto de este tipo.
Fueron esos nombres, salidos de los manuales de escultura contemporánea, ligados al Land-Art, los que se dieron cita en el que quizás haya sido el más importante proyecto artístico realizado en Pontevedra, junto con alguna edición de la Bienal de Arte, por cierto, ¿alguien se acuerda de las Bienales de Arte de Pontevedra? Y es que, como con esta Illa, cuando damos con un elemento diferenciador nos empeñamos en despellejarlo y en no darle la consideración que merece, privando a la ciudad de un escaparate que difunda su imagen de una manera actual y atractiva, y con el lujo de despreciar eso que ahora está tan de moda, como es el turismo cultural y sus réditos económicos.
Los museos de toda España deberían tener en su recepción folletos o guías que difundan ese conjunto, su imagen debería estar presente en suplementos culturales y en publicaciones relacionadas con el mundo del arte y aquí se debería trabajar con ese espacio como un lugar de reflexión para el ciudadano y las últimas tendencias artísticas. Conferencias que expliquen el proyecto, la realización de visitas de una manera sostenida, publicaciones sobre la misma, la organización de congresos en torno a la relación arte-naturaleza o pensar en su ampliación con nuevos creadores, deberían formar parte de una apuesta decidida por un espacio al nivel de los diversos y valorados recintos escultóricos al aire libre que existen en el mundo. Un cofre pétreo que emergió del fondo de un río que podría reflejar a una ciudad orgullosa de sus tesoros y que, a lo largo de estos quince años, solo ha visto desafecto hacia un arte que, como tantas manifestaciones artísticas, no hay que intentar entender, simplemente relacionarse con él, vivirlo y disfrutarlo. Y pocos espacios existen en la ciudad mejores para el disfrute que ese, reformado recientemente como un magnífico lugar para el paseo, pero en cuya mejora, las esculturas, inquilinas silenciosas, han visto, en muchos casos, como se modificaba su espacio más próximo, interfiriendo así en su realidad y concepción original.
La clave está en uno de esos sonetos de Petrarca escogidos por Ian Hamilton Finlay, que cuelgan de varios medallones al fondo de la illa, en el lugar más recóndito: “Con pasos tardos, lentos, voy midiendo/pensativo los campos más desiertos,/ con los ojos abiertos evitando/encontrar huella humana en el camino”.


Publicado en Diario de Pontevedra 26/07/2014
Imagen:  Francisco Leiro trabajando en 1999 en su pieza de la Illa das Esculturas. (R. Rozas)

domingo, 20 de julio de 2014

Paraísos


«Por eso recuerdo las cuatro bibliotecas que perdí para siempre, porque cada vez que tuve que irme dejé todo atrás, y hoy, aparte de personas que fueron así y ya son de otra manera, lo que más lamento es la ausencia definitiva de los libros...» (Juan Carlos Onetti en ‘El escritor en su paraíso’.)


Es tiempo de buscar paraísos, de ir acá y allá a la búsqueda de un descanso que se confabule contra la cotidianeidad. Desde las agencias de viajes o a través de anuncios en prensa, no tantos como debiera, por cierto, se empeñan en colocarnos bajo unas palmeras o con los pies en remojo en algún lugar, normalmente idénticos entre sí, siempre manejándose entre un sol abrasador y el agua. Pero hay otros paraísos, estos sin necesidad de subirnos a un avión o de tener que hacer kilómetros y kilómetros en nuestros coches, ¡y al precio que está la gasolina! Paraísos sin arena, paraísos que aunque parezcan cerrados se abren al mundo de una manera como ningún viaje puede alcanzar. Esos paraísos son las bibliotecas.
Leo durante estos días ‘El escritor en su paraíso’, de Ángel Esteban, escritor y catedrático de literatura, publicado por la lúcida y vibrante editorial Periférica y viajo gracias a ese libro hasta la compañía de numerosos escritores que, a lo largo de su vida, trabajaron durante más o menos tiempo en alguna biblioteca. Una relación que los marcó para siempre y que influyó de manera decisiva en su forma de entender su obra y la literatura. Borges, Lewis Carroll, Rubén Darío, Goethe, Stephen King, Juan Carlos Onetti, Georges Perec, José Vasconcelos o Mario Vargas Llosa, son solo algunos de los creadores que avivaron su imaginación gracias al contacto durante horas y horas con los que para ellos eran sus paraísos, más que sus centros de trabajo. Autores de tiempos diferentes, de geografías distantes entre sí, pero todos ellos unidos por ese paraíso en forma de lugar donde se guardan libros y dentro de ellos historias y pensamientos que hacen que nuestra civilización avance. Esas bibliotecas se han volcado en sus obras y han germinado como lo pueden hacer en nosotros mismos. Entrar en una biblioteca es uno de los grandes placeres que la historia y el progreso nos brindan al ser humano, de hecho, varios de los autores aquí seleccionados han sido capitales a la hora de plantear la función de estos centros de cultura y su obligatoria relación con el ciudadano.
Pienso en la Biblioteca Pública de Pontevedra y no dejo de recuperar pensamientos felices de contacto con sus tesoros, de horas leyendo cómics en su anterior sede del Paseo de Colón, o de jornadas de estudio o lectura de sus bien surtidos y siempre renovados fondos. Ahora son mis hijas las que me instalan en ese círculo vital y las que cuando rebuscan entre sus estanterías me recuerdan un pasado que cada vez se aleja más rápido. Pero también pienso en la urgencia que tiene esta ciudad de crear otro edificio con fines similares, quizás más adaptados a las necesidades de este siglo XXI y dirigido a un nuevo público, que sirva tanto para descongestionar la sede de Alfonso XIII, como para acercar esas utilidades a puntos de la ciudad que ya se quedan muy alejados de ese edificio. Elección tras elección no entiendo como ningún político local hace de la lucha por una nueva biblioteca una de sus banderas en una ciudad con más de 80.000 habitantes y una única biblioteca pública.
Sigo recuperando paraísos en forma de bibliotecas en mi vida, y como no, ahí emerge como una hermosa isla en medio del océano la biblioteca de la Facultade de Xeografía e Historia de la Universidad de Santiago de Compostela. Pocas tan hermosas, pocas tan inspiradoras, pocas tan necesarias para explicar tantas cosas. Todavía a uno le tiembla el cuerpo al ver una imagen de su sala de lectura alumbrando así los recuerdos universitarios de horas de estudio, de miradas, no siempre dirigidas a los libros o apuntes, en definitiva, de descubrir tantas y tantas cosas sin las que hoy uno no sería el mismo.
Bibliotecas que funcionan como un paraíso a la espera de nuestras incursiones. No digo yo que no se vayan de vacaciones, no, pero antes pásense por una de ellas, déjense arrastrar por su inmensa capacidad de fascinación y disfruten, como esos escritores que partieron de sus paraísos para regalarnos el suyo.


