sábado, 2 de agosto de 2014

Manuel Lozano, el pellizco del toreo.


«No podía negarme al pedírmelo mi hermano Eduardo». Y es que los Hermanos Lozano son un germen de complicidades con Pontevedra y entre ellos y su casi leyenda en la ‘última perla taurina de Galicia’, como escribió hace un par de jornadas Zabala de la Serna en El Mundo. Allí hablaba del verso suelto de la familia. Y el verso suelto es Manuel Lozano quien ayer compuso la figura ante un auditorio deseoso de encontrarse con el sinfín de anécdotas que, desde los años cuarenta, han ido trufando la vida de este hombre que fue veterinario, novillero, matador de toros, empresario y apoderado.... y hasta estudiante de cine.
Todo este bagaje fue el que desplegó ayer con el compás sobre el piso, de pie, alejado de un estrado al que no está muy acostumbrado este «chico de pueblo que quiso ser torero». Y así fue como la poesía se impuso a la geometría.
Todo empezó con aquel mozo, aficionado primero, empresario después, y apoderado más tarde. Tres estadíos inherentes al mundo del toreo que nace, como Ignacio Sánchez Mejías toreando desnudo bajo la luna. Es la ilusión del joven, del chaval que en 1945 hizo 140 kilómetros a lomos de una mula para ver torear a Ortega, Parrita y Manolete. Quizás ya todo lo que vino después sobraba. Aquello fue el esfuerzo y la felicidad, la pasión y el sueño.
Y se hizo novillero y gano sus pesetas, nada que ver con los novilleros de hoy. «si son apoderados de un novillero lo mejor que pueden hacer por él es decirle que lo deje». «Los novilleros no llevan gente a las plazas, porque no se les conoce, no salen en la Televisión y si no se les promociona la gente no los conoce y el empresario no los contrata». Hoy todo es fútbol y trabas económicas, y eso que «el Estado ha llegado a ingresar más a través de Hacienda por los toros que por el fútbol», afirmó Lozano.
Dejemos el dinero y volvamos a la poesía. Poesía contra geometría. Por que hay toreros que usan la geometría en sus pases y otros que son inspiración. Alma y sentimiento que se imponen siempre a la geometría. «Hay toreros que tienen pellizco», eso que otros llaman duende, los Curro Romero, Rafael de Paula o Morante de la Puebla. Ayer, Manuel Lozano, también tuvo pellizco.

Publicado en Diario de Pontevedra 2/08/2014

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