domingo, 29 de julio de 2012

Chándal

A nadie se le escapa la importancia del factor sorpresa en una competición deportiva. Es por ello que quizás no se ha sido del todo justo con la indumentaria que la delegación española vestirá en los Juegos Olímpicos, ya que si somos un poco inteligentes podemos labrar nuestro futuro de preseas haciendo de la necesidad virtud. Una vez en la cancha y camuflados bajo el inefable arabesco, los rivales identificarán esos ropajes con los de algún débil enemigo procedente de la más variopinta región caucásica. El relax rival será inminente, posibilitando la relajación de sus músculos y el consiguiente descenso de sus posibilidades de triunfo. Tras despojarse del polémico chándal el contrario comprobará, ¡oh, sorpresa! como la enseña española luce en el pecho de ese deportista que hace tan solo unos segundos semejaba una presa fácil. Erguirá entonces sus orejas y su musculatura se contraerá, situándose alerta ante la inesperada situación, pero de nuevo, y tras una rápida valoración del estado de la economía de nuestro país, volverá a confiarse, sabedor de que aquí no estamos para andar perdiendo el tiempo dedicándonos a correr, a nadar o a disparar flechas, será entonces cuando el deportista español aproveche la confusión reinante para imponerse a todas esas dudas y colgarse una medalla sobre ese chándal que nos conducirá a la gloria.


Publicado en Diario de Pontevedra, 28/07/2012

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