Publicado en Diario de Pontevedra 19/07/2014

miércoles, 16 de julio de 2014

Riéndose entre bastidores



No deja la joven editorial Ardicia de sorprendernos con textos sacados del olvido a través de la recuperación de escritores con los que el tiempo no ha sido especialmente agradecido. Y lo hace de la mejor manera con la que se debe honrar a un escritor, como es la publicación de sus libros.
Uno de esos nombres olvidados es el del portugués Álvaro do Carvalhal (Argeriz, 1844- Coimbra, 1868). Solo 24 años de vida en los que escribió varios relatos por los que merece ser recuperado y conocido. Entre ellos, quizás el mejor sea el que se nos presenta ahora, ‘Los caníbales’, un relato a camino entre el cuento y la nouvelle en la que Álvaro Do Carvalhal deja patente su dominio de un género que estaba inundando Europa de un toque de modernidad de la que él mismo puede ser considerado un precursor en la Península Ibérica.
No eran muchos los conocedores en aquel momento de la literatura de Edgar Allan Poe o de Hoffman, pero este muchacho ya las manejaba e intuía en ellas un camino que podría ser interesante para su trabajo. Ello, unido a una visión muy amplia de la literatura con aproximaciones a la mitología griegas a los poetas latinos clásicos o a las referencias europeas de Cervantes, Shakespeare, Voltaire, Goethe, Dumas o Balzac imprimieron a su obra una solidez que es la que le permite salir a flote en estos momentos.
‘Los caníbales’, cuenta la historia de una joven pura, enamorada de la figura de un hombre demasiado viejo y con un secreto, todo ello mientras deja de lado a un enamorado joven que no entiende esa relación. La trama se verá envuelta de una dosis de misterio, de un velo romántico que todo lo envuelve y con el que el autor se permite entrar directamente en confrontación y debate con su propio texto. Una interesante propuesta, en la que el propio escritor, al tomar la voz del narrador, reflexiona sobre su trabajo: «aprovechando mis privilegios de narrador, me río entre bastidores». Esa situación, junto a la atmósfera que alcanza a medida que se suceden los capítulos, es la gran aportación de Álvaro Do Carvalhal, y donde también se puede extraer una implicación con la sociedad del momento, con ese tiempo crepuscular que se iba cerrando, de una aristocracia calavérica que estaba siendo engullida por la burguesía, nueva clase social que se haría pronto con el dominio social.
El humor negro, la parodia y un cuidado lenguaje que nos trasladan a esa literatura ejemplar del siglo XIX, conforman la ventura de este descubrimiento, de la puesta en valor de un autor tan cercano a nuestro país como desconocido para muchos que celebramos su aparición, así como el valor editorial por rescatar a estas estatuas de guantes puestos, a las que ya era hora ver despojadas de ellos.

Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 13/07/2014



lunes, 14 de julio de 2014

'Os méritos de Filgueira Valverde son desbordantes. Tenos todos'


A elección de Xosé Filgueira Valverde como persoeiro ao que adicar o Día das Letras Galegas 2015 xerou un balbordo mediático arredor da súa figura. Entre as moitas persoas achegadas a el, falar con Xosé Carlos Valle e falar de máis de 40 anos de relación en común, dende o vencello mestre alumno, ata as tarefas de dirección do Museo de Pontevedra.


