martes, 9 de diciembre de 2014

Los 'Lautrec' de Pontevedra

Rue Saint-Antoine nº 170
Grabado ▶ El 24 de noviembre de 1864 nacía Henri de Toulouse-Lautrec. Toda Francia, desde su Albi natal hasta París, recuerda a uno de los pintores de la modernidad artística en su 150 aniversario. A muchos kilómetros de allí, a la Pontevedra de finales del siglo XIX, llegaron tres grabados del pintor. La clave, la biblioteca de los Hermanos Muruais.


Las últimas décadas del siglo XIX eran una lavadora en constante centrifugado. Un continuo ir y venir de cambios que, en todos los aspectos de la sociedad, mudaron un mundo que se agotaba en sí mismo. El arte, siempre atento a esos pálpitos sociales, se volcó con el nuevo tiempo, con un mundo urbano que iba acogiendo cada vez a mayor población y diversificando sus opciones de vida. París se convertía en el centro del mundo mientras a Nueva York le salían todavía los dientes a la espera de su hora.
Toda una generación de nuevos artistas hicieron suyo ese tiempo y su mirada se convirtió en nuevas pinceladas que orillaron el decimonónico arte de los Salones para pegarlo a las calles y locales de ese París convertido en una fiesta. ¡Y más que lo iba a ser! Entre todos ellos quizás Henri de Toulouse-Lautrec abanderó como ninguno esa vida festiva y desenfrenada de los nuevos bailes, de una sociedad desinhibida que descubría que la vida era para disfrutar y no solo para trabajar. Su obra más conocida es la que sale de la contemplación directa, se dice que tenía una mesa reservada en el Moulin Rouge para captar todo ese ambiente que se volcaba en cuadros, dibujos, anotaciones, carteles o grabados. Son precisamente los grabados, incluidos en álbumes, los que mejor podían llegar a diferentes rincones del mundo por aquellas personas interesadas en hacerse con un trocito de modernidad. Y si nos centramos en lo que era modernidad en la Pontevedra de aquel fin de siglo debemos ir directamente a la casa de los Hermanos Muruais en la famosa Casa del Arco en la plaza de Méndez Núñez. Allí, un pedacito de París, servía de inspiración a conversaciones y tertulias, pero también a escritores y periodistas, pero sobre todo a las miradas de los que sabían que en aquella casa, sobre todo en su biblioteca latía un nuevo tiempo.


Escribe Jean-Marie Lavaud en un artículo, asombrosamente escrito, por lo prematuro, en la revista del Museo de Pontevedra en 1975, como «alrededor de la galería colgaban carteles de París que retrataban a actrices célebres o representaban el french can-can». En esa galería tenía lugar la famosa tertulia de los Muruais (muy desmitificada desde otro extraordinario libro firmado por José Antonio Durán, ‘Hª e lenda dos Muruais’), aunque también podía reunirse en unas dependencias en la planta inferior. En esa planta baja se encontraba la biblioteca, con una habitación acolchada que se encontraba donde hoy se encuentra un comercio, justo bajo el arco. ¿Y qué había en esa biblioteca? Pues una asombrosa variedad de títulos, literatura europea, libros de arte, pero también revistas, importantísimas en aquel momento como expositores de lo que sucedía en las ciudades y en los movimientos artísticos. Pero si había un punto de referencia del que nutrirse ese era París, y los Muruais tenían muy claro quienes marcaban el paso en esos momentos. Es impresionante seguir la relación de títulos y autores que Jean Marie-Lavaud escudriñó en ese legado Muruais. Lo esencial de las letras francesas de las tres últimas décadas de ese siglo XIX estaba presente en Pontevedra casi al mismo tiempo que en el propio París, en una colección que se dejaba llevar por esa frivolidad parisina. Hay un gran interés por relatos de mujeres, por historias sentimentales con un cierto erotismo. No es extraño que estas narraciones y visiones influyesen en uno de aquellos ilustres visitantes, como fue Ramón Mª del Valle-Inclán, quien, en pleno procesión de creación de ‘Femeninas’ (1895), no dejará pasar la ocasión de nutrirse de esas obras, y que agradecería en un ejemplar de la novela dedicado a Jesús Muruais así: «A Vd., mi querido Jesús Muruais, a quien debo consejos de maestro y alentamiento de amigo, dedico este libro en prenda de amistad». Lo literario se verá acompañado también por una amplia colección de álbumes con ilustraciones y grabados centrados en la mujer y con títulos tan evidentes como: ’Etudes sur la toilette’, ‘Nos jolies parisiennes’, Les reines de Paris’ o ‘Les femmes galantes’.

Es realmente importante, tanto por su calidad como por el nombre de sus autores, la colección de grabados que actualmente se guardan en la Biblioteca Pública de Pontevedra como parte de este rico legado allí depositado. Una colección que ya en el año 1994 protagonizó una exposición comisariada por el director de la biblioteca, Daniel Buján, con el asesoramiento técnico del gran conocedor de estos tesoros gráficos locales, Enrique Acuña. Un catálogo que evidencia la importancia de unas obras firmadas por Fantin-Latour, Doré, Millet, Manet o Daubigny, entre otros, y como no, Henri de Toulouse-Lautrec.
Son tres las litografías firmadas por el pintor de Albi, tres escenas que evidencian la frescura de su mano, al captar instantes de ese ambiente festivo presentando a personajes del momento. Uno de ellos refleja a la cantante Yvette Guilbert, símbolo de la Belle Époque; otro recoge a dos espectadores en el café, y el más interesante, el de la bailarina Jane Avril, con la que el artista mantuvo una breve relación y a la que inmortalizó en varias pinturas. Los trazos simples y marcados son capaces de generar la sensación de movimiento, con esa falda que levanta el vuelo como una mariposa, las mangas anchas y el sombrerito completan la típica indumentaria de las bailarinas de la época. La protagonista de este grabado propiciaba comentarios como el de Paul Leclerq, amigo del pintor: «Jane Avril bailaba, pirueteaba, graciosa, ligera, un poco loca, pálida, delgada, elegante... giraba, volvía a girar, sin peso, nutrida de flores; Lautrec proclamaba su admiración».
Son instantes de la modernidad parisina, acogidos en otro templo de la modernidad. Un templo ubicado en la plaza de Méndez Núñez: la biblioteca de los Hermanos Muruais.





Publicado en Diario de Pontevedra 7/12/2014
Fotografía: Litografía de 'Jane Avril' (1893). Biblioteca Pública de Pontevedra
Jesús Muruais en su famosa biblioteca. Archivo Gráfico Museo de Pontevedra

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