sábado, 8 de septiembre de 2012

Garci

 
Entre las perversiones que uno tiene, y que se pueden airear, figura el que me gusten las películas de José Luis Garci, y además casi tanto como oírle hablar de cine. Lo digo para que conste en acta y para que esta España tan modernita me acomode en ese patio de butacas siniestro junto a aquellos que sufren náuseas mientras una cámara va dando saltos persiguiendo a los actores o cuando el director de turno convierte cada fotograma en parte de un convulso rito diabólico. José Luis Garci estrena su visión de un Sherlock Holmes encastrado en un Madrid entre decimonónico y castizo del siglo XIX que servirá, sobre todo, para que se sigan hundiendo en la palma de sus manos los clavos de quienes no soportan su cine y su figura. Tan alejado de modas como fiel al espíritu del cine más clásico, José Luis Garci ve la vida a través de la cámara como los directores de aquel universo que desde Hollywood iluminaron al mundo entero. Ajeno a cualquier moda y conocedor de que el único tiempo con sentido es el que se contiene en el interior de esa cámara, la idea de la narración es tan importante que en sus películas sucede algo inusual en el cine español y es que en ellas se cuenta una historia. Y claro, muchos se aburren, por aquello de la necesaria implicación del espectador ante lo que ocurre en una pantalla alejada del prolífico y exitoso cine de videoclip.
 
 
Publicado en Diario de Pontevedra 8/09/2012

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