lunes, 4 de marzo de 2013

Estampas irlandesas




En cuanto escuchamos el título de ‘El hombre tranquilo’, a cualquiera, inevitablemente, se le va la mente y hasta el espíritu al universo creado en la película del mismo nombre por JohnFord en 1952. Una de las cumbres del director irlandés, que es lo mismo que decir de la historia del cine. Aquella historia costumbrista de eternas peleas, cerveza a borbotones y amores raciales sobre el verde tapete irlandés con la estelar pareja de John Wayne y Mauren O’Hara, se convirtió en uno de los relatos icónicos del mundo del cine.
Pero antes de imagen fue palabra y esa palabra llega ahora, por primera vez a publicarse en nuestro país gracias a la más que meritoria acción de la editorial Reino de Cordelia y su labor de reedición de varios de los textos más vibrantes de la literatura, algunos muy conocidos, como la reciente publicación de ‘El gran Gatsby’, y otros, como este caso, asombrosamente ignorados a lo largo de décadas y décadas, eso sí, todos ellos presentados bajo una de esas ediciones que te hacen querer a quienes apuestan por esa muestra de respeto hacia el libro.
Maurice Walsh publicó en 1933 un relato en la revista americana The Sarturday Evening Post titulado ‘El hombre tranquilo’. Fueron muchos los lectores apasionados por su lectura y el avispado John Ford apostó inmediatamente por hacerse con los derechos de una obra en la que se imbricaban muchas de las dimensiones que afloraban en su cine y que además podía situar en su querida patria. El relato apareció meses más tarde publicado en Irlanda pero en España nunca se llegó a publicar con lo que la historia del retorno del bravo boxeador a su patria en busca del descanso y el latido de la tierra solo era conocido a través del cine.
Es evidente que a cada página que uno pasa y penetra en las diferentes historias que se van sucediendo en el libro, las caras e imágenes que se le presentan son las de Wayne y O’Hara, como no, ellos son los protagonistas, tanto de la película como ya lo son del texto escrito, que no podía imaginar más acertadas caracterizaciones para ambos personajes. En el texto se van sucediendo una serie de estampas irlandesas que ahondan en la secuencia de caracteres típicos de una tierra tan singular como la irlandesa. El autor se adentró en el terreno literario a partir del amor de su padre por inculcarle todo ese intramundo de relatos orales, mitos, tradiciones y elementos que especifican el universo irlandés y que dotan al texto de una fuerte carga nacionalista que en el paso a la gran pantalla se quedó en el camino, posiblemente por no romper la cara amable que evidencia la película, eludiendo temas espinosos como puede ser el conflicto del IRA, que en el texto de Maurice Walsh, está muy presente a través de las acciones de varios jóvenes.
Ese pueblecito de Inesfree es la Itaca a la que regresa el héroe para disfrutar de su descanso, tras una vida de combates en los Estados Unidos. Un microcosmos en el que una vez allí toda una fauna de tipos populares le hará por momentos dudar de sus intenciones, para finalmente darse cuenta de que ese es su lugar en el mundo al lado de una mujer con el pelo encendido y un carácter de mil demonios.
Maurice Walsh presenta toda una serie de hilos de los que irá tirando John Ford y que alimentará con sus propias historias y la necesidad de la construcción narrativa de una historia para ser vista, por cuantos más espectadores mejor. Aunque nos pueda parecer increíble tenemos, ochenta años después de su publicación, con ese texto en nuestras manos, la posibilidad de asomarnos a la génesis de la película, pero también a la plasmación de una serie de estampas de la inagotable Irlanda.

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 3/03/2013

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