lunes, 21 de mayo de 2012

Dos miradas en torno a un balón


Manuel Jabois y Marcos Abal firman sendos textos en torno al corazón futbolístico que late en su interior. Uno del Real Madrid; el otro, del Barcelona. Un duelo balompédico repleto de la memoria sentimental que se ha ido depositando tras las diferentes experiencias vividas alrededor de un balón y su relación con ambas franquicias. Desde la infancia hasta nuestros días ambos, se presentan como la mitológica figura de Sísifo, cargando a sus espaldas el mundo que supone para los aficionados al fútbol ese equipaje de sentimientos y vivencias.

  

Uno dice que le gustaría congelar la felicidad que le producían los goles de Hugo Sánchez y envasarlos para disfrutarlos cualquier día; el otro echa de menos los sudores de antes en las camisetas de los jugadores, “como si fuesen actores porno”. Manuel Jabois y Marcos Abal firman sendos libros en la colección Holligans Ilustrados que la editorial Libros del K.O. ha puesto en circulación revisando las memorias que, sobre diferentes equipos, se han ido sedimentando en la mente de varios personajes. Así, Enric González escribe sobre el Espanyol, Antonio Luque sobre el Betis y Julio Ruíz del Atlético de Madrid; mientras que nuestros dos paisanos, Manuel Jabois, nacido en Sanxenxo, y Marcos Abal, en Pontevedra, ambos de puerto de mar, se encargan de los dos grandes, de los portaviones del fútbol español, esto es, Real Madrid y Barcelona.
‘Grupo Salvaje’ es el título que Manuel Jabois dedica a bucear en sus recuerdos de infancia, que como en cualquier niño bien nacido, en gran parte giran en torno al fútbol. Él, sanxenxino de pro, que hasta una ‘Cebola de ouro’ cuelga de su currículum, construye su relato al amparo de la casa familiar donde abuelo y padre, amén de la educación de conocimientos, formaban en otros valores, y en este caso, por supuesto, ‘blancos valores’. Pero al pobre Manuel el destino quiso ponerlo de bruces ante un hecho racial dentro del madridismo, las ligas de Tenerife, no las ganadas, que sería lo normal, sino las perdidas. El grito exclamado ante el camarero de un pub varios años después de ¿A dónde carallo iba Buyo? emerge en el relato como la ballena blanca del texto y en el que se refunda al Manuel Jabois de brillante estilo y correajes merengues. Aquel sol canario, que cayó a plomo sobre las cabezas del madridismo, es para el Real Madrid algo similar a lo sucedido en Sevilla en la final de la Copa de Europa perdida por el Barcelona ante el Steaua de Bucarest, en una tanda de penalties de la que muchos años después también podemos exclamar: “¿Quién carallo entrenaba los penaltis en aquel equipo?”.
Y es que la rivalidad entre Real Madrid y Barcelona se escribe casi más que desde la alegría propia desde el fracaso contrario. Una fricción constante que alimenta de anécdotas ambos relatos que, además de bucear en lo propio de sus respectivos equipos, también lo hace en puntos claves de nuestro fútbol. Y así a Manuel Jabois se le aparece, como el dickensiano fantasma de las navidades pasadas, el Butragueño de Querétaro que nos dejó en duermevela todo un campeonato hasta que supimos que en España seguíamos sin saber lanzar penaltis como es debido (y aún hoy no sabemos, todo sea dicho), para seguir así rastreando de manera lúcida a toda aquella generación de la Quinta del Buitre e ir enganchando los recuerdos, más que los futbolísticos, los de la vida propia. En un Sanxenxo de vino y rosas, donde la felicidad se cargaba de besos robados y noches clandestinas. Cintas TDK, los gritos de Rosety y García. Siempre García. Es la construcción del relato mítico que deriva en lo que hoy somos, en una noche de fútbol ante la pantalla del Rúas donde el Real Madrid de hoy, es decir, el Real Madrid de Mourinho, camina implacable como en la película de Peckimpah hacia su autodestrucción. Y es que ante esa pantalla, además, se encontraba la respuesta a todo lo anteriormente vivido, encerrado en los ojos de un hombre donde esos fantasmas del cuento de Dickens, los del pasado, presente y futuro, cobraban todo su sentido.

 ‘Una insolencia’ es la otra cara de la moneda. El universo culé desde ese asidero infalible que es la infancia. Y hablar de infancia y de Pontevedra, también es hablar de Pasarón, y más que de su arquitectura (que daría para un volumen de feísmo arquitectónico), de su recuerdo. Del Pasarón de torretas encendidas mientras caía una fina lluvia sobre el barrizal, del marcador simultáneo, las hileras de hombres meando tras apurar una copa de Centenario en el descanso y del olor a puro. Ese ‘aroma nauseabundo’ de triste faria es el que todavía acecha a Marcos Abal cuando quiere refugiarse en su memoria. Y es el instante de esa memoria infantil vestida de blaugrana cuando surgen los Cruyff, piedra filosofal;  Maradona, ‘rizos negros y ojos de mal dormido’; Guardiola, Laudrup, Stoichkov y Romario, el Dream Team, una patria feliz, el anclaje con el hoy, superado el muro de Van Gaal y sujeto al enganche con Messi.
Como este Barça de hoy, Marcos Abal escribe con frases cortas. Un tiki-taka ya asociado al juego del Barcelona, una filosofía que repudia nuestro primer protagonista en algunas de sus páginas en las que se le traba el relato al justificar su discurso actual, de fútbol directo, de león agazapado, carrera en la sabana y zarpazo mortal. Cuesta creer esa desacralización de la belleza, cuesta ver como se escoge un camino lleno de piedras en vez del tacto del terciopelo. Pero el fútbol es así. Tan tópico como incomprensible, tan arrebatador como místico, tan extraño como paradójico. Manuel Jabois y Marcos Abal nos abren su pasado de casacas blancas y blaugranas para enseñarnos su corazón, pero sobre todo su memoria. Y es que en esa memoria, como en la de cada uno de nosotros, está la explicación de gran parte de lo que hoy somos.

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