domingo, 14 de diciembre de 2014

Latidos



Late el corazón de esta Pontevedra que mira a la Navidad como un destino ya inevitable. Late desde su pasión por el arte, desde su tradición creativa plagada de artistas que llevan su nombre a todas las partes del mundo. Late desde la piedra de su casco histórico y cerca de ese Museo de Pontevedra alrededor del cual parece que empiezan a sentirse latidos de ilusiones artísticas. 
De las numerosas cosas que me apasionan de la ciudad de Porto una de ellas es la calle Miguel Bombarda, una calle que concentra el mayor número de galerías de arte por metro cuadrado de toda Europa y en la que cada dos meses se celebra una fiesta de inauguración de las propuestas artísticas de cada una de las galerías llenando la calle y su entorno de unas horas de convivencia, diversión y alegría alrededor de la cultura. Siempre me ha parecido una idea muy exportable a esta Pontevedra que, con su casco histórico peatonalizado y cada vez más lindo, admitiría una concentración de espacios artísticos que, funcionando interrelacionados, ofreciesen ese espectáculo que además sería un reclamo para llenar la ciudad con gente vinculada al mundo del arte. Dos cuestiones parecen poner en los últimos tiempos en la buena dirección lo que sucede artísticamente en esta ciudad. Por un lado la conexión que está empezando a haber entre diferentes elementos del entramado cultural pontevedrés que, sin grandes infraestructuras o apoyos presupuestarios, han sabido generar propuestas realmente interesantes engrasando esos vínculos de trabajo y aquí, desde la concejalía de cultura, se ha trabajo muy bien este aspecto, el de fomentar las relaciones y los trabajos en común entre diferentes agentes locales; y por otro, el que hayan comenzado a surgir espacios alternativos a los centros oficiales de un gran dinamismo y aglutinadores de esas otras sensibilidades que muchas veces no encuentran el cauce de la administración o simplemente huyen de él. Pioneros como la Fundación RAC, la galería Abour-Art, o el Portal 48 están viendo durante estas últimas semanas como nuevos espacios se quieren sumar a ese entramado cada vez más sugerente. 
Si hace una semana asistimos a la apertura de la Pop-Up Store en la calle Padre Luis, con Alberto Gulías al frente, en una especie de galería de arte o almoneda en la que encontrar objetos y piezas artísticas de las más dispares procedencias; desde ayer, Fernando Lafuente y Rosa Neutro abren en la calle Manuel Quiroga Piso-dos, como oferta expositiva o taller a disposición de aquellos que non encuentran un espacio para mostrar su trabajo y que ya están cansados de peregrinar por cafeterías; y a ellos también debemos sumarle la experiencia siempre enriquecedora y valiente de Kike Ortega con un nuevo espacio, temporal, aunque quien sabe si hay buen olfato por ahí, en la plaza de España, donde en el antiguo comercio de artículos de pesca de Maqueira ha abierto una exposición con su obra. Estos espacios físicos también tienen su reflejo en donde se reflejan las cosas hoy en día, en las redes sociales y ahí también estamos viviendo un empujón a cargo de la revista digital La lata muda que, desde Pontevedra, está funcionando como ensamblaje para muchas de las situaciones interesantes que se están moviendo alrededor del arte en el noroeste peninsular. Son estas iniciativas una pequeña reflexión sobre lo que podría ser este casco histórico de Pontevedra reconvertido en andamiaje artístico para muchos creadores y las posibilidades que llegarían a ofrecer como satélites que deberían girar en torno a ese gran planeta que tiene que ser el Museo de Pontevedra. Por tradición y posibilidades sus exposiciones y actividades deberían vincularse en mayor medida al arte actual y responsabilizarse de una programación rigurosa que plantee una línea de trabajo coherente. Ese gran astro arrastraría a que todos esos otros espacios se viesen favorecidos por la llegada de visitantes y flujos de información, de gente que tiene en el arte de calidad un motivo para desplazarse y acercarse a una ciudad que está desde siempre llamada a convertirse en un destino cultural a partir de la cultura que se hace en ella. El Culturgal visibilizó hace una semana esas posibilidades, pero imagínense un Culturexpo cada dos meses llenando el casco histórico, sus calles, cafés, restaurantes o locales de ocio de un público deseoso de ver y sentir arte, pero también de ver y sentir una ciudad. Ojalá estos latidos que se empiezan a reconocer sigan impulsando nuevas iniciativas y propuestas encaminadas a reforzar el latido general de una ciudad de arte.






Publicado en Diario de Pontevedra 13/12/2014
Fotografía: Una vista de Pop-Up Store (Rafa Fariña)

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