martes, 11 de marzo de 2014

Descubriendo una poeta. Descubriendo un tiempo


El pasado año fue uno de los libros fijos en las listas de los libros de poesía más vendidos, ahora, varios meses después, sus poemas siguen latiendo con inusitada fuerza, como lo han venido haciendo desde su recuperación tras décadas de olvido. ‘Los poemas perdidos’ de Dorothy Parker (West End, 1893-New York, 1967), que la editorial Nórdica ha puesto en circulación son un descubrimiento para muchos y otro firme espaldarazo a una labor de edición de una extraordinaria calidad, tanto en la presentación física de las obras como en la selección de unos textos que se ponen en valor y que muchas veces estaban perdidos o por lo menos  permanecían orillados para el público de hoy. Estos poemas nos enfrentan a la colosal figura de una mujer singular que desarrolló su vida y pasiones en aquellas efervescentes décadas de la cultura y vida norteamericana. Coetánea de Scott Fitzgerald, que solía recomendar su trabajo a sus amistades, Dorothy Parker fue más conocida por sus cuentos y sus artículos en publicaciones estadounidenses. Revistas y periódicos contaban con su afilada ironía y su ingenio para traspasar a papel ese ambiente newyorkino de la que ella era protagonista. Un protagonismo que la arrastró por las veredas del alcoholismo, la depresión o las relaciones “en serie” como ella misma decía.
Ingredientes que asoman también en sus versos, conformados por una poesía limpia, directa y moderna, transgresora, pero con un límite en altura como los rascacielos que comenzaban a asomar por el perfil de aquella ciudad y que de manera perfecta permite reconocer los tiempos del New York convertido en capital del mundo. Por su poesía pasa el mundo del cine, los famosos de sus fiestas, la propia ciudad pero también el resto del país y todo a través de su mirada, a través de su propia vida: “Mi vida es como una galería de arte,/con pasillos estrechos en los que los espectadores pueden caminar”. Su carácter le hacía no esconderse e invitar a sus fiestas a todo aquel que llegase con una botella bajo el brazo. Poemas alegres, pletóricos de vida en los que se huele aquel aroma de los felices años veinte, pero en los que en ocasiones asoma también la desconfianza ante los nuevos tiempos: “¡Qué gusto leer sobre los días desvanecidos/cuando los caballeros, cuanto menos eran atrevidos!”, y en aquel tiempo y en este, el amor, siempre el amor, parece dejar su poso, una arcadia que nunca pudo alcanzar plenamente pero que aparece una y otra vez en esta selección de poemas: “Pobres criaturas, nos quedamos sin aliento luchando por capturar el amor,/y entre nuestras manos, se convierte en polvo con el contacto”.
Y como remate de esta selección nos deja una de sus aristas más características, su ironía, su capacidad crítica para someter gran parte de lo que la rodea a su escrutadora intuición, como vemos en sus ‘Versos del odio’. Hombres, mujeres, bohemios, libros, películas, esposas o universitarios no se libran de una mirada lúcida y a la que ahora podemos mirar directamente.

Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 9/03/2013

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