martes, 27 de agosto de 2013

Vueltas



Era mayo de 1986 cuando una excursión llevó a un grupo de estudiantes a Compostela, se trataba de palpar piedras y sensaciones de una ciudad que en el futuro sería nuestra Universidad. Podíamos caminar y pasar la tarde en cualquiera de los numerosos rincones hermosos que atesora la capital de Galicia, pero muchos de nosotros estábamos en el autobús que nos trasladó hasta allí viendo a Álvaro Pino resistir como un jabato en Sierra Nevada los ataques de Robert Millar. Aquella Vuelta fue para el corredor gallego que volvía a dejar con la miel en los labios al ciclista escocés, tal y como le había sucedido un año antes en otra de esas vueltas que se incrustan en el alma del aficionado al ciclismo, como fue la primera en que venció Pedro Delgado tras una inolvidable etapa con final en las Destilerías DYC. Y es que con historias como éstas son con las que se ha ido configurando la leyenda de esta carrera. Con los Lagos de Covadonga y Bernard Hinault apretando los dientes tras Marino Lejarreta para comparar la cuesta de la Santina con el mismísimo Alpe d’Huez, o el pie a tierra de Miguel Indurain, metáfora del final de tantas y tantas cosas, una huella más profunda que la de Armstrong (y eso que me prometí no incluir este nombre en este artículo) sobre la superficie lunar, y así podíamos seguir hasta nuestros días, sobre todo en los últimos años, en que la organización ha sabido superar una agonía que convertía a esta prueba, tras su cambio de fechas, en el epílogo de una temporada en la que pocos ciclistas de tronío querían participar. Las últimas ediciones se han inventado una nueva carrera, y hasta las otras grandes vueltas, Giro y Tour, han copiado esas etapas cortas y nerviosas de puertos inesperados y desconocidos. Y entonces apareció Galicia, y como aquellos primeros peregrinos que caminaron hasta el Finisterrae, organizadores y ciclistas descubrieron un territorio y un ambiente del cual parece que ya no podrán despegarse. 
Del mar a la montaña, Galicia se redefine a sí misma como el itinerario ideal para esta nueva Vuelta Ciclista a España. Carreteras repletas de gente que parece que estemos en las Clásicas del Norte; recorridos pestosos y llenos de complicaciones, que semejan el recorrido de una prueba de un Mundial; cuestas reviradas y estrechas que nos aproximan al Mortirolo o a las cimas astures; y lo mejor de todo es que todavía hay decenas de itinerarios por descubrir para seguir alimentando tanto esa mitología como la propia leyenda del ciclismo gallego, la que va de Delio Rodríguez, con sus 39 victorias en etapas de la Vuelta, a Oscar Pereiro y su triunfo en el Tour de Francia, de Álvaro Pino al equipo del Xacobeo o de Blanco Villar a nuestro SuperFroiz, líder indiscutible en el territorio amateur español de la mano sabia y apasionada de Evaristo Portela y que viene a perpetuar el recuerdo en Pontevedra de nuestro amor por el ciclismo: inolvidables los Basilio Couto o el doctor Dias Lema, los Trofeos Virgen Peregrina o San Sebastián, las pruebas de ciclo-cross en Monte Porreiro, y en todas ellas, tantos y tantos nombres que uno no puede recordar. Todas esas historias de vueltas adheridas a la piel de cada uno de nosotros penden también del hilo de quienes nos las cuentan y contaron, ahora Pedro Delgado y Carlos de Andrés (jamás nos olvidaremos de Pedro González), pero también de Javier Ares y José Antonio González Linares (¡nunca superaremos esa ruptura!) y como no, Carlos Arribas, lectura imprescindible en el estío desde la primera crono del Tour hasta la línea de meta de Madrid. Hoy empieza la Vuelta, una Vuelta más en nuestra memoria. Aunque esta es especial, porque esta es la más nuestra de todas las Vueltas.


Publicado en Diario de Pontevedra 24/08/2013
Fotografía: Álvaro Pino con una azafata días antes de adjudicase la Vuelta Ciclista a España de 1986 (Archivo Efe)

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