O ACHEGAMENTO Á FIGURA de Xosé Filgueira Valverde nunca estaría completo se non se fai dende a mirada e a memoria dalguén que compartiu con el máis de corenta anos de adicación á cultura e a Pontevedra, dous dos alicerces do quefacer de Xosé Filgueira Valverde. Así aconteceu dende os anos sesenta, cando foi alumno seu no Instituto, agora coñecido como Valle-Inclán, e así continuou posteriormente pola súa relación no Museo de Pontevedra, do que Carlos Valle foi director adxunto dende o ano 1981 ata 1986 no que asumiu a súa dirección. Orgulloso de continuar a súa obra ao fronte desa emblemática institución cultural, Xosé Carlos Valle celebra a elección dunha figura con méritos máis que suficientes para ser a quen se lle adique o Día das Letras Galegas 2015.
Cando comenzou a súa relación con Xosé Filgueira Valverde?
Pois como para tantas outras persoas no Instituto de Pontevedra. Eu estudiei bacharelato entre os anos 1963 e 1970. Naquel Instituto de Pontevedra, hoxe Instituto Valle-Inclán, don Xosé era o director. Estando en terceiro no Museo de Pontevedra existía a figura dos Alumnos Colaboradores (unha iniciativa pioneira nas institucións culturais no Estado), invitándome don Xosé Figueira nesas vacacións a incorporarme con doce anos, e dende entón xa se me inoculou o ‘virus Museo’, e ata hoxe.
Tras a Licenciatura regresa a Pontevedra e volve ao Museo
Si, ao rematar a carreira volvín a Pontevedra un tempo, fixen o servizo militar e regresei á Universidade de Santiago cunha beca a facer a miña Tesis Doutoral. No ano 1980 tiven que tomar a difícil decisión de continuar os estudos fora de Galicia ou retornar a Pontevedra, como me pedía don Xosé Filgueira, e unha persoa que xa non está, e á que eu creo que debemos ter moi presente á hora de falar do Museo, don Alfredo García Alén. Pois dalgunha maneira, xunto co meu pai, me pediron que non marchase ao estranxeiro, rexeitando ofertas, e así foi como me quedei en Pontevedra. Unha decisión da que non me arrepinto, e aínda que o fixera non serviría de nada.
Cómo era o trato humano con Filgueira Valverde?
Era unha persoa amable, sempre disposto a informar. Moi xeneroso, esixente, pero iso non é malo. Era unha persoa dunha extraordinaria calidez, nas distancias curtas era alguén moi sensible. Sempre estaba disposto a colaborar, non ocultaba informacións, quero dicir que non era dese tipo de individuos que sabían algo e non cho dicían no vaia a ser que ti te adiantases nalgún estudo. Procuraba tamén estar sempre ao día do que acontecía e citaba sempre a fonte cando facía algunha explicación pública.
Cómo definiría os seus méritos para que se lle adique o Día das Letras Galegas?
Desbordantes, creo que os ten todos. No Día das Letras Galegas conmemórase non só aos que traballan coa lingua, senón tamén aos que traballaron coa cultura de Galicia. Dende ese punto de vista foi unha das grandes personalidades da Galicia do século XX; como polígrafo, como coñecedor do ser da esencia de Galicia, non hai dúbida sobre a súa escolla. Creo que non é casualidade que fora un especialista en Sarmiento, o seu descubridor, a el adicou o seu discurso de ingreso na Real Academia da Historia. Por qué? Porque facendo a máxima dos humanistas: «Se nada humano lles resultaba alleo», a el, «nada susceptible de ser relacionado con Galicia lle era alleo». Unha das persoas con máis vastos coñecementos que eu coñecín.

E nunha produción tan heteroxénea a qué lle daría máis relevancia vostede?
A el interesáballe todo. E boa proba a temos neses estupendos libros titulados xenéricamente ‘Adral’, nos que se facía unha compilación de textos, e aí daste conta do seu interese por moitísimos aspectos, pero se tivésemos que destacar campos moi concretos coido que ante todo sería o da Lírica Medieval. Foi un dos grandes especialistas nese eido, empezou moi novo a publicar sobre Cantigas de Santa María, e a súa Tesis de Doutoramento, defendida en 1936, continúa aínda hoxe sendo un material de referencia sobre o tema. Foi unha persoa que non tivo reparos en facer estudos de conxunto, cando non había case nada feito antes, así como en abrir novos campos. Con dezasete anos foi, aínda non os cumprira, un dos fundadores do Seminario de Estudos Galegos, participando nos equipos das famosas ‘xeiras’, el mesmo fixo labores de campo. E na docencia, o mesmo podía expoñer unha lección ante un sofisticado auditorio como chegarse ante xente máis cativa, tiña a virtude de de modificar o seu rexistro dependendo de ante quen falase.
Fala desa capacidade didáctica e como ensinante, algo que semella chocar coas críticas que fan algúns sobre que a súa obra ou a súa figura non teñen aplicación no sistema escolar de cara ao fomento das Letras Galegas.
Quen diga iso descoñece o esencial da súa produción como creador literario, [di o Director do Museo, mentres colle na man o voluminoso catálogo que se lle adicou a Filgueira Valverde no ano do centenario do seu nacemento en 1996, como complemento dunha exposición no Museo de Pontevedra]. Mira algunhas destas obras: ‘Os nenos’, prosa adicada a nenos; ‘O vigairo’; ‘Agromar’, teatro escolar galego; ou ‘Quintana viva’. Quen diga que non ten aproveitamento dende o punto de vista didáctico ou do ensino é que descoñece o seu currículum. Todo isto é bastante máis amplo, por moi importante que sexa a obra do poeta a quen se lle adicou este ano, dende o punto de vista da cantidade. E incido, a Real Academia Galega non só está composta por persoas que traballan literatura ou poesía, hai historiadores, científicos, xentes doutros ámbitos, e no caso de Filgueira foi un humanista e a maiores foi creador literario en prosa e en verso, así como historiador da literatura galega.
Falar de Filgueira Valverde e do Museo de Pontevedra é falar dunha mesma identidade así como doutra das súas achegas?
Sen dúbida. A relación aparece ao tomar forma o Museo, el foi secretario técnico do padroado fundacional pasando por todo o escalafón ata ser Director Emérito. O crecemento físico, cos diferentes edificios, acompañouse co crecemento dos fondos, amosando unha diversidade de intereses, isto é importante, xa que nos propios estatutos faise constar esa variedade que conforman os fondos hoxe do Museo. Esa comenencia que tiña por todo tamén se explicita no Museo, como todos aqueles que procederon da Sociedade Arqueolóxica e que tiñan ben claro que sería tamén un centro de investigación. Contouse así cunha biblioteca e un arquivo, tanto documental como gráfico, e iso poñíase a disposición da colectividade.

