domingo, 18 de noviembre de 2012

Cota


Hundo mis pies en la arena y dejo sobre ella pequeños abalorios, alguna fruta exótica y un licor de alta graduación en señal de bienvenida. No se me ocurre otra forma de darle acogida a Rodrigo Cota en este lugar recóndito que es la última página de un periódico. Y lo hago así, como habrían hecho aquellos seres con taparrabos que dieron la bienvenida al paraíso a Colón. Yo si por algo conozco a Cota, sobre todo antes de firmar en este periódico, es por su defensa de la teoría del Colón gallego, algo así como un de la Riega de la posmodernidad, lo que para alguien con título de historiador no deja de ser un hermoso sueño y que cuando asoma Pedro Madruga se convierte en delirio. Si algo aprendí de mis profesores es que para confirmar una teoría hace falta un argumento irrefutable, y ese no es más que un ‘papeliño’. Ya encendida la mecha que nos dará juego en las próximas décadas, reconozco en el Cota posdiario la revelación del gran exégeta de los plenos locales, lo cual no es moco de pavo tal y como está nuestro patio político. Desde que el Teatro Principal sube a nuestros ediles al escenario nadie ha sido capaz de ver el espectáculo como aquellos antiguos griegos asistiendo a un drama piosordo: lo que empieza a ser trágico acaba convertido ante el lector en una sátira. Cota es capaz de eso y más, en este nuevo mundo lo comprobarán.


Publicado en Diario de Pontevedra 17/11/2012
Fotografía Rafa Fariña

1 comentario:

  1. Convencido de que tienes razón, coincido y estoy seguro de que cuando, por fin, se pueda llevar a cabo el análisis de los ADN necesarios para confirmar la identidad del Colón Gallego en la que muchos creemos y donde Cota puede ser considerado como referente, todo cambiará y su reconocimiento será general y la teoría defendida, universal.

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