domingo, 26 de mayo de 2013

Delirios



¡Tanta paz lleva como descanso deja! es el aforismo butanista que no se ha dejado de escuchar en boca de aquellos que aluden a la despedida de Mourinho. ¡Qué meses de gloria nos hubiera dado José María García diseccionando, al filo de la medianoche, las andanzas del técnico luso! Me estremezco solo con imaginarlo. 
En eso estaba servidor, pensando en su adiós y cavilando en un artículo a la altura del personaje, es decir, acondicionando el drakkar en el que colocar el catafalco del villano, héroe para muchos, envuelto en llamas acompañado por sus acólitos y todos unidos, con la mirada altiva y orgullosa, convirtiéndose en cenizas rumbo a los mares del olvido en las tierras del norte, directos a su Walhalla. La luz que entraba por la ventana comenzaba a atemperarse, como en un cuadro de Vermeer. El sol discutía su dominio con la incipiente oscuridad, llegaban las tinieblas, y lucifer asomó, produciéndose un clamoroso silencio, una estupefacción en un país que comenzaba a pellizcarse para ver si estaba despierto o si lo que tenía ante sus ojos era una pesadilla o un instante de enajenación transitoria. 
Pero allí estaba él, bajo la sombra de lo que fue bigote, y respondiendo ante un durísimo sanedrín: Gloria LomanaVictoria Prego y Francisco Marhuenda, que era como ver a tres ‘Hermidas’ ante su Majestad. La verdad es que poco importaba quien estuviera enfrente, José María Aznar (que aún no le había puesto nombre al jarrón), traía la faena bien aprendida y sabía perfectamente qué decir y cómo decirlo. Y lo dijo, vaya que si lo dijo. Y cómo lo dijo, al estilo de aquello del ¡váyase señor González! o lo de «ladrar el rencor por las esquinas». Es decir, palabras afiladas y cortantes, machetazos que dejaron la pantalla llena de vísceras. Frases lapidarias en las que se guarda una inquina inusual en el ser humano y lamentablemente un perjuicio para la comunidad. 
Entonces vuelvo a pensar en ese drakkar que se va consumiendo lentamente con sus porqués y sus dedos en el ojo, sus cacerías de vestuario y sus salidas a la banda para medirse ante el aficionado, y entonces dudo por un momento en quien estoy pensando, si en Aznar o en Mourinho, y establezco una asociación mental que los acerca peligrosamente a partir del cultivo de la egolatría. Seres que hacen del delirio su bandera, la manera de sujetarse a un mundo en el que cada vez más ambos no tienen sentido. Personajes malhumorados, envilecidos por su destino, deseosos de poner los pies sobre la mesa de sus dominios sin dejar que la hierba crezca bajo sus lustrosas botas y a la espera permanente del reconocimiento. 
El expresidente amenaza con volver, como si se hubiera ido alguna vez, como si desde ese laboratorio llamado FAES no se estuviesen continuamente ensayando pócimas para diseñar una sociedad al estilo neocón entre privatizaciones y recortes a partes iguales. Un elixir de juventud para estos individuos incapaces de entender que cada uno tiene un tiempo en su vida y que una vez enfundado el sable éste solo debe quedar para sesiones de gala y honores, no para ajusticiar a un país. Y a todo esto, el que fuera su portavoz gubernamental se dedica a rayar coches por los madriles pasado de copas, a sus contables les salen los sobresueldos de los asientos y Acebes aparece en los túneles gallegos con el logo de Iberdrola tatuado en el pecho. ‘Amor de madre’ cantaría Revólver. Amor de ‘cash’. 
Los años van componiendo la verdadera imagen de aquel esplendor que nos quiere revender Aznar: la patria inmobiliaria y el abrazo yanqui. La fortaleza económica y la posición en el exterior que tuvieron su guinda con la boda escurialiense en la parrilla deFelipe II que poco a poco ha ido devastando a sus invitados, tras hacerlo con el propio mandato Aznar. En el PP ya no saben si reír o llorar, unos ríen ante la astracanada, pero otros lloran descubriendo el verdadero pelaje de aquel que consideraban su ‘The special one’. Ya lo dijo un popular de tronío, Pío Cabanillas: «Al suelo que vienen los nuestros». Con el PSOE intentando descifrar lo que significan sus siglas, el gran problema paraMariano Rajoy es este ‘Crepúsculo’ protagonizado por un actor demodé en busca de ruido. Ruido de amenazas, ruido de escorpiones, para con ello distraer las miradas y tapar miserias internas. 
El drakkar ya es solo polvo sobre las olas, recuerdos de gestas que no fueron y de bocinazos que se impusieron a la alegría del balón. Despojos de una maquinaria que, ajena a victorias o a derrotas, ha evidenciado el fiasco de una persona sobrepasada por sí misma y sus delirantes actitudes.


Publicado en Diario de Pontevedra 25/05/2013

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