E neses fondos está toda a súa obra?
Si, el era moi coidadoso e gardaba absolutamente todo o que caía no seu poder. Unha parte moi importante da cultura galega do século XX está no seu arquivo, e ademais de xeito autobiográfico, xa que foi protagonista da maioría deses acontecementos culturais. Foi Conselleiro Adxunto para asuntos de cultura no primeiro Goberno Autónomico de Galicia, pero tamén figura destacada no Seminario de Estudos Galegos, so por citar dúas referencias afastadas no tempo.
O Museo de Pontevedra e a propia cidade estarán no centro da atención durante todo este ano,
Si, é unha das moitas cousas que se lle teñen que agradecer a súa figura. Entre os moitos motivos que ten para lucirse esta cidade terá o de estar en permanente actualidade ao longo deste ano.
«O que eu desexo é que a súa figura sexa coñecida por todos e por todo»
De qué nos vai a servir este ano arredor da súa figura?
O que eu desexo é que a súa figura sexa coñecida por todos e por todo. Por todos, non só polos especialistas, senón que sexamos quen de difundir a súa figura en tódolos ámbitos. E por todo, por que coñezamos todo o que fixo. Por exemplo, hoxe presumimos moito do Casco Histórico de Pontevedra, pois cando o desarrollismo, tan nocivo para o noso patrimonio estaba ameazando o ser máis íntimo da cidade, como é o seu corazón, el soubo defendelo, e iso é algo que non se lle recoñece. Non foi so el, houbo otras persoas, claro, pero si que tivo o seu protagonismo.
Dende que se coñeceu a súa designación dende varios sectores criticouse a súa escolla. Entende esas críticas?
Non as entendo. Respetoas e estou seguro que dentro dun ano, cando se coñeza ben o seu pensamento e a súa actuación, gran parte dos seus detractores acabarán recoñecendo que se equivocaron. Emplazámonos para dentro dun ano e verás.
Hai cousas que lín nestes días e ata onde eu sei non son reais. Fun moitos anos alumno seu, e coñezo a moitos que tamén o foron. Cómo se pode dicir que no permitía falar en galego nas aulas! Gran parte dos meus compañeiros procedían do rural, galego falantes. e eu nunca asistín a esa prohibición e levo uns días preguntando a excompañeiros se nalgún momento o escoitaron e ata agora non atopei a ningún. E volvo a Sarmiento, un avanzado no século XVIII que defendía a educación na lingua materna, como era a nosa. Filgueira tamén insistía nesa educación, de feito unha das súa fillas fixo a súa tese de Licenciatura sobre ‘O ensino na lingua de Sarmiento’.
Nalgún momento nesa relación de confianza falaron sobre eses capítulos que se lle botan en cara estes días, como a súa saída do Partido Galeguista, a súa ausencia no xuízo a Bóveda ou o ser alcalde no franquismo.
Sobre todo nos seus últimos dez anos acabei converténdome, en palabras dos seus propios fillos, no seu sexto fillo. Falabamos absolutamente de todo, sen reparos. As súas posturas eran moi claras, e todas son susceptibles de crítica, como as túas ou a miñas. A saída do Partido Galeguista está perfectamente explicada por Xosé Ramón Barreiro; foi alcalde de Pontevedra no franquismo, non un alcalde franquista, e emprego as palabras do profesor Xesús Alonso Montero, nunca actuou como tal. E o de Bóveda é un mito que ven dun libro moi mal fundamentado, e a mellor demostración é a relación da familia Bóveda con Filgueira Valverde. E outro dato, Xosé Sesto, foi a última persoa que viu con vida a Bóveda, e despois da súa morte foi amigo fraternal de Filgueira. Se houbera algo diso que se di, Xosé Sesto non lle miraría á cara o resto dos seus anos.


Publicado no Diario de Pontevedra 13/07/2014
Fotos: Lorena Castro e Arquivo Diario de Pontevedra

domingo, 13 de julio de 2014

Un tempo escondido

«Case cincuenta anos despois, debruzado na varanda do meu balcón, descubro a cidade case durmida, reflectida no río que discorre calado aos meus pés, entre as barcas dun peirao deportivo. O río xa non é tema para o cantar dos poetas. Agora a súa masa de auga vai devagar, amodo, sen atender outra razón que ir morrer no mar que espera máis aló de Marín.» (‘Crónica dun tempo escondido’.Sabino Torres. Editorial Galaxia.)


