sábado, 3 de mayo de 2014

Café con mayúscula

«La Academia de la Lengua no permite encabezar con mayúscula Café como tampoco Banco y por eso al citar con los mismos signos al Café como local y como bebida resulta que indistintamente entramos en una taza de café o nos bebemos un local con silla (…) Yo en rebeldía con la regla académica pongo mayúscula a Café». Ramón Gómez de la Serna.



 No sé si esta ciudad es mejor o peor de lo que lo era hace un año, pero lo que sí sé es que en este último año vivido en Pontevedra recuperamos el Café Savoy. Con esa recuperación no solo ganamos un lugar donde poder tomar un café sino que rescatamos una parte de la propia ciudad y, como no, de nosotros mismos. Todos en mayor o menor medida tenemos un pellizquito de nuestra alma relacionado con este Café al que, durante los años que ha estado cerrado, echamos tanto de menos y que ahora, felizmente estabilizado por sus nuevos propietarios, nos acoge como esa madre que siempre ha estado ahí.
Tras sus ventanales emerge el gran teatro del mundo que es la vida de esta ciudad, un lugar donde parece que no pasa nada pero donde sucede todo, “Nada y todo ocurre en todas partes” escribe el poeta Philip Larkin. Sentarse ante un café humeante, con un libro o un periódico, y alternar esa lectura con la mirada hacia alguno de los capítulos que se desarrollan en ese amplio espacio definido por la praza da Ferrería, los jardines de Casto Sampedro, los Soportales o el Paseo Antonio Odriozola, es uno de los placeres que nos proporciona este Savoy que ha entendido bien su implicación con el lugar en el que está. Esos amplios ventanales, desde los que A Ferrería se presenta en los días de las piedras mojadas como un gran espejo que nos contiene a todos: al castañero en los meses de otoño, a los niños jugueteando con las palomas, a los jubilados que buscan un rayo de sol como quien busca un lingote de oro, a los que se dejan ir hasta el Mercado de Abastos en busca del mejor pescado del mundo… pero también a las camelias rebotando entre sí, a la fuente que un día Castelao se empeñó en rescatar del olvido o a ese otro Café, también con mayúscula, que al otro lado de la plaza cierra un círculo perfecto: el Carabela. Todo eso y más es el Savoy, porque a ello hay que sumarle ese latido interior que todavía palpita en sus descarnados muros de piedra desde los años treinta del siglo pasado y en los que aun se contienen las palabras de sus tertulianos a lo largo de la historia. Poetas, escritores, pintores, periodistas, políticos… y no abro el listado porque no entraría en este espacio, entendían el Café como el lugar de la modernidad, el punto donde confluir para desentrañar el nuevo tiempo que se esbozaba ante ellos. Ese exterior, diferente cada día, en el que se palpa la vida de la ciudad y ese interior plagado de recuerdos y personajes se entremezclan en el Savoy y convierten a cada uno de sus clientes en parte de esa conexión.
El Savoy y sus dueños celebran este primer año con los claveles prendidos de los fusiles, como lo hicieron el 25 de abril de 2013 señalado como el día en el que los sueños se pueden cumplir y si un sueño tenían Eduardo y Daniel era el de poner a disposición de los pontevedreses este espacio que es mucho más que un Café y donde el tiempo se congela para unir épocas y almas. Parte de esa celebración es la exposición de fotografías que estos días podemos ver en su planta baja, una modesta pero intensa mirada a través de la cámara de seis fotógrafos que nos traen ese Portugal tan hermoso como digno y que tanto sufre durante estos días, y es que Portugal está muy presente en el Savoy ya que si subimos a esa inagotable pecera de la planta superior nos encontramos una impresionante imagen de las hermosas escaleras de la Librería Lello de Oporto que solo tiene competencia con ese exterior de piedra y vida.
Fotografías, libros, tableros de ajedrez, una pequeña biblioteca y es que en este Café el tema cultural también se reivindica en su interior, como parte de su historia, ya que no son pocas las iniciativas culturales forjadas gracias a nombres esenciales en este contexto en nuestra ciudad, como el injustamente olvidado escritor Manuel Lueiro Rey que precisamente trabajaba enfrente, en la Delegación de Hacienda, y que desde este lugar veía también pasar la vida en una Pontevedra muy diferente a la de hoy. “O tempo magullado polo mesmo tempo/envólvese no silenzo infindo/e vai purrando coma un río sen auga”, escribió en una ocasión en un poema, ‘O carreiro’, al cual podemos echar mano también en este Café en un impreso que durante estos días publicita la concesión del II Premio de Poesía Manuel Lueiro Rey organizado por el que es su ayuntamiento de origen, Fornelos de Montes.
Poesías que se suman a fotografías, fotografías que se suman a libros y a los significados de este Café, así con mayúscula, como no, y es que el Savoy es nuestro Café por excelencia y que, con su apertura hace justo un año, Pontevedra se ha hecho mejor ciudad de lo que ya era.


Publicado en Diario de Pontevedra 2/05/2014

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