domingo, 20 de octubre de 2013

El mito De la Sota



Hijo del mejor presidente que haya tenido la Diputación de Pontevedra, y que posiblemente tendrá, Alejandro De la Sota alarga la sombra de su arquitectura cien años después de su nacimiento. Mañana se cumplirá esa efeméride en el mejor arquitecto que ha nacido en esta ciudad y al que solo César Portela parece discutirle un honor que posiblemente el tiempo hará que compartan. Y compartir es precisamente lo que sitúa a la arquitectura de Alejandro De la Sota en la cima de esa disciplina en nuestro país, su visión de una arquitectura en la que se comparte la visión íntima del arquitecto con la habitabilidad y funcionalidad del uso de dicha construcción evidenciándose, en un tiempo sombrío y gris en la mayoría de la arquitectura de nuestro país, como un referente que ha ido configurando a un mito. 
Todavía hoy si uno observa imágenes del Gobierno Civil de Tarragona lo hace con la boca abierta, con la emoción de asistir a una obra que se adelanta varias décadas a su tiempo, una arquitectura que en su composición, armonía y desparpajo firmarían en cuanto a su volumen exterior alguno de nuestros mejores escultores, y todo ello sin menosprecio de su función. Y eso es algo que siempre tuvo presente nuestro protagonista, la función de la arquitectura. Aún hoy, cuando asistimos a tantas arquitecturas que desprecian el fin para el que han sido concebidas (y me morderé la lengua), siendo esta situación muchas veces culpa de quienes aprueban esos proyectos y no del propio arquitecto. Si algo maravilla al acercarse a la obra de Alejandro De la Sota es cómo el edificio, su concepción espacial, revierte en su utilidad para el mejor aprovechamiento de la comunidad, es decir, de quienes habitan ese espacio. Si se imaginan nuestro Pabellón Municipal de los Deportes sin ese caparazón que algún iluminado que todavía se llamará arquitecto colocó encima de la estructura parida por Alejandro De la Sota descubrirían un cofre lleno de luz, una luz cenital que supondría un ahorro de energía incalculable y que serviría para pagar el regreso a esa arquitectura inicial y brillante, que tuvo su arranque en otra de esas obras emblemáticas de De la Sota y de la arquitectura española, como fue el Gimnasio Maravillas de Madrid. Seguimos esperando, dicen, a tiempos mejores para recuperar esa fisonomía inicial que muchos no conocimos pero que descubrimos en la exposición que se le dedicó en el Pazo da Cultura de Pontevedra a ese recinto, una larga espera que, como una cadena de agravios, se vincula a la creación de otras infraestructuras deportivas en nuestra ciudad, cuando lo único cierto es que el asombro que causaría esa reversión sería un referente a nivel nacional de respeto y consideración hacia la arquitectura, cuestión esta que preocupaba mucho al arquitecto, al ver como en demasiadas ocasiones el tiempo y la falta de sensibilidad de los ciudadanos podía volverse desidia en relación a sus obras. 
Si a nivel mundial Le Corbusier y Mies Van der Rohe fueron los grandes pilares de la renovación de la arquitectura en el pasado siglo, también De la Sota se aproximó a ellos para acometer ese camino de modernidad que renovó la arquitectura en España. A partir de esos planteamientos fue resolviendo dudas, recorriendo los “caminos intuidos” como él mismo los denominaba, buscando soluciones para singularizar su obra y ponerla en el lugar en el que este centenario octubre la coloca. La Misión Biológica, el edificio de viviendas en la calle que lleva su nombre, el mencionado Pabellón de los Deportes, las oficinas del Banco Pastor o la Casa de los Domínguez en A Caeira son el escenario local desde el que pulsar esa singularidad. Y desde ayer, si se acercan a Madrid, lo podrán hacer a fondo con la Exposición que la Fundación ICO dedica al arquitecto pontevedrés, junto a otro gran nombre de la arquitectura que también habría cumplido cien años en 2013, Miguel Fisac. Ambos, arquitectos de un tiempo al que fueron quien de superar gracias a una obra que supuso la regeneración de una arquitectura que se aupó a una brillantez que todavía resplandece hoy en día.


Publicado en Diario de Pontevedra 19/10/2013
Fotografía Camilo Gómez

2 comentarios:

  1. Estoy deseando visitar esa genial muestra en la Fundación ICO de estos dos geniales arquitectos.

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  2. Enhorabuena por tus artículos Ramón, es un lujo poder disfrutar de ellos en el Diario, aunque tengo una duda sobre este, quisiera saber de qué año es la foto del Pabellón

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