domingo, 30 de junio de 2013

Madiba


«Había pocos capaces de resistirse al encanto de Mandela; ni siquiera De Klerk, ni siquiera cuando estaban en plena campaña, uno contra otro, antes de las elecciones del 27 de abril, y ni siquiera después de que se enfrentaran en un debate en vivo en televisión como los de Estados Unidos.... Cuando el debate se aproximaba a su fin, Mandela tendió la mano y estrechó la del presidente, y le ofreció el elogio de que era «un auténtico hijo de África».
De Klerk, atónito, no tuvo más remedio que aceptar el apretón y puso su mejor sonrisa, aunque sabía que en ese momento Mandela estaba dándole un golpe decisivo.»

Madiba agoniza, y quizás cuando este artículo entre en talleres ya no esté entre nosotros, poco importa ya. Una de las figuras más importantes y emocionantes del siglo XX apura sus últimas horas en un siglo que ya no es el suyo, y quien sabe si lo será de ese continente al que de manera tan maravillosa representa. Ustedes pueden leer infinidad de biografías sobre Madiba (que es el título que le conceden los ancianos de su clan) para conocer lo hecho en su vida, pero si me quieren hacer caso no podrán leer mejor retrato de su persona y de lo que supuso para Sudáfrica que el libro de John Carlin ‘El factor humano’. Sí, ya sé que hay una película, y que la hizo Clint Eastwood, pero lean, háganme caso, no les va a hacer daño, y además les aseguro que el relato del periodista británico, corresponsal de The Independent en Sudáfrica entre 1989 y 1995, se impone de manera abrumadora a lo realizado por el gran Clint Eastwood en la pantalla. Las palabras que preceden a este artículo son solo algunas elegidas al azar de un libro en el que cada párrafo podía perfectamente ajustarse a la intención de esa entradilla, que no es más que mostrar cómo el carácter de un ser puede hacer cambiar su mundo, su entorno, aunque a priori nos pueda parecer una misión imposible y en la que nadie confíe. Como en este caso, en el que solo una persona tenía fe en su propósito: Nelson Mandela. Ese factor humano fue el que cauterizó cincuenta años de odio racial y que tuvo en el deporte un aliado inesperado que Madiba supo ver y aprovechar para el bien común de su nación. Pocos sistemas habían sido más atroces con el ser humano como el apartheid, de ahí que la inteligencia y la capacidad de perdón por parte de una persona encarcelada durante veintitrés años, singularizan este caso dentro de las transiciones de regímenes totalitarios a democráticos. John Carlin va a poner el foco en ese ser humano que ahora se agota, lejos de grandes movimientos políticos, de orquestadas maniobras entre bambalinas....todo se reduce a buscar el entendimiento en favor del interés general, situando a todo un país por encima del provecho de una etnia, aunque esta fuese la que durante décadas y décadas vivió sometida bajo un régimen de represión y terror. Todo ello iba a confluir en aquella final de la Copa del Mundo de Rugby disputada en el Ellys Park de Johanesburgo entre Sudáfrica y Nueva Zelanda y con un equipo, el local, los conocidos como Springboks, con un solo jugador negro en el terreno de juego. ‘Un equipo, un país’. Blancos peleando y dándose golpes por un país de negros y eso se tradujo a una grada que hasta el último minuto no pudo celebrar el triunfo que ellos entendían de una selección deportiva, pero que Madiba entendió como el fin de un sistema del que él mismo fue una de sus grandes víctimas. Solo cinco años antes de esa jornada festiva Madiba había salido de la prisión, y un año y un mes antes había jurado su cargo como presidente de esa tierra cargada de misterio y belleza pero que rara vez llega hasta nosotros. Leer ‘El factor humano’ les emocionará profundamente, pero si de verdad quieren sumergirse en Sudáfrica entonces dirijan su mirada al enorme escritor sudafricano y Premio Nobel, J.M. Coetzee, cojan su trilogía biográfica, ‘Infancia’, ‘Juventud’ y ‘Verano’, reunida ahora en un extraordinario volumen editado por Mondadori, ‘Escenas de una vida de provincias’ y comprenderán mucho de lo que ha sucedido en ese territorio físico y humano. Ahora que el cuerpo de Madiba se apaga será la luz de su espíritu la que seguirá iluminando a su país hasta la eternidad, como suele suceder con aquellos héroes a los que la historia busca y no cuando sucede al revés.


Publicado en Diario de Pontevedra 29/06/2013

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