lunes, 12 de agosto de 2013

Viene para quedarse




A la hora del sorteo el ambiente era de alegría y complicidad en los presentes ya que todos los animales de la ganadería de César Rincón presentaban, por lo menos a simple vista, fundadas sospechas de que iban a permitir el lucimiento de los espadas. Pero en esto ya se sabe... Y luego las cosas no fueron tan felices, ya que si bien los toreros pudieron sentirse a gusto con sus oponentes, la justeza de fuerzas y la blandura de manos de los de El Torreón no permitían excesivas alegrías a los toreros.
Y si toca hablar de toreros ayer uno destacaba entre sus compañeros de tarde. Ese que viene rompiendo plazas y ferias desde su efervescencia torera y un compromiso abrumador con este arte. Se llama Iván Fandiño y se presentaba en Pontevedra tras cientos de kilómetros de carretera y tras pasaportar seis toros seis de la ganadería de Fuente Ymbro en Bayona. Allí las cosas no fueron todo lo bien que se esperaba, sobre todo por el insospechado bajón de los toros, pero en cuanto al torero, solo hay que recurrir a los que lo vieron y de él escribieron para confirmar el estado de gracia del torero de Orduña.
Ayer Iván Fandiño dejó patente que todas las plazas son iguales, que todas las tardes son la última tarde y que el torero lo es hasta cuando duerme. Falló con la espada en su primero y perdió una o dos orejas, quien sabe, todo tras una faena marca de la casa con los pies muy quietos, tanto con el capote como con la muleta. Heladora su firme primera tanda junto a las tablas. De ahí se fue al centro del redondel para enganchar unos muletazos con la mano derecha en los que cada pase no tenía fin, mientras con la izquierda, el toro, justito, justito, no permitía la ligazón. Iván Fandiño se fue a por el acero y antes de matar dejó varias manoletinas muy apretadas y llenas de emoción. Lo que la espada no permitió se convirtió en coraje de cara a un toro que ya parecía salir de los chiqueros sin las dos orejas.
Y es que a este toro, que se movía un poquito más y tenía más aguante que los demás, el matador se fue a por él como un rayo. Como una vela en el centro y citando de lejos se pasó el toro por delante y por detrás, siguiendo unas tandas inventadas ante un rival que se comenzaba a apagar, pero 24 horas antes había hecho lo mismo a otro toro. De dulce está Iván Fandiño y ya los tendidos entendían que la espada decidiría, una efectiva media estocada hizo rodar rápidamente a ‘Esperón’ y el clamor se convirtió en dos orejas que colmaron de felicidad a un diestro sabedor de la dificultad de esa segunda faena y por el buen sabor que dejó en los tendidos.
Junto a él salió a hombros El Fandi. Bien en ambos toros, con su despliegue habitual en banderillas y también con unas tandas muy variadas que siempre funcionan con el respetable. El acierto con la espada le otorgó sendas orejas. El Cordobés se fue otra vez de vacío, el idilio del diestro con esta plaza se rompió unos años atrás y parece que ya nada volverá a ser igual. Pero todo era ya gloria para un torero de esos que son distintos, de esos que simplemente, vienen para quedarse.
 


LA FICHA

Toros de la ganadería de El Torreón. De impecable presentación. Blandearon todos ellos de manos. El cuarto fue devuelto a los corrales, saliendo en su lugar el sobrero.

▶ El Cordobés. De crema y oro. Más de media estocada ladeada (silencio); Estocada tendida y tres descabellos (silencio).

▶ El Fandi. De carmesí y oro. Estocada levemente desprendida y descabello (oreja); estocada desprendida y descabello (oreja).

▶ Iván Fandiño. De salmón y oro. Pinchazo, estocada atravesada, un aviso y descabello (ovación); Media estocada (dos orejas) .

Cuarta y última corrida de la Feria de A Peregrina celebrada en la plaza de Pontevedra que registró tres cuartos de entrada. El festejo estuvo presidido por José Manuel López Sánchez que contó con el asesoramiento de Luis Núñez como veterinario y con Carlos Ares en el apartado artístico.
 
Publicado en Diario de Pontevedra 12/08/2013

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