martes, 7 de mayo de 2013

Maruja Mallo y la Revista de Occidente


La artista lucense se erige cada vez más como la gran voz femenina de la vanguardia artística española. Una exposición en Pontevedra recupera a la Maruja Mallo que entabló relación con la ‘Revista de Occidente’, es decir, con la más pura modernidad de aquel momento.



«Mitad ángel, mitad marisco», así se refirió a ella Salvador Dalí. Es posible que todavía haya mucha gente que no sepa que Maruja Mallo era gallega (el oficio de su padre en Aduanas hizo llegar a su familia hasta Viveiro en donde nació en 1902) y lo que tampoco se sabe demasiado es de su capital papel dentro del efervescente ecosistema cultural de la España de los años veinte. Porque esto de los años veinte no es solo una invención norteamericana, ahora muy de moda debido al inminente estreno de la última versión cinematográfica de ‘El gran Gatsby’; ni siquiera francesa, por aquello de cómo latía Montparnasse y sus aledaños durante esta década, sino que Madrid también estuvo a la altura de todas estas geografías merced a un conjunto de personajes tan maravillosos como irrepetibles.
Eran los años de las vanguardias de una jovialidad que el arte transmitía a una vida que no tenía límites ni limitaciones, pero en el que el papel de la mujer era muy secundario respecto al del hombre, estando las más de las veces los cenáculos culturales e intelectuales llenos de actitudes misóginas. En este caldo de cultivo la figura de Maruja Mallo supuso un fulgor que dejó a muchos asombrados y su presencia sacudió no pocas conciencias. Una de ellas, en absoluto menor, fue la del filósofo José Ortega y Gasset, el gran impulsor del pensamiento de modernidad y europeizante del que se empaparon tantos en aquel Madrid previo a la Guerra Civil. Su papel fue decisivo de cara al impulso de diferentes actividades artísticas y entre ellas el suyo fue clave para la consideración de Maruja Mallo como figura de primer nivel en la plástica española.
Y es que la obra de Maruja Mallo fue un terremoto que hizo saltar por los aires muchos de aquellos prejuicios atávicos. La versatilidad de su trabajo y la evidente modernidad de su obra enseguida fijaron la atención de nombres esenciales en aquel momento, como el de Ramón Gómez de la Serna, quien no dudó en elogiar y en situar a la altura de sus compañeros masculinos. Pero fue con Ortega y Gasset con quien la obra conformó uno de esos milagros que solo el arte puede realizar, y esa relación esporádica entre el veterano filósofo y la joven artista significó a buen seguro un soplo de aire fresco en la vida del pensador a la vez que el gran impulso para la artista. Cuando Ortega y Gasset conoció aquella pintura de verbenas, objetos deportivos y elementos mecánicos, enseguida se dio cuenta de que hablaba un lenguaje internacional asentado en el realismo mágico enunciado por Franz Roh, que se aproximaba a la sociedad a través del magnetismo que ofrece el uso de lo popular. Y así no dudó en proponerle a Maruja Mallo una exposición en la mismísima sede de la ‘Revista de Occidente’, algo hasta el momento impensable.
De ella Ortega y Gasset dijo que «tenía cuatro brazos, como una diosa» y el 28 de mayo de 1928, a punto están de cumplirse 85 años, el salón de actos de ese motor de un pensamiento llegado de todo el mundo se abría por vez primera a una exposición. Maruja Mallo siempre reconoció la importancia de aquel hecho: «‘Revista de Occidente’ marcó un hito en mi vida militante arte-conocimiento, abriéndome las puertas del mundo cultural en tres capitales: París, Nueva York y Buenos Aires».
El tiempo fue andando y la figura de Maruja Mallo no dejó de crecer hasta su muerte en 1995, como ha hecho durante los últimos años en los que varios ensayos han vuelto a reivindicar su figura como creadora y personaje singular. Dos excelentes trabajos han visto recientemente la luz, el primero firmado por Carlos L. Bernárdez ‘Maruja Mallo. A pintura da nova muller’ y el segundo a cargo de Shirley Mangini de título ‘Maruja Mallo’. La ‘Revista de Occidente’ se volvió a cruzar en su camino en 1979 cuando la hija de Ortega y Gasset, Soledad Ortega, invitó a Maruja a colaborar en un portafolio destinado a recopilar la historia de la revista. Ocho litografías, seis de ellas basadas en dibujos ya hechos por la artista en sus tiempos como colaboradora de la revista, se completaban con un fotomontaje en el que aparecían personajes e imágenes de aquellos felices años de vanguardia, y por lo tanto, de modernidad.



Mallo en Pontevedra
El Museo de Pontevedra nos permite contemplar en su nuevo edificio el impresionante óleo ‘Cabeza de mujer negra’, pero hasta el 8 de junio, muy cerca de ese lugar, en la Galería About Art en la calle Pasantería, podemos conocer esa carpeta de homenaje creada por Soledad Ortega y la propia Maruja Mallo en 1979, ya que forma parte de una exposición en la que se ofrece ese mítico portafolio que contiene tanto las litografías como el espectacular fotomontaje símbolo de toda una época. Una oportunidad que llega hasta nosotros con la posibilidad de poder hacernos con una de esas imágenes llenas de inteligencia y sutileza. 


Relaciones Esporádicas. Publicado en Diario de Pontevedra 6/05/2013






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