miércoles, 1 de agosto de 2012

Cicatrices en el alma


Su última novela  ‘El día de mañana’ recibió el Premio de la Crítica en lengua castellana y hace unos meses se ha conocido la concesión del premio Giuseppe Acerbi a una obra anterior, ‘Dientes de leche’. Premios a parte, lo realmente cierto es que las novelas de Ignacio Martínez de Pisón crecen a medida que éstas van saliendo a la luz mediante una literatura siempre comprometida, en la que se recurre a la memoria como base de fortificación del ser humano, pero también entendida como el anclaje con multitud de heridas, esas que la vida deja en nuestra alma y de las que no nos podremos despegar en mucho tiempo, en el caso de poder hacerlo. En esta novela esas heridas son el sustrato de la narración, las arenas movedizas que se van tragando a una serie de personajes a los que la vida o el destino han ido colocando en el seno de una familia donde el pasado estará siempre presente.
Tres generaciones de una misma familia, los Cameroni, de ascendencia italiana, aunque asentados en Zaragoza tras la Guerra Civil, son las protagonistas. Pero no solo es una familia, sino que se describe a varias generaciones de la sociedad española del siglo pasado. Una crónica en la que el autor maneja con destreza la mezcla de realidad y ficción en un tiempo en blanco y negro, donde el relato familiar se extiende por aquella España del franquismo.
“Entonces no tenía ya el 600 sino un Simca, comprado de segunda mano con el sueldo de los primeros meses de trabajo en La Confianza. Se metió en el Simca y, antes de encender el contacto, se entretuvo tratando de despegar del salpicadero un San Cristóbal dejado por el anterior propietario. Era como un tic, lo hacía siempre que montaba en el coche, pero siempre con escasa convicción...”. Párrafos como éste son los que nos aproximan a esa capacidad para introducir en el relato esa vertiente realista que muestra un paisaje social ¿Cuántas familias en este país han vivido ese tránsito del 600 al Simca? o ¿quién no ha visto pelearse a su padre o ha sido uno mismo el que se ha peleado con ese santo o esas fotos de familia que se incrustaban en el salpicadero? Esta es una de las virtudes de la escritura de Ignacio Martínez de Pisón, escritor fortalecido desde la memoria de un país que tantas veces olvida, y la más de ellas no suele respetar. Es por ello que muchas de sus obras giran en torno a la Guerra Civil y a sus consecuencias. Unas consecuencias que, como vemos en ‘Dientes de leche’, presentan un largo recorrido a través de las diferentes generaciones que componen esta familia.
Un mundo de apariencias, de secretos que el paso del tiempo y el crecimiento humano y personal de sus componentes van descubriendo de manera dolorosa. Estos descubrimientos irán haciendo mudar las relaciones familiares entre unos miembros que, al tiempo que descubren su pasado, se descubren a sí mismos. Un viaje expiatorio en el que nos queda esa memoria que a veces se nos escapa entre las manos como un puñado de arena, permitiendo que el odio se imponga a cuestiones mucho más importantes y necesarias para el hombre. Así es como el libro remata de una forma portentosa, una emoción que justifica todo lo vivido anteriormente y donde sobre todo se comprende como la vida es una suma de momentos, unos mejores y otros peores. Sonrisas y lágrimas que fluyen con naturalidad, tanto en la realidad como en una novela de esas que se disfrutan de manera intensa. Sobre todo por que se palpa en ella ese fluir que muchas veces no se da en otras obras, pero Ignacio Martínez de Pisón esta dotado de esa bendición para que todo fluya y nada se detenga, para hacernos feliz mediante la escritura.


Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 29/07/2012

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