Chega o verán e seguro que nestes días veremos a Sabino Torres camiñar polas rúas e prazas de Pontevedra. Sabino Torres é un home alto, de abondoso pelo branco, fraco e cun porte elegante, deses homes que o tempo semella ter conxelado para que saibamos o que significaba a distinción noutros tempos. Entre que chega ou non chega este tardío  verán o que si chegou foi o seu último libro ‘Crónicas dun tempo escondido’, un exercicio memorialístico sobre Pontevedra entre 1930 e 1960. Para as xentes de Pontevedra esta obra xa é imprescindible, unha fiestra aberta a un pasado en branco e negro que esvara entre os dedos das nosas mans converténdose nun polvo xa irrecuperable. Só a memoria de Sabino Torres, nacido en 1924, pode suxeitar esa area para que dela medre o recordo. Un recordo que nos servirá a todos nós para recoñecer a nosa cidade e colocala ante ese espello do esquecemento.
Percorre Sabino Torres unha Pontevedra de tres décadas que xurde coa sublevación militar que o colleu sendo un neno, un neno nacido na Rúa Nova de Abaixo que xogaba as bolas na alameda cando os seus ollos asomáronse, quizais por vez primeira, ao medo e o horror. Aquela Pontevedra sucumbiu ben rápido ao alzamento, pero a esa rapidez sucedeulle o horror dos anos seguintes, a represión e os axustizamentos. Estremece ler como aquel neno escoitaba os disparos que, procedentes de A Caeira, estouraban no silencio para dar conta dos fusilados.
A vida de Sabino Torres desenrolouse nesas tres décadas que o suxeitaron en Pontevedra, antes das súa marcha a Madrid para desenrolar outras tarefas diferentes ás que aquí o ocupaban. Ata alí chegou levando as maletas cheas de frustracións e desconcerto ante o pouco que en Pontevedra se apoiaban as súas empresas, tan necesarias para darlle un pulo a esta cidade gris durante tanto tempo. As súas iniciativas musicais, xornalísticas ou de edición poética topáronse co silencio de moitos, un silencio que alguén como Sabino Torres cansouse de soportar. Este libro pon sobre a mesa moitas daquelas iniciativas, plantexando como se puxeron en marcha aventuras xa imprescindibles como os xornais ‘Ciudad’ ou ‘Litoral’, ou ese milagre literario: a colección de poesía Benito Soto. Poesía en galego que alumeaba na longa noite de pedra.
Ese facho o autor tamén o leva para dar luz a espazos da nosa vida en común, os faladoiros do Café Savoy, os murais de Laxeiro no Café Moderno, a Coral Polifónica, a presenza en Pontevedra de Celso Emilio Ferreiro, os seus amigos Álvarez Negreira ou Cuña Novás... estampas dunha paisaxe que se converte na crónica dese tempo escondido, dese tempo perdido e recuperado nas páxinas deste libro no que se agochan moitos dos soños dun mozo que ficaron mudos entre as pedras desta Pontevedra capaz, como unha moza, de namorar, pero tamén de volverte tolo.
Non dubiden de que cando vexan a Sabino Torres camiñar coas mans entrelazadas á espalda ou amansando ese cabelo branco e irreverente, reflexo daquel mozo inquedo, a de ir dándolle voltas a moitas daquelas aventuras pero tamén a algunhas que retomou nestes tempos, pero a maior teima é que, neses paseos ao solpor, co recordo dos que xa non están a camiñar canda el, Sabino Torres pense nel e na súa cidade. Esa Pontevedra de pedras húmidas e vellas nas que medrou un mozo e se fixo un home. Alguén que descubriu que a vida era un xogo nada fácil no que a felicidade era un sorbo que se bebía dun grolo ou un sombreiro que, como no poema de Walt Whitman, «un se pon como lle dá a gana», e que agora fai un axuste de contas con ela. A muller que tanto quere e a que máis o fixo sufrir, pero tamén seguro que a que máis amou e aínda ama, o seu nome: Pontevedra. 

Publicado no Diario de Pontevedra 12/07/2014
Fotografía. Arquivo Gráfico Museo de Pontevedra

