lunes, 25 de junio de 2012

El peso de lo liviano

La nueva obra de Luis García Montero no es un libro de poesía. ¿O sí? Lo cierto es que nos alejamos de la tradicional presencia métrica de los versos pero, en el fondo, la mirada del poeta es la que se impone a lo largo de una prosa suave e inteligente, capaz de convertir un objeto de uso diario en nuestros hogares en el protagonista de un pequeño relato cargado de sensaciones y sentimientos. En definitiva, ‘Una forma de resistencia’ ante el paso del tiempo, pero también ante una sociedad no siempre acogedora y casi siempre perversa con el ser humano.

Vivimos en un mundo de magnitudes que nos abruman. Cantidades ingentes de euros que se dedican al rescate de las entidades bancarias, millones de parados que lastran nuestra economía, cientos de muertos en Siria que nos deberían avergonzar como integrantes de ese eufemismo llamado ‘comunidad internacional’... y así podríamos continuar al mismo tiempo que nos iríamos sepultando bajo esa desorbitada presencia. Frente a todo ello, Luis García Montero opone la pluma. Es decir, lo liviano que existe a nuestro alrededor y que desde una mirada poética alcanza una nueva dimensión, al tiempo que emerge de su cotidiano aislamiento. O eso es lo que nos parece, porque si algo logra precisamente el autor es que tras la lectura de este libro editado por Alfaguara, ‘Una forma de resistencia’, miremos a nuestro alrededor de manera distinta a como lo venimos haciendo desde hace años. Ese despertador que aporreamos como preámbulo a un nuevo día; esa copa de cristal en la que se contienen tantas alegrías, pero también numerosas desilusiones; o ese billete de tren que guardamos casi sin querer y ahora es él el que quiere ser protagonista... y así tantos objetos, tantos elementos que nos acompañan de manera anónima durante nuestra vida.
Luis García Montero realiza un recorrido por sus pertenencias, por esos lugares muchas veces transitados desde su presencia, compartiendo momentos puntuales. Hechos concretos que desde el tacto o la mirada se recuperan como forma de resistencia ante la persistente tormenta que nos acecha de manera contumaz. El objeto es la excusa, el pretexto para abrir una caja de Pandora, en muchas ocasiones de una expiación personal a la que se presta el propio autor; pero en otros casos, para analizar diferentes caras de esta sociedad que nos toca vivir, llena de perversiones y de miserias ante las que esos utensilios se enfrentan desde su aparente sencillez, desde su endeblez física, pero que, como un caballero andante, se han visto reforzados por la presencia del ser humano y, sobre todo, por el hecho de ser parte de una vida, redimensionando así su existencia.
Con esa armadura cabalgan a lo largo de una prosa efectiva, como lo había sido cuando descubrimos al Luis García Montero prosista en el libro biográfico de su amigo inolvidable y poeta Ángel González, ‘Mañana no será lo que Dios quiera’. En él, aquella caricia sobre la ausencia tenía en un lenguaje cargado de tintes poéticos el aliado para aproximarse al poeta asturiano. Ahora, es esa forma de escribir de puño de hierro en guante de seda la que hace de cada uno de estos objetos las estaciones de paso de una vida. Andenes que recorrer para entender lo que es uno mismo, las manías, las maneras de actuar en el día a día, el recuerdo de las personas que han sido importantes, de las noches de whiskies, los sabores, los lazos familiares, la política, la calle, Granada, Almudena, los viajes, las ilusiones, las desilusiones, el orgullo, la esperanza, la rabia, la impotencia, la memoria. Derivadas que se accionan cuando el poeta fija su mirada en esos protagonistas silentes, en los notarios de lo vivido y, cuando lo hace, es cuando Luis García Montero nos abruma con unas frases que podrían grabarse en cualquier lapidario. Frases que suenan a eternidad, concisos análisis de una situación como la actual, a la que el poeta se enfrenta con esa arma que es la palabra; a ella se sujeta como última esperanza para superar esta zozobra mental y espiritual de un siglo recién estrenado pero lleno de calamidades.
Luis García Montero ha defendido siempre la poesía como “un ajuste de cuentas con la realidad”. En este libro los versos tienen forma de objeto, las rimas se convierten en compañías y los silencios se transforman en memoria. ‘Una forma de resistencia’ es un delicioso viaje por un hogar que podría ser el de cualquiera de nosotros, ya que cada lector también tendrá sus experiencias junto a sus acompañantes cotidianos, aunque tengamos siempre una tara, la capacidad de convertir esas sensaciones en palabras tan certeras como resistentes a un tiempo en el que tantas cuentas hay por ajustar.
Y el poeta las ajusta, vaya si las ajusta. Comprometido con su entorno, Luis García Montero no pasa de puntillas por este puñetero mundo, su posición es bien clara y su compromiso con unas ideas le han llevado a escribir de manera frecuente sobre cómo el ser humano es azotado por la tormenta y cómo la sociedad cada vez más le niega su posibilidad de desarrollo y, sobre todo, su felicidad. Ahora el medio es diferente, y son esos elementos los que claman sobre nuestra posición y los que provocan nuestra reflexión. El gran logro de este libro. Ni más ni menos que obligarnos a pensar.

Publicado en Diario de Pontevedra 24/06/2012

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