domingo, 27 de enero de 2013

Columnismo


Para empezar pongamos las cosas claras. Ni el que firma este artículo es un fantasma, ni esta columna vale 3.000 euros. Ahora sí. Corren malos tiempos para un columnismo todavía no repuesto del fallecimiento de Francisco Umbral y al que Pedro J. intenta resucitar a través de Manuel Jabois. Un rayo de esperanza que podría iluminar un camino renovador de un sinfín de plumas que escriben con la densidad de una tinta cada vez más cansina. Con la inalterable guardia pretoriana de El País esgrimiendo metáfora tras metáfora, mientras se condena a David Trueba a la tortura de colocarlo horas y horas sin entubar ante la televisión; en la otra orilla, un hálito de vida emerge de firmas como las de Antonio Lucas o David Gistau. Ahí lo tienen, los pájaros se tiran a las escopetas con el hombre de los tirantes renovando el yermo paisaje del columnismo patrio, donde son muchos los fantasmas que por él pululan con traje y cara, mucha cara, mientras otros fantasmas, de piel nívea y labios rojizos, se travisten bajo la chusca sábana de la picaresca que entremezcla letras con política. Un cóctel de poder, ideas, engaños y amores que además de para facturar a golpe de tocomocho nos ha descubierto a una articulista y una escritora que no sabíamos que articuleaba ni que escribía llamada Irene Zoe Alameda, de seudónimo, Amy Martin.

Publicado Diario de Pontevedra 26/01/2013

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