sábado, 28 de diciembre de 2013

Yo pensaba...


Yo pensaba que nunca vería multiplicarse las colas de gente con hambre en nuestro país, ni a personas metidas hasta la mitad de su cuerpo en un contenedor de basura buscando la solución a sus problemas.
Yo pensaba que aquello que me contaba mi madre, y que parecía una historia surgida de un país primitivo, sobre mujeres que no eran libres para disponer de su cuerpo como considerasen y que debían marcharse a otros países a abortar o hacerlo a escondidas en el suyo propio, no se repetiría.
Yo pensaba que no tendría de nuevo lugar un debate sobre aulas diferenciadas con niños y niñas separados como base para una mejor educación, ni que se recortase dinero para becas, ni que la religión, en un país laico, formase parte del expediente académico.
Yo pensaba que sería imposible que se gravase a diferentes productos culturales con un IVA del 21% frente a los porcentajes aplicados en una Europa a la que tanto se les llena la boca a muchos de pertenecer a ella.
Yo pensaba que un país nunca intentaría atajar la emigración ilegal a base de colocar hirientes cuchillas en sus fronteras para frenar a aquellos que huyen del infierno.
Yo pensaba que ya había oído los eslóganes turísticos más sorprendentes, hasta que escuché aquello del «relaxing cup of café».
Yo pensaba que el Gobierno no osaría limitar la libertad de manifestación en nuestras calles con una restrictiva Ley de Seguridad Ciudadana.
Yo pensaba que nunca íbamos a aplaudir porque se subiese la luz un 2,3%, cuando en un principio se había hablado de un 11%, como si todo esto fuese un paripé con el consumidor en el centro de la diana.
Yo pensaba que no habría que esperar a los últimos días del año, ni que sería una excepción, el asistir a una rueda de prensa del presidente del Gobierno, en carne y hueso, sin límite de tiempo y sin cortapisas a las preguntas de los periodistas.
Yo pensaba que el dinero procedente de Europa y destinado a sanear la banca española era un rescate.
Yo pensaba que Mandela era inmortal.
Yo pensaba que Jabois nunca se iría a Madrid.
Yo pensaba que Galicia nunca dejaría de tener una entidad bancaria propia.
Yo pensaba que era imposible que un día del Apóstol fuera tan triste como lo fue este año.
Yo pensaba que la sentencia del ‘Prestige’ encontraría algún culpable que asumiese los daños causados por los efectos de aquel vergonzoso desastre y su gestión.
Yo pensaba que en todo un año, y con las buenas palabras que siempre se le ofrecen a los afectados, se podría encontrar alguna solución para los clientes de Novagalicia Banco que compraron acciones preferentes.
Yo pensaba que unos padres serían incapaces de asesinar a su propia hija.
Yo pensaba que Pontevedra no estaría ni un solo día sin una sala de cine abierta.
Yo pensaba que el Pontevedra c.f. escaparía del pozo de la Tercera División.
Yo pensaba que podríamos disfrutar de un complejo deportivo nuevo en Campolongo.
Yo pensaba que César Mosquera no se había olvidado de que tomar decisiones según el criterio del ordeno y mando no es la mejor de las formas de hacer política.
Yo pensaba que este año sabríamos definitivamente qué sucedió con Sonia Iglesias.
Yo pensaba que la Diputación Provincial  anunciaría la recuperación de una cita tan emblemática como la Bienal de Arte.
Yo pensaba que Alejandro de la Sota, en el año del centenario de su nacimiento, sería homenajeado como se merecía una de las más importantes figuras de la arquitectura en España.
Yo pensaba que alguna administración entendería que una capital de provincia de más de 80.000 habitantes no puede tener una sola biblioteca.
Yo pensaba que los amigos nunca se morían.
Yo pensaba que el año 2013 iba a ser muy diferente.


Publicado en Diario de Pontevedra 28/12/2013
fotografía Javier Cervera-Mercadillo

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