martes, 4 de junio de 2013

Tallando una joya



Pequeñas historias, relatos surgidos de apuntes entre rodajes, notas tomadas en viajes, instantes de inspiración literaria entre paréntesis cinematográficos. Sabíamos de las bondades cinematográficas de Fernando León de Aranoa (‘Familia’, ‘Barrio’, ‘Los lunes al sol’, ‘Princesas’ y ‘Amador’), pero ahora descubrimos gracias a este libro sus habilidades narrativas.
‘Aquí yacen dragones’ es como una joya facetada con sus pequeñas caras refulgiendo hacia el exterior. Brillos en forma de relatos, algunos de apenas unas palabras, pero en los que se condensa un inmenso ingenio y una sorpresiva habilidad narrativa. Juegos con las palabras y los significados, divertimentos que nos atrapan por la facilidad de su autor para engarzar palabras e imágenes como si estuviese en la sala de montaje de una de sus películas.
A partir de los diferentes títulos de los relatos Fernando León de Aranoa va dejando un rosario de sensaciones colgadas en el aire. Con independencia de su tamaño, la lectura de cada uno de ellos obliga a su término a un repaso mental de lo leído, a desandar tus propios pasos para recrear de nuevo lo  que se nos cuenta, indagando en la conexión de las palabras, en las lúdicas interpretaciones de aquello que a diario vemos en nuestras vidas. Un recomendable respiro que sirve de separación entre uno y otro, así como una toma de conciencia de la carga de profundidad que se encierra en muchos de ellos, pese a su aparente inicial aspecto de inocencia.
Situaciones, actitudes, sentimientos, anécdotas, objetos, amores, risas, recuerdos... todo ello da sentido a nuestra existencia y de todo ello se nutre el cineasta como personaje pegado a la realidad, algo que también caracteriza su cine, y perfecto conocedor de que en las cosas más pequeñas, en aquello que nos puede parecer más nimio, se pueden encontrar las historias más hermosas y complejas. Una realidad que se ficciona en un juego de espejos para colocarnos a nosotros mismos ante las caras de esa realidad.
Caras muchas veces repletas de miedo, el miedo, el gran arma de represión de la historia y también de la vida. Ante el miedo Fernando León de Aranoa propone la ficción, la imaginación y la palabra como distracciones para esos dragones que al final de los mapas marcaban los territorio ignotos, aquellos lugares a los que se vedaba el acceso al ser humano a través del monstruo, es decir, a través del terror, y al que se fía la consistencia de este proyecto que llega a buen puerto, tanto que uno a su término ya piensa en las notas que estará tomando el ya escritor para obsequiarnos con más relatos, hacia qué puntos estará mirando para que su imaginación vuelva a volar y acabe posándose ante nosotros. Y es que acabamos con ganas de seguir leyendo y eso, hoy en día, es una bendición.

Y para que eso se dé tenemos el agua bendita del lenguaje, que es lo que más sorprende al enfrentarse a lo que se presenta como la “primera gran incursión en la ficción literaria” del cineasta. Estamos ante un lenguaje vivaz y lleno de retruécanos, extremadamente cuidado y que muestra un amplio conocimiento del léxico y de los giros, variaciones y diferentes significados que este puede mostrar en según qué tratamiento. ‘Aquí yacen dragones’ es una muy recomendable lectura para dejarse llevar por relatos amables en su lectura, pero no se confíen, ya que bajo esa piel de cordero hay todo un retrato de nuestro entorno, de ese paisaje donde nos movemos,  en el que como bien sabemos, no todo es agradable y apacible. En ese punto germinal, en ese límite entre lo oscuro y lo claro, es donde emerge el brillo de Fernando León de Aranoa que, como un orfebre, talla en forma de joya.

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 2/06/2013

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