martes, 14 de mayo de 2013

La construcción de una vida




Todos los retazos de una vida que ésta le puede presentar a un hombre, desde el día a día hasta sus proyectos profesionales, derivan en la primera novela de Jonás Trueba (Madrid, 1981). Una obra que no puede leerse ajena de la que fue su primera película ‘Todas las canciones hablan de mí’ y de la recién finalizada ‘Los ilusos’. Cualquiera de estos tres discursos responde a una misma manera de entender la creación, siempre ajena a pretenciosas estupideces para plantarse en las calles y ambientes en los que se desarrolla la vida real para poder extraer de ella pequeños pasajes que, unidos, forman el puzle de una vida, que bien podría ser la de cualquiera de nosotros.
Esa suerte de naturalismo hace que el lector inmediatamente se encuentre muy cómodo ante sus palabras, ante esa evocación de diferentes situaciones a las que cualquiera de nosotros no es ajeno. ¿Quién no teme a lo que puede llegar a la vuelta de la esquina?, ¿quién no ha encallado en sus relaciones personales?, ¿quién no está lleno de incertidumbres ante sus retos profesionales? Jonás Trueba en estas pocas páginas es capaz de crear un retazo de vida, una existencia que se palpa en cada una de esas líneas que saben a verdad y en las que el autor, afortunadamente, no renuncia a mostrar aquello que sucede a su alrededor. Y así es como asistimos a las relaciones del narrador con sus compañeros, a la ilusión por construir su propia vida en una de esas etapas claves para la configuración de la persona, momento en el cual la juventud empieza a ser un lastre, una piel que se desprende de nuestro cuerpo, para comenzar una nueva vida, ni mejor ni mejor, sencillamente diferente, y responder así a nuevas inquietudes y percepciones de eso tan difícil como es la realidad.
 Llena de referencias cinematográficas que hablan del buen paladar del autor, será la creación de una película por parte del narrador el motor de la historia, hacia el cual confluyen una serie de personajes, pero sobre todo una serie de sensaciones, que es a mí lo que más me gusta de esta obra, cómo el autor ha sido capaz de transmitirnos sus evocaciones configurando una especie de diario de una vida. Apuntes de una realidad sobre la que rara vez reflexionamos en relación a nuestros comportamientos y actitudes.
Jonás Trueba abre así el debate a la pérdida de la inocencia, a la configuración de una nueva ilusión que cierra una etapa al mismo tiempo que abre otra, y para ello construirá todo un relato a través de una aparente ligereza. Pequeños párrafos que van tallando la vida como si de un diamante se tratase, lleno de caras, aristas en las cuales uno puede llegar a hacerse daño, pero que, a la vista del conjunto, finalmente lo que nos ofrece es belleza. Sorprende como un autor tan joven tiene tan claro (o eso aparenta) la concepción de esta obra facetada, llena de exactitudes y donde rara vez sobra una palabra. Una concisión muy de agradecer ante los soliloquios que muchos autores generan, más que como propuesta literaria como exhibición de algo que no se sabe muy bien que es. Aquí todo es visible y así aquello de lo que se nos habla, tanto del ambiente genérico (como puede ser la situación social del país, la irrupción del 15-M), como el ámbito individual (con las relaciones con mujeres o amigos), sabemos de qué se trata por no estar en absoluto alejados de esa vida de la que al fin y al cabo todos formamos parte. Cuando vimos ‘Todas las canciones hablan de mí’, muchos nos quedamos asombrados y enganchados a aquellas imágenes que destilaban frescura y humildad, historias de una calle a la que pertenecemos. Ahora nos sucede lo mismo con su literatura en la que reconocemos tanto la construcción de una vida, como la de las vidas de todos nosotros.

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo

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