domingo, 28 de julio de 2013

Amigos

 
 
En 1977 Luis Buñuel ponía punto y final a una de las trayectorias cinematográficas más afortunadas y singulares de la historia del cine. Fue con el rodaje de ‘Ese oscuro objeto de deseo’, un antiguo proyecto en el que el director aragonés situaba a Fernando Rey ante dos mujeres, Ángela Molina y Carole Bouquet, en un mismo papel. Su plano final, en el que una mujer zurce cuidadosamente un desgarrón en un encaje ensangrentado, fue el último filmado por Luis Buñuel. En aquel rodaje estuvo presente una joven pontevedresa, quizás todavía ajena a ese genial muestrario de obsesiones en que se convertía cada uno de sus trabajos. El nombre de aquella muchacha era Pilar Rojo. En su persona se continuaba una curiosa relación entre Luis Buñuel y Pontevedra, siempre encauzada a través de la figura del que fuera prestigioso cirujano y personaje de referencia en ese ambiente cultural al que el franquismo no pudo someter, llamado José Luis Barros Malvar y al que esta ciudad debe una calle, plaza o lo que nuestros representantes públicos consideren, pero la deuda está ahí, sin saldar, con quien fuera el mejor embajador de esta ciudad durante mucho tiempo, y benefactor de muchos ciudadanos sin recursos a los que operaba sin pedir nada a cambio, solo por la satisfacción de ayudar a un vecino de su ciudad.
Seis años después de aquel rodaje, el 29 de julio de 1983, fallecía Luis Buñuel. A punto de cumplirse treinta años de aquella fecha el cine sobrevive, aunque muchos pensamos que ya nunca nada ha sido igual. José Luis Barros Malvar conoce a Luis Buñuel en los años cincuenta y su amistad se prolongaría durante casi treinta años. Ambos compartieron cenas, amistades, copas y planos en películas, ya que el galeno se convirtió, sobre todo en sus últimas películas, en un fijo con pequeños papeles; pero también compartieron, por ese orgulloso deseo de Barros Malvar de mostrar su ciudad a todas sus amistades, paseos por Pontevedra, como aquel de diciembre de 1969 en el que a Luis Buñuel le asaltó, como periodista de raza que es, Pedro Antonio Rivas Fontenla, quien detectó al director buscando localizaciones para adaptar la obra de Valle-Inclán ‘Divinas palabras’, y al cual realizó una entrevista en la que el director mostró su parquedad de palabras. La película nunca llegó a realizarse.
Pontevedra era uno de sus «cuarteles generales en Galicia», como la definía Barros Malvar, y así fue como también en Estribela, en su lonja, llegó a filmar una serie de tomas para realizar algún tipo de película sobre esas labores de la gente del mar que era algo que le apasionaba. Pero esas tomas volvieron a limitarse a ser un proyecto, y lo que podría convertirse en la versión gallega de ‘Los olvidados’, finalmente quedó diluida en la memoria de ese doctor que, cuando uno compartía unos minutos con él, no cesaba de relatar sus andanzas en común. Como sucede en muchas de sus películas, la imposibilidad de que algo suceda sin una explicación lógica, como en ‘El ángel exterminador’ con los protagonistas atrapados en una estancia incapaces de salir de ella, o en la citada ‘Ese oscuro objeto de deseo’, con un Fernando Rey frustrado cada vez que veía cerca la posibilidad de satisfacer sus deseos con la protagonista/s, por las cuestiones más variopintas, se repite con una Pontevedra nunca llevada a su cine, aunque Barros Malvar se encargara de que estuviese siempre presente en la mente del director, vinculación que continuó tras su muerte, cuando en el año 2000, centenario de su nacimiento, se empeñó, con las ilusión de un joven, en realizar en Pontevedra un homenaje al que fuera el mejor director de cine español, al que fuera su amigo.
 
 
Publicado en Diario de Pontevedra 27/07/2013

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