domingo, 14 de julio de 2013

Lo real como relato


Enero y los falsos magos de Oriente, febrero y las segundas rebajas, marzo y unos carnavales tardíos, abril y el rumbo imprevisible de las fortunas, mayo y el frustrado examen de química de un lector de tebeos, junio y una noche de San Juan, julio y un crucero por el Báltico, agosto y el amor en un cine de verano, septiembre y una experiencia militar, octubre y los malos presagios, noviembre y una anciana función del Tenorio, diciembre y una cena de empresa.
Doce historias que nos comprometen con el ser humano para componer una diversidad de prismas con infinidad de caras en las cuales nos podemos ver reflejados. Muchas de ellas perfectamente podrían contar con nosotros como protagonistas, lo que evidencia una de las grandes virtudes del libro, como es la proximidad de las acciones con la realidad, con el día a día del ser humano.
Poeta, articulista, novelista o escritor de relatos breves la figura poliédrica de Felipe Benítez Reyes se desparrama a través de cada una de sus obras, en este caso a través del mundo del relato, historias breves que buscan concentrar esfuerzos de cara a conseguir el interés del lector, y que éste se engulla esos relatos antes de dejar el libro, cuestión, por otra parte bastante complicada de cumplirse, ya que la prosa brillante del autor impide caer en ese abandono precipitado. Hablamos de una escritura sin pretenciosidades, buscando el juego con el lector, la sorpresa, y en ocasiones también logrando la sonrisa al subvertir ciertas posiciones. ‘Cada cual y lo extraño’ se configura de esta manera como un itinerario por diferentes vidas, que podrían ser una misma, ya que hay relatos alusivos a diversas edades, estampas de una vida que avanza por las diferentes estaciones cronológicas de una persona y que nos conducen a hablar de las diferentes relaciones que tenemos con nuestros semejantes. Protagonistas anónimos de una vida que la literatura convierte en pequeños héroes cotidianos dentro de unas historias en las que, a medida que los años empiezan a mediar en ellos aparecen teñidas de nostalgia y hasta recuerdos de aquello que fuimos. Trasteros de la memoria que el escritor orea para su propia redención y de paso la nuestra. Los Reyes Magos, la adolescencia, las amistades infantiles, los amores y hasta los matrimonios, son circunstancias a través de las cuales el escritor configura un maravilloso itinerario que deseas recorrer para seguir conociendo cada una de esas estampas más o menos prolongadas en las que se encierra una carga de realidad que es la que nos enamora y con la que rápidamente se conecta.
Comenta Benjamín Prado, amigo del propio autor e integrante de ese vívido clan de Rota, a cuyos miembros el autor finaliza dedicando estos relatos, que “en verano el pelo corto y la novela larga”. Felipe Benítez Reyes le da la vuelta a la frase y a buen seguro estará con la melena protegida por su sombrero Panamá del viento de Levante al tiempo que deposita en nuestras venturosas manos estos doce relatos, breves e intensos, a excepción de la excepcional ‘nouvelle’ que parte el año, el libro y hasta el alma de protagonistas y lectores en dos mitades a través de un crucero devastador, repleto de momentos cumbre, muchos de los cuales también hemos sentido recorriendo esos otros relatos que flanquean a éste.
En todos ellos se evidencian las virtudes del autor gaditano, su cuidado en la prosa, su fino hilo con el humor, la fisicidad de una realidad que se mete en esas páginas para configurar unos textos que rezuman realidad y verdad. Una lectura, si les apetece, para el verano, pero les advierto que si leen el primero de ellos los demás se sucederán en una gozosa cascada literaria.


Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 14/07/2013 y El Progreso de Lugo

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