lunes, 10 de febrero de 2014

Delirio literario


“Más que sorprender este presente de letras bien paridas, asusta lo que puede ser un futuro de letras eternas, de palabras ajustadas y de historias que formarán parte de nuestra literatura”. Esta frase, que aparece en las tapas de este ‘Ajedrez para un detective novato’ (ante todo, mil gracias por ello), fueron publicadas por este medio tras la aparición de la que fue la primera novela de Juan Soto Ivars, ‘Siberia’. Aquellas palabras transitaban entre la sorpresa del descubrimiento, la admiración por lo escrito y el futuro que podía venir tras aquel relato abisal. El futuro es ahora presente y tras comenzar a leer este libro uno piensa dos cosas: o que aquello era una empresa imposible de superar o que el autor, conocido su habitual desparpajo, había querido vacilar al personal (algo en absoluto descartable, una vez rematado el libro). Es posible que el origen del problema esté en este crítico, deseoso de encontrarse otro relato en combustión, de vidas desgastadas, de existencias confusas ante un horizonte marchito. Pero para eso ya tenemos a Ricardo Menéndez Salmón, y nadie lo va a hacer mejor, ¿para qué más? Es entonces cuando nos aproximamos a esta historia con otros ojos, con los de mirar a alguien que entiende la literatura como un desafío, como una aproximación permanente a los límites del escritor, y la necesidad de pisar por diferentes terrenos. Así es como pasadas varias páginas (demasiadas para mi gusto) lo que son risas inconexas comienzan a convertirse en respaldo a una obra, en aplauso por un brutal cambio de registro y por ser lo suficientemente valiente para intrincarse en este delirio literario que en sus últimas páginas se deja de zarandajas y nos plantea una obra de género negro mayúscula.
La historia, respaldada por el jurado del XVIII Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla (un OLÉ bien fuerte, qué valor, qué temple….), cuenta el aprendizaje como detective de un escritor de novela policíaca que, junto a su maestro, un detective mujeriego y aficionado al ajedrez, deben desentrañar diferentes casos, entre los que sobresale la muerte de numerosas prostitutas. Detectives, escritores, prostitutas y ajedrez, todo bien agitado, no mezclado, provocan este exabrupto literario donde sorprende la habilidad del autor con el lenguaje, subvirtiendo términos y nombres para crear un escenario hilarante por momentos, pero también para asomarse a un ambiente de sordidez y miserias varias, no muy alejadas de lo que sucede en nuestra sociedad, permitiéndose de ese modo la sucesión de numerosas punzadas que se van clavando en sus diferentes tejidos. Estas componentes se van a ir difuminando así como avanza el relato para regalarnos unas excelentes páginas finales, desprovistas de perversas contaminaciones, y funcionando como esa novela policíaca que el protagonista siempre soñó escribir y con la que Juan Soto Ivars afianza su nombre en ese futuro que suena a pasado, ya que definitivamente se ha hecho presente.

Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 9/02/2014

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