domingo, 6 de julio de 2014

Venteando interiores


Han sido ya varias las aproximaciones que he realizado a este texto febril, descarnado y punzante desde el mes de marzo, en el que conquistó el prestigioso Premio Loewe de poesía. Aproximaciones de esas que hace tiempo no te encontrabas a la hora de establecer una relación con un libro y su posterior comentario, ya que tras su lectura uno se siente vacío y azorado por la fuerza de las palabras y lo descarnado de lo que en él aborda su autor, Antonio Lucas.
«Todo estaba pactado menos la poesía», escribe en uno de sus poemas, y en esa frase se resume de manera brillante la capacidad de la poesía para convertirse en lo inesperado, en ese abismo ante el que uno se planta en la búsqueda de preguntas más que de respuestas. La poesía no entiende de comodidades, menos aun si se ejercita como lo hace alguien que emplea su literatura para enfrentarse a la sociedad y a sí mismo.
Antonio Lucas, reconocido periodista cultural en ‘El Mundo’, no pocas veces se sirve de la poesía como coda de sus entrevistas o artículos, pero también como trampolín para sus columnas desde el que zambullirse en este entorno nada apacible que nos rodea. Pero lo que sucede en ‘Los desengaños’, se escapa de ese salto de trampolín, y se convierte en una bajada a la profundidad abisal con el neopreno colgado en el armario. Y es que precisamente eso parece ser lo único que se ha dejado el autor prendido en sus armarios al ventear casa y alma, convirtiendo la poesía en un termómetro de una desesperanza que estremece tras lo interpretado a sus apenas cuarenta años.
A través de un palpitante lenguaje, de unas frases a las que hay que volver varias páginas después de haberlas cruzado como un paraje indómito, el poeta desarma lo vivido y reconstruye ese territorio de la desesperanza, las frustraciones, el dolor, la pérdida, la ausencia o lo efímero. Un árido paisaje que, en la primera parte del poemario, te golpea directamente al mentón para ir recomponiendo lentamente el ademán a través de los capítulos siguientes en los que diferentes paisajes se abren, articulándose pequeños reflejos, esperanzas que oradan «la noche de piedra» para perecer finalmente bajo infancias, soledades, amores, mudanzas, lluvias y despedidas de las que nadie puede ya escapar.
Tomo aire para concluir esta autopsia de lo leído y suspiro al entender la magia que solo la poesía es quien de presentar ante el lector para descifrar esa «suma de intemperies» a las que estamos sometidos en este vagar. Antonio Lucas completa así un libro asombroso al que todavía habrá que volver cicatrizadas las heridas. En él quizás no haya respuestas, pero sí preguntas en las que poder entendernos a nosotros mismos, ahora, que ya no todo está pactado.


Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 6/07/2014

sábado, 5 de julio de 2014

Alén da raia


«Ao viaxeiro dixéronlle que Guimarães é o berce da nacionalidade portuguesa. Aprendeuno na escola, oíuno nos discursos de conmemoracións varias, non lle faltaban, pois, razóns para encamiñar os seus primeiros pasos ao outeiro sagrado onde está o castelo. (...). Hoxe é un xardín de camiños coidados e abundante arboredo, bo sitio para noivados iniciais.»
(‘Viaxe a Portugal’. José Saramago)



París, Londres, Roma, Nova York.... son algúns dos destinos para as nosas vacacións que máis sonan entre aqueles que adican uns días do seu lecer a coñecer mundo ou simplemente sacudirse o cotián. Non poucas veces semella que teñamos que mirar ao lonxe para sentir que facemos unha viaxe importante ou que nos vai achegar algunha experiencia inesquecible as nosas vidas, cando nin moito menos ten que ser así. A poucos kilómetros de nós ábrese un fermoso espazo cheo de vilas con historia, fermosuras naturais e xentes agarimosas. É o norte de Portugal, un ámbito separado tan só por unha raia que durante moitos anos parecía afastarnos doutro mundo, pero ao que o tempo cada vez máis fai xustiza. Nesta recuperación de confianzas traballa durante a fin de semana ‘Expocidades’, un miradoiro sobre moitas vilas de Galicia e Portugal que conforman un potencial destino turístico con Pontevedra nun enclave estratéxico dentro desa comunidade coñecida como Eixo Atlántico.
Vilas como Braga, Bragança, Douro Alliance (Peso e Vila Real), Guimarães, Penafiel, Viana, Vila do Conde, Chaves, Vilanova de Gaia, Macedo de Cavaleiros, Barcelos achéganse a nós para que nós nos acheguemos a elas, para que descubramos a súa fermosura de pedras alicerzando as súas cidades e verdes vales repenicando ao seu arredor. De historias que configuraron a historia de Portugal pero tamén a nosa propia historia. Descubramos tamén a súa gastronomía, a súa cultura e os seus lugares de ocio e pracer, nun país que mellorou moito nesa faciana e que agora quere contar con nós, cos seus veciños para seguir medrando en posibilidades.
Escribiu José Saramago nese indispensable libro (todos os seus o son, pero este aínda máis) para coñecer o país luso, ‘Viaxe a Portugal’, que: «A felicidade ten moitos rostros. Viaxar é, abofé, un deles». En ‘Expocidades’ ábrese a fiestra  a moitas desas felicidades que compoñen unha viaxe que pode ser tan intensa coma unha viaxe a calquera outro punto de Europa ou de América. Moitas veces esa proximidade xogou na nosa contra para vertebrar un espazo común, unha identidade que nos faga únicos no mundo e cunha maior fortaleza á hora de loitar coas incertezas e dúbidas deste tempo. Percorran os stands das diferentes vilas que se achegaron ata Pontevedra e verán de qué lles falo, seguro que non terán fins de semana ou vacacións dabondo para descubrir o que se esconde alén da raia. Vilas que nos abren un país cheo de posibilidades e que nestes tempos amosan unha exemplar afouteza que os fará máis fortes cara o futuro. Ese ronsel de vilas son a antesala a grandes cidades como Porto ou Lisboa, xoias que tampouco valoramos como se merecen, de novo por esa proximidade, e que son xigantes destinos turísticos e culturais ao nivel das grandes capitais europeas, e nas que latexa, en feliz maridaxe, a esencia do Portugal de sempre coa modernidade de hoxe.
‘Expocidades’ é, polo tanto, un xeito de viaxar e de coñecernos entre todos, un punto de encontro que é un orgullo que se xestione dende Pontevedra, capital tamén dese Camiño Portugués a Compostela que tanto pulo está a coller e que é unha testemuña histórica da importancia desa posta en común entre territorios moi semellantes. ‘Dous países, un destino’, é un dos lemas desta convocatoria para darlle forma a unha aposta que ven a respaldar o bo traballo feito na visibilización de Pontevedra como parte desa paisaxe turística e económica a que é tan complexa suxeitarse nestes tempos escuros. A Concellería de Promoción Económica e Turismo ven traballando moi ben nese terreo e non son poucas as iniciativas, dende moi diversos ámbitos, que están a integrar a nosa cidade en espazos nos que estaba ausente e que agora artellan a imaxe da cidade no exterior, e de xeito obrigado tamén, alén da raia.


