martes, 10 de julio de 2012

Los grises de una noche

La noche de los tiempos’ acaba de ser premiada en Francia con el prestigioso premio Méditerranée Etranger todo un colofón a una extraordinaria novela. Leer esta novela supone abrir una de las páginas más complejas de nuestra historia. Pero también es abrir la puerta a las vidas que se vieron arrastradas por aquel torrente de desesperanza y mezquindad. Un complejo fresco creado para ensalzar al ser humano.

Llega el verano. Tiempo de largas tardes ociosas y en las que se puede optar por la lectura de obras a las que nuestras ocupaciones,  a lo largo del año, nos pueden hacer desistir de ciertas empresas. Al amparo de este galardón quizás sea ésta una buena ocasión para dejarse llevar por la historia de Ignacio Abel, un arquitecto que marcha de esa España que saltaba por los aires en 1936, reventada por sí misma,  y dejando atrás a su familia, el recuerdo de varias personas, un amor fugaz, pero sobre todo, el ambiente de una época compleja y desalentadora.
Editada en 2009 el reciente reconocimiento por parte de las letras francesas insufla un hálito de vida a una novela de largo, larguísimo recorrido por las descomunales pretensiones de su autor. Antonio Muñoz Molina, en las más de novecientas páginas de la obra, plantea uno de los frescos más poderosos de la amplia literatura que en nuestro país gira en torno a la Guerra Civil. Febril caldo de cultivo de narraciones muchas veces afectadas por el maniqueísmo a la hora de interpretar una historia en demasiadas ocasiones reducida a un enfrentamiento entre buenos y malos. Si algo logra el escritor es incidir en ese espacio donde sí se puede encontrar lo real, el intersticio desde donde asomarse a un enfrentamiento fratricida que asoló a un país de y cuyas consecuencias todavía hoy son bien visibles. Hablamos de ese espacio de grises, donde ni lo blanco es blanco, ni lo negro es negro, donde el lector debe vislumbrar la duda, es decir, el motor de una vida, y más aún en un periodo tan convulso como lo fue éste.
Y para ello se centra en una de esas vidas. Precisamente lo que le falta a nuestra literatura guerracivilista es el acercamiento a las individualidades, a relatos donde el devenir de un ser humano con sus virtudes y flaquezas, sus bondades y miserias, y como no, sus dudas, sirva de reflejo de una generación que se encontró absolutamente superada por los acontecimientos y donde las decisiones debían ser tomadas en segundos y en situaciones de presión extrema. Decisiones que además iban a ser la compañía irrenunciable que soportar a lo largo de toda una vida.

La dimensión de la novela es la que, lejos de ser un elemento pernicioso, permite a su autor crear la atmósfera necesaria y facilitar así la integración de las numerosas historias que van convergiendo como los afluentes de un gigantesco río en que se convierte la vida de Ignacio Abel. Historias y personajes, porque si algo pone de manifiesto la novela (aunque ya era algo más que sabido) es la capacidad de su autor por definir y plantear personajes. Todos y cada uno de los que por aquí pasan, algunos creados a tal efecto, y otros reales, como lo puedan ser Bergamín, Moreno Villa o Juan Negrín, no hacen más que redimensionar la posición del ser humano ante la situación de conflicto. Hablamos de personajes que se ven arrastrados por la situación, no solo de un país, sino de todo un continente como lo es la Europa de los años treinta. Inocencias perdidas que se ven derribadas por los vaivenes de la sociedad, por una historia empeñada en hacer fracasar la idea de progreso del ser humano. Y es que el ser humano es el gran protagonista de este tapiz que Antonio Muñoz Molina se empeñó en afrontar como el escritor comprometido que es. Y no me refiero a un compromiso con un ideario político insoslayable, sino un compromiso con el hombre, cincelado a base de matices que esculpen su personalidad y por extensión la de todo un país. El premio Méditerranée Etranger reconoce a aquellos libros editados en Francia procedentes de países que se asoman al Mediterráneo. Un premio entreculturas que en esta ocasión no ha podido ser más acertado.


Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 8/07/2012

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