lunes, 3 de diciembre de 2012

¡Bendita inocencia!

El ‘mundo mundial’ ha cambiado mucho en estos diez años sin noticias de Manolito Gafotas. Ahora vuelve, eso sí, llámenle, ‘Mejor Manolo’

Diez años son muchos años para todos. Piensen lo que ha cambiado su vida en estos últimos diez años o, aunque no sea muy agradable, recuerden lo que era este país hace dos lustros y reflexionen en que nos hemos convertido hoy. Pues estos diez años son los que han transcurrido desde que la escritora Elvira Lindo dejara en reposo a una de las creaciones más audaces y frescas de nuestra literatura. Aquel niño de Carabanchel Alto, que responde al nombre de Manolito Gafotas, junto a su familia, posibilitan a la autora tener el punto de ingenuidad y descaro que siempre es necesario para aproximarse a la realidad, permitiéndole tratar muchos temas con la permisibilidad que solo se le concede a los niños para hablar alto y claro. Muchos elementos han cambiado en esta geografía social y humana que es una sociedad, también Manolito Gafotas ha cambiado. Él y su familia, tanto que hasta ha llegado un nuevo miembro, una niña de bucles dorados ‘la Chirli’, trasunto de una de las debilidades de la autora, como es la actriz Shirley Temple. Y es en el conjunto de esta sociedad, agonizante por una crisis llena de mezquindades, en la que surge el Manolito Gafotas adolescente, convertido en Manolo, como a él le gusta que le llamen, sabedor de que a aquel niño se le escapa la infancia y de que algo está cambiando a su alrededor. Pero Manolo si algo conserva es la inocencia, aún a salvo de ser ajada por la comunidad y el paso de los años. Esa inocencia es la que le permite mostrar esas aristas, cada vez más afiladas, que se hunden en nuestras entrañas para modificar nuestra realidad: la burbuja inmobiliaria, la crisis de las cajas, las huelgas y los recortes, la visita del Papa, el uso de los móviles en los menores y hasta Iñaki Urdangarín tienen cabida en esta radiografía de lo que hoy somos con el poso feliz de lo que fuimos.
Evidentemente no se podría entender al personaje sin esa fina sutileza en que se convierte su humor, un desengrasante de la realidad al que cada vez menos acudimos para aliviar nuestras miserias en la vida real y que la literatura y Elvira Lindo nunca dejan de lado como buen sinónimo de inteligencia. Manolito Gafotas, perdón, Manolo, con sus reflexiones rara vez no va a dejar en nuestra cara el esbozo de una sonrisa, el reflejo de un ingenio que le hace aproximarse a la vida de una manera tan brillante que muchos mayores deberían copiar como forma de relacionarse con la sociedad, aquí planteado desde su ámbito de amistades, con los incomparables Orejones y Yihad; o la evolución del trato con su familia, desde su madre o su padre hasta su abuelo, cada vez más mayor y con más dificultades para el cuidado de sus nietos, lo que hace que Manolo adquiera un mayor grado de responsabilidad, sobre todo por la presencia de la nueva de la casa, ‘la Chirli’, y por último, su especial relación con su hermano menor, ‘el Imbécil’, como siempre le hemos conocido.
Entre todos ellos se compone el fresco de esta España nuestra, cada vez más gris y lineal en el pensamiento general. Tras leer ‘Mejor Manolo’, uno no entiende cómo hemos podido estar tanto tiempo huérfanos de este muchacho, de este joven que comienza a entender el mundo al que sus padres le hicieron llegar en un momento de esperanza y futuro y en el que ahora ese futuro se ha convertido en un presente tan imperfecto en el que solo lúcidas miradas como las de Manolo y “la autora que escribe lo que él le cuenta”, pueden ofrecer algo de luz entre tanta oscuridad. El libro termina lastrado por esa ‘realidad real’ que hace madurar al protagonista, frente a la opción de la autora, y una cierta desesperanza que solo el tiempo y la evolución de los acontecimientos podrán mudar en sucesivas entregas de esta brújula infantil que se ha hecho mayor.



Publicado en Diario de Pontevedra 2/12/2012 y El Progreso de Lugo 1/12/2012

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