Publicado no Diario de Pontevedra 5/07/2014
Fotografía de Guimarães, xentileza de Raquel Calviño

viernes, 4 de julio de 2014

San Isidro abraza a San Roque


“No te preocupes, ahora estoy en Pontevedra, pero a las nueve ya estoy en Madrid”, le contesta Eduardo Lozano, propietario de la Plaza de Toros de Pontevedra, a su interlocutor a través del teléfono. Empieza el verano y se viven con él  jornadas frenéticas para todo lo relacionado con el mundo taurino. Festejos que salpican España día tras día en un momento en el que parece que se ha tocado fondo en esto de la crisis. Diferentes datos parecen certificar que lo más duro ha pasado. Madrid ha llenado casi todos los días, va a haber más festejos que el pasado año y se han recuperado algunas citas importantes como la corrida de Corpus en Toledo, comenta el empresario con la vista puesta en una de sus Ferias preferidas, la de A Peregrina, esperanzado ante la respuesta del público al que se le mantienen los precios invariables de entradas y abonos.
Pasan unos minutos de la una del mediodía cuando el empresario taurino, que lleva ya 39 años gestionando la plaza de toros de Pontevedra, como apunta el gerente de la plaza, Pedro Antonio Rivas Fontenla, que le acompaña en la presentación, despliega el cartel con las diferentes ternas de las cuatro tardes de toros que conforman el milagro anual que se hace carne en la desembocadura del Lérez. De nuevo cuatro citas que reclaman la atención de la España taurina. Miles y miles de personas con los ojos puestos en lo que sucede en el centenario albero del barrio de A Moureira. Y esto del cartel, que puede parecer un efecto periodístico para alegrar esta crónica, es una novedad, ya que es la primera ocasión en que en este tipo de presentaciones se muestra el propio cartel de la Feria. “Cosas del progreso”, dice Eduardo Lozano.
Descerrajado en tres ocasiones el portón sagrado de Las Ventas del Espíritu Santo, la plaza más importante del mundo, en la que se tocan cielo e infierno a partes iguales a lo largo de la carrera de un torero. Serán sus tres protagonistas los que brillen con luz propia en la plaza de Pontevedra. Como si San Isidro enviase a sus emisarios de gloria a abrazar a San Roque, el santo que los marineros invocaban en el final de la mar oceánica para frenar la llegada de la peste, llegan los coletas triunfadores en San Isidro 2014, para los que la temporada ya no será lo mismo, tras cruzar ese umbral sagrado.
Miguel Ángel Perera, Iván Fandiño y Daniel Luque compusieron tardes mayúsculas en Madrid. Perera, con dos tardes saliendo por la puerta grande y cinco orejas, se convirtió en la sensación de la Feria y obtuvo así un respaldo firme a una carrera que si bien era ya brillante necesitaba de este espaldarazo. Iván Fandiño, dejó ya el año pasado en Pontevedra a las claras cuales eran sus intenciones, resumidas en una: ser figura del toreo y pelearse con quien hiciese falta para poder entrar en los carteles de unas figuras temerosas de compartir presencia con este ciclón. El diestro vasco, con raíces gallegas, puso Madrid en batir de palmas al entrar a matar sin la pañosa, a pecho descubierto. La solución: cuerpo al aire como un guiñapo y una oreja que abre el portón. Y finalmente Daniel Luque, resucitado tras esa tarde de mayo. Eduardo Lozano, sabe que esa presencia surgida del altavoz isidril es fundamental para que el público disipe dudas a la hora de retirar abonos y localidades, pero también como espoleta para que otros toreros, los Ponce, Castella o El Juli, no se dejen comer el terreno ante el empuje renovado. Esa mezcla es la que ha derivado en unos carteles atractivos y que en conjunción con las ganaderías a las que se deben batir pueden ofrecer un buen juego.
En las ganaderías radica la segunda de las novedades de esta Feria, con la presencia de la ganadería de Santiago Domecq en la última de las tardes. Junto a ellas astados ya clásicos en esta plaza como los Alcurrucén, Victoriano del Río o San Mateo, un aspecto en el que quizás la empresa debería comenzar a mover ficha para intentar ver otro tipo de ganado que se convirtiese en un mayor atractivo para el público y desafío para los toreros.
Eduardo Lozano no deja de enviar mensajes de optimismo entre tarde y tarde. «El pasado año fue en el que tuvimos una peor asistencia en los últimos tiempos», comenta como un elemento ya del pasado. «Nos ha costado mucho llegar a las cuatro corridas y no queremos prescindir de ninguna, intentamos resistir».
En esa resistencia es en la que radica la esperanza del empresario que quiere que el ambiente excepcional de la Plaza de Toros de Pontevedra durante los últimos años no se venga abajo, de ahí que presentase un abono especial para peñas compuestas por menores de 16 años en la búsqueda de un nuevo público. El precio de ese abono será de 50 euros para los cuatros festejos. Pero también y como agradecimiento, que ayer se hizo público a la Coordinadora de Peñas Taurinas de Pontevedra por su labor de apoyo a la fiesta y a esta plaza en concreto, Eduardo Lozano presentó un par de festejos taurinos durante el mes de julio en el que peñistas jóvenes, mujeres o mayores, podrán medirse ante unas becerras cedidas gratuitamente por el propio empresario. Los triunfadores de estas tardes, todavía sin fechar, conseguirán entradas para asistir a las corridas de la Feria.
Recoge los trastos Eduardo Lozano, carteles y un móvil que echa humo. «No hemos podido cerrar antes los carteles porque hemos tenido que mover a última hora algunos toreros y eso supone tener que reorganizar todo», comenta el empresario, lamentando la falta de compromiso de algunos toreros. Pero al final los que mandan son los que se enfrentan al toro, los que se midan a un animal para calibrar fuerza, valor y arte. Sobre todo mucho arte.

