domingo, 24 de agosto de 2014

500 noches más


«Joaquín se mató para escribir 19 días y 500 noches, pero mereció la pena. No hay nada más que volverlo a oír para admitirlo. Hay pocas cosas en este mundo de las que se pueda asegurar que son una obra maestra en su género: éste disco lo es». (Benjamín Prado en ‘La primera madrugada de 19 días y 500 noches’, incluido en la reedición del disco en 2011).

Si de mí dependiese la salvación para el futuro, ante un inminente apocalipsis mundial, de tres elementos de nuestra cultura literaria, sin duda serían: ‘El Quijote’, ‘La saga/fuga de JB’ y el disco de Joaquín Sabina ‘19 días y 500 noches’. “¡Hala, vaya exagerado!”, exclamarán ustedes. Pues quizás tengan razón… es cierto, lo soy. Ahora que lo pienso, cómo no va a estar en esa selección ‘Poeta en Nueva York’. De acuerdo, retiramos ‘El Quijote’ e indultemos la obra de Federico García Lorca.
Hace unas pocas horas que Joaquín Sabina viene de inaugurar una nueva gira americana basada no en un reciente trabajo, que parece que sí saldrá a la luz el próximo año, y sí en una revisión de ese disco cumbre de su obra como es ‘19 días y 500 noches’. Un disco parido entre excesos, muchos excesos, y poemas, que también son un exceso de buenos, deCésar Vallejo, entre los rescoldos de Bob Dylan y la producción de Alejo Stivel y todo ello para balizar un tiempo que se agotaba en sí mismo y otro que comenzaba a partir de esas noches de boda. Muerte y resurrección.
Muchas partes de mi vida se podrían explicar desde las coordenadas geográficas y temporales establecidas por los conciertos de Sabina. Tanto de los que he ido yo como de los que no ha ido él. Nunca le he guardado rencor por esas ausencias. Ambos los recuerdo con la misma emoción, cariño y una sonrisa en la boca. Tanto el estar en Traviesas viéndole con un bombín sobre mi cabeza, como aquella noche en A Coruña en la que nos comunicaron aJuan, Manolo y a mí que el concierto se suspendía. Una tormenta (nunca quedó muy claro de qué tipo) creo que fue la causa aducida. Como señores acabamos nuestros respectivos Johnnie Walker en el centro del Coliseum y montera en mano hicimos el paseíllo hasta Compostela, donde el menda acabó en Ruta 66 meando junto al cantante deCeltas Cortos.
Esas trece canciones, diversas en estilos musicales y perfectas en cuanto a letras, no sé las veces que las habré podido escuchar desde el año 1999 en que se publicaron, para dejar siempre en mí una sensación de luminosidad y de inmarchitable disfrute. Si ya gozaba con aquel primerizo ‘Ruleta rusa’, qué les contaré de estas noches repletas de poesías, experiencias y voces rotas que se suceden en una bulliciosa y efervescente cascada en la que mojarse supone colocarse bajo un chaparrón que te mantiene alejado de las perversiones mundanas, saboreando, sin embargo, estas otras perversiones en forma de un bálsamo que no cura cicatrices, pero ayuda, y mucho, a seguir tirando del carro.
El último capítulo de mi relación con el de Úbeda viene en forma de libro. Él no lo sabe, pese a que me ha llegado hace unos días un delicado ejemplar firmado de una limitada edición de seis poemas inspirados en José Tomás. Pasión común que nos ha unido también mediante esa firma llena de abrazos, entre dos desconocidos, que partieron de ese sur roteño, en el que el cantante se refugia en verano guardando el bombín en el baúl del atrezo y tocándose con un panamá, para llegar a esta Pontevedra en la que José Tomás y Sabina pisaron una misma arena, la de nuestra plaza de toros, en la que ambos ventearon sus talentos en varias ocasiones. Yo espero y hasta sueño algún día con poder contarle todo esto al propio Joaquín Sabina en persona, ahora que he ido cercando a varios de sus amigos, como Javier Rioyo, Luis García Montero, Antonio Lucas, Felipe Benítez Reyes, Benjamín Prado o el púber Jabois, es posible que en algún momento alguno de ellos me presente al cantante y ese mapa de coordenadas complete su ciclo. Mientras, seguiré saboreando ese ‘19 días y 500 noches’, reeditado y realimentado hace unos años con las alas negras impresas tras aliviar un luto afortunadamente fugaz, para retornar ahora a los escenarios travestido como ‘500 noches para una crisis’.
Primero lo hace en las tierras limeñas de su redentora Jimena, después en las sembradas por las caprichosas conchas de Pablo Neruda, también en las del inmenso Eduardo Galeano, y como no, en ese Buenos Aires, corrala de su vivienda madrileña. A buen seguro que regresará a esta España doliente para ser de nuevo él, el del mejor puñado de letras escritas en nuestro cancionero (Antonio Vega que está en los cielos me sabrá disculpar) desde los años ochenta, donde todo era más canalla y menos Benjamín Prado, para volver a abrigarnos en sus conciertos llenos de Dieguitos y Mafaldas, de Barbies Superstar, de Magdalenas y de rubias platino… pero también de nuevas canciones que vendrán a seguir alimentado ese imaginario sabiniano colmado de nubes blancas y negras de las que una vez nos colgamos algunos para no bajarnos jamás. 


Publicado en Diario de Pontevedra 23/08/2014
Foto: Joaquín Sabina en el concierto de la gira '19 días y 500 noches' celebrado en la Plaza de toros de Pontevedra en julio de 2000 (Xan Xiadas).

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