lunes, 13 de octubre de 2014

14, la otra guerra



Con las letras francesas en pleno estado de júbilo por la concesión del premio Nobel a un extraordinario escritor, Patrick Modiano, otros autores, compatriotas suyo, echan cuentas de hasta cuando no podrán ellos acceder al olimpo de las letras suecas en base a esa calculada diversidad idiomática que se encuentra tras la concesión de estos galardones. Así es como autores tan importantes como Emmanuele Carrere o Jean Echenoz, con trayectorias más que merecedoras de dicho premio, ven como estes días como sus opciones se espesan en el tiempo.
Como se espesa la niebla a las orillas del Loira para envolver la patria de los protagonistas de la última obra del segundo de ellos. Jean Echenoz nos conduce a esa celebración centenaria que tiene lugar este año en recuerdo de la I Guerra Mundial, aquella guerra de 1914 en la que el mundo abrió los ojos a la barbarie conociendo una cruenta lucha que llenó Europa de horror y sobre todo de desesperanza. En ‘14’ Jean Echenoz crea otro paisaje de la desesperanza que convive, pero también se aleja, de los grandes escenarios bélicos. Éste mucho más íntimo, el compuesto por unos seres humanos envueltos en esa guerra de trincheras y mecánicas destructivas. Una intimidad que volverá su mirada a su hogar de origen, a ese mundo huérfano de sus hombres, en el que, sin embargo, la vida continuaba pendiente del exterior por el trágico hilo que unía a sus habitantes con los jóvenes enviados al frente.
La novela presenta a esa juventud cercenada en sus sueños e ilusiones por todo lo que supone una guerra que el autor lleva más que nunca a la piel y los sentimientos de los personajes. ¿Para qué detenerse en la descripción de batallas y escenarios que ya otros hicieron de manera inmejorable? Jean Echenoz busca al ser humano y su mirada trágica del destino. Los ojos de los cinco muchachos de una misma región enviados al frente, en especial los del protagonista Anthime, nos sirven para ver a nuestra altura todo aquel escenario del horror. Su fuerza es tal que no hace falta hablar de bombas para saber que la muerte ronda alrededor de cada uno de los soldados que responden como personas, no como héroes, a ese fatal paisaje.
Un destino, individual pero también generacional, a partir del cual el autor acomete un excelente relato que sorprende por esa capacidad para pellizcar la piel del lector ante un tema que podía parecernos alejado de aquello que pudiese convertirse en una emoción. Jean Echenoz vuelve a maravillarnos con su precisión, con su estilo limpio y sin distracciones, como ya hiciera en ‘Correr’, o ‘Me voy’, partes de una trayectoria que ojalá no tenga que esperar demasiado para formar parte del listado de premiados con el Nobel.

Publicado en El Progreso de Lugo y Diario de Pontevedra 12/10/2014

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