Publicado en Diario de Pontevedra 4/06/2014

jueves, 3 de julio de 2014

Vida


Marcos Giralt Torrente gana el primer Premio Strega Europeo. Una novela emocionante e impactante sobre la que rescato una columna publicada en el año 2010.


Nuestro tiempo de vida está medido. Limitación cronológica de una especie con fecha de caducidad. Tránsito por un territorio lleno de abruptas cordilleras y apacibles valles, subidas y bajadas en una existencia marcada por las relaciones con nuestros semejantes. No siempre conseguimos lo que esperamos, posiblemente nunca estemos contentos con nuestra situación y muchas, quizás demasiadas veces, equivoquemos nuestra escala de valores anteponiendo cuestiones superficiales a lo realmente importante, el ser humano. El escritor Marcos Giralt nos ofrece toda una lección sobre esos valores en su última novela, ‘Tiempo de vida’, un descarnado relato escrito desde unas entrañas que quedan a la vista en un proceso de expiación personal que también sirve al colectivo como brújula de unas experiencias ofrecidas de manera sincera y sin concesiones. Literatura en primer grado sobre la relación entre un padre y un hijo con la muerte del primero como catarsis de unos hechos que les distanciaron previamente. Confesiones al amparo del dolor, pero también terapéutico reconocimiento de una relación que, por compleja que sea, siempre deja abierta una necesaria puerta a la esperanza. Marcos Giralt nos sitúa ante una de las lecciones más necesarias de la vida, la que permite asemejar este camino a un ring de sentimientos.


Publicado en Diario de Pontevedra. Agosto de 2010

miércoles, 2 de julio de 2014

La familia se queda sola

Hace diez años fallecía Marlon Brando, revisando la prensa de aquellos días encuentro estas palabras que ahora recupero para recordar a uno de los más grandes actores de la Historia del Cine.


Don Vito ha muerto. Pero también han muerto Terry Mallow de ‘La ley del silencio’, el sheriff Calder de ‘La jauría humana’ o el Coronel Kurtz de ‘Apocalypse Now’. Y todo ello porque en el degradado cuerpo de los últimos años, del otrora sex symbol del cine Marlon Brando, se acuñaban uno a uno todos sus protagonistas. Pocos actores son capaces de que, fuera de la pantalla, los personajes que han interpretado le acompañen en su vida. En Marlon Brando así era. Su vida, a caballo entre lo mítico y lo real, acabó por crear a un ser extraño, repelido por la vida a través de las conductas de sus hijos siete reconocidos de diferentes relaciones sentimentales y en la que su último aspecto contrastaba con el bello joven que en los años cincuenta revolucionó el star-system americano, en el que nombres como los de Cary Grant o Clark Gable cedían el testigo a nuevos rostros y nuevas formas de actuar. El Actors Studio formó a Marlon Brando, y éste le correspondió con la fama de un método interpretativo que sencillamente era el de Marlon Brando.
Desafiante, altivo y soberbio, el actor compuso un protagonista de miradas certeras y poses que lejos de mostrarse como hieráticas o amaneradas mostraban un realismo al que el cine clásico no estaba acostumbrado. Un apego a la realidad, al que la rompedora década de los sesenta en EE. UU. acogió como el símbolo de una nueva época. Transgresor, sus conductas en pantalla crearon modas: quién no recuerda aquella camiseta de asas pegada a su torso que luego otros actores como Paul Newman no dudaron en enfundarse. Y todo ello para llegar al culmen de su carrera: nunca un personaje de espaldas, fue tan admirado, nunca una voz hizo temblar tanto la piel del que la escuchaba y nunca un mundo de sombras en una habitación creó un clímax fílmico tan asombroso. Era Vito Corleone, el patriarca de una familia mafiosa en el que beberían todos los que protagonizaron a hombres de la mafia culminados en el gran James Ganfolfini de ‘Los Soprano’. Marlon Brando vivió sus últimos años alejado de la gente, recelaba de ella, estaba en su selva particular como el Coronel en ‘Apocalyse Now’: ahora, todos iremos a su rescate. A la búsqueda de la verdad de sus interpretaciones, al encuentro con uno de los mejores actores de la historia.

Publicado en Diario de Pontevedra 2.11.2004
Fotograma de 'La ley del silencio' (1954)