miércoles, 20 de noviembre de 2013

El paisaje hecho experiencia

La beca de residencia que, de manera plausible, se mantiene por la Fundación RAC sigue dando sus frutos a través de la plasmación de la realidad que nos rodea a través del arte, a partir de la experiencia de artistas foráneos que trabajan en un territorio diferente al que es habitual en ellos. Esta exposición, que permanecerá en nuestra ciudad hasta el mes de febrero, es la última materialización de esas vivencias y corre a cargo de la artista mexicana Sofía Táboas. En ella Galicia se convierte en fructífera materia, inspiración y obra.


Se entra en la Fundación RAC como quien accede a un bosque, a una de esas fragas en las que el hombre se encuentra inmerso en la naturaleza, de forma íntima, misteriosa, llena de incertidumbres. Aquí las hojas y ramas son pieles, restos de un proceso industrial inherente a nuestro sistema económico y cultural, que pasa a formar parte de esta creación artística para activar nuestros sentidos: olfato, vista o tacto. Ellos actúan como referentes de la memoria a través de la experiencia de la creadora mexicana Sofía Táboas, quien rememora las vivencias de su infancia reactivadas durante este año desde la beca de la Fundación RAC. Sus paseos por la naturaleza gallega han generado diferentes trabajos llenos de profundidad, de una conceptualización del territorio y la experiencia que puede parecer sencilla, casi ingenua, pero es esa ingenuidad, la de la niña que corría por corredoiras, saltaba entre los árboles, jugaba con elementos de la naturaleza y recogía aquello que le provocaba interés, en la que reside su éxito. Practicamente lo mismo que ha hecho durante este verano en el entorno de Beade, patria paterna, y que aquí se evoca como refugio artístico.
Tras cruzar ese bosque la artista nos ofrece algo de esa alquimia también muy gallega, al crear nuevas piezas surgidas de la naturaleza desde la comunión de minerales y elementos del entorno natural con otros surgidos durante el proceso de materialización de las piezas. Pequeños guiños a la producción, al juego de crear que finalmente derivan en unas piezas casi mágicas que como una suerte de deidad se ven colocadas casi sobre un altar. Ante ellas un vídeo recoge la realidad de lo vivido, la visión tomada en plena naturaleza. En ella árboles, helechos, musgos o piedras simbolizan lo que es la esencia de nuestra identidad, el silencio evocado por nuestra madre naturaleza a la que rinde homenaje esta creadora a través de su propio paisaje, a través de una mirada que se ha convertido en el latido de la memoria.

Identidad
Un vídeo en la planta baja de la Fundación RAC nos desvela todo aquello que ha motivado el resto de la exposición, que no es más que la interpretación hecha por Sofía Táboas del paisaje convocado por la memoria y la experiencia familiar en la ‘ ruta dos bolos’, entre Pena Corneira y Abelenda, en la ourensana comarca del Ribeiro. Sentados unos minutos ante esa imagen entendemos la fascinación que ese ambiente ha causado en la artista y cómo fácilmente esas sensaciones han podido convertirse en reflexión artística bajo el título de ‘Piedra principio’, una suerte de canto al origen, de exaltación del territorio común a todos nosotros pero cuyas ramificaciones llegan allén del Atlántico. Estas afortunadas becas de la Fundación RAC siguen propiciando la reflexión acerca de nuestra identidad por parte de artistas en principio ajenos a nuestro territorio. Aquí, esa identificación se acrecienta con la interacción de entidades como la firma de moda Purificación García o la pontevedresa Escuela de Diseño y Moda, Esdemga. El trabajo con elementos procedentes del proceso textil, además de sus valores como materia prima, viene a exaltar las potencialidades de esa industria en nuestro país que la artista, de manera brillante, adapta como sustituto de la naturaleza, como evocación de un bosque que nos va a sorprender por la capacidad para alentar nuestras percepciones. El arte, tradicionalmente reflejo de la realidad, aquí supera esa condición generando un ecosistema con infinidad de matices, de miradas que se van descubriendo a medida que recorremos la muestra, participando de la propia espacialidad de la sala y hasta del paso de las horas a lo largo del día. Pieles, piedras y algún guiño irónico son argumentos suficientes para dejarse llevar por esta naturaleza reinventada, por la aceptación de una memoria como sustento de una obra artística que une las dos orillas del Atlántico a través de un paisaje inspirador.

Publicado en Diario de Pontevedra 17/11/2013
Fotografía Alba Sotelo

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