lunes, 16 de abril de 2012

Titanic: noticia de portada

A las 23,40 horas de la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912 el RMS Titanic colisionó contra un iceberg en las frías aguas del Atlántico Norte. Dos horas y cuarenta minutos después el transatlántico más grande del mundo, un prodigio tecnológico símbolo de aquella época de sucesivos progresos científicos y sociales, se hundía completamente dejando más de 1.500 víctimas y 705 supervivientes. Aquella noticia conmocionó al mundo entero, y cómo no, a Pontevedra. Durante numerosos días la portada de El Diario de Pontevedra se hizo eco de las noticias de aquel desastre.

Mientras los ojos de muchos familiares de las víctimas ocasionadas por el hundimiento del Titanic se llenaban de lágrimas, en Pontevedra, durante esos días también se lloraba la muerte de dos hombres excepcionales en la historia de la ciudad. El Diario de Pontevedra del 17 de abril de 1912 cerraba la última de sus cuatro páginas con la pequeña presencia de un cablegrama fechado en Nueva York en el que se confirmaba la catástrofe ocurrida al trasantlántico Titanic de la Compañía White Star Line. Esa nota de prensa compartía espacio con dos esquelas, nada más y nada menos que las del médico, presidente de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra y correspondiente de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, don José Casal y Lois; y la del exdiputado a Cortes, notario y escribano, secretario del juzgado de 1ª Instancia de esta capital, don Valentín García Escudero. Aquella nota podía perfectamente pasar desapercibida de no ser porque en su interior se escondía el inicio de una de las noticias más célebres de nuestra historia: la del naufragio del Titanic.
Al día siguiente, 18 de abril, la noticia seguía ocupando una de las últimas páginas del Diario, pero ya se empezaba a hablar de cifras de supervivientes, entre ellos 200 tripulantes, 210 pasajeros de primera, 60 de segunda y 400 de tercera. «La emoción que reina en Londres es grandísima, pues nunca se recuerda una catástrofe de esta magnitud», rezaba el mismo.

19 de abril| Habían pasado cuatro días desde que el Titanic había dado con sus restos en el fondo del Atlántico cuando por fin aparece en la portada de El Diario de Pontevedra, una portada que ya no abandonaría en lo que restaba de mes, produciéndose un incesante goteo de noticias que, a buen seguro, tenían a los pontevedreses muy pendientes de esas primeras planas. Se originó así una especie de culebrón, como los de las novelas que en aquel momento registraban tanto éxito, folletines que se presentaban al lector por entregas con las más variopintas historias. Con la diferencia de que lo que aquí sucedía era real. Y las víctimas, más de 1.500 personas, tenían nombres y apellidos, así como historias que irían desgarrando el alma de una sociedad muy diferente a la que nos toca vivir hoy en día.
En 1912 Pontevedra era una pequeña capital con una importante vida cultural y administrativa. La presencia de los diferentes organismos oficiales generaron una población que, amén de su trabajo, gustaba de gozar de la vida, de dar largos paseos por la Alameda y de asistir a diferentes tertulias, veladas y demás eventos lúdicos y culturales que abundaban en la ciudad. Todavía vivito y coleando Ravachol, a su alrededor, en la tertulia de la botica de Don Perfecto Feijóo, se reunían, no solo pontevedreses cuyos apellidos todavía están vigentes hoy en nuestra sociedad, como los Portela o Cervera-Mercadillo, sino también importantes personajes del panorama político y cultural español. Pontevedra contaba además con una importante labor editorial, publicaciones, desde prensa a revistas, colmaban a los ciudadanos locales de las informaciones que aquel inicio de siglo producía en todo el mundo. Un mundo que cambiaba a un ritmo vertiginoso, como nunca antes lo había hecho. Einstein, el cubismo, los ballets rusos, el automóvil, el cine, los progresos médicos... todo ello creaba la impresión de que el ser humano de aquellas décadas iniciales del siglo XX vivía un momento sin parangón, con un desarrollo económico y de progreso como nunca había sucedido en ninguna sociedad. Es dentro de ese ambiente desde el que hay que contemplar el nacimiento del Titanic, una empresa que hablaba de la magnificencia del hombre, de su progreso tecnológico, el avance científico y la cima de la sociedad industrial. Cruzar el Atlántico en una embarcación de estas dimensiones y con más de 3.000 personas a bordo suponía todo un manifiesto de aquel tiempo. Un tiempo en el que los grandes viajes se realizaban en barco. De eso se sabe mucho en esta tierra, puertos como los de Vilagarcía o Vigo veían salir a diario grandes buques con destino a puertos sudamericanos como Buenos Aires, Montevideo o Río de Janeiro, grandes barcos repletos de ciudadanos que buscaban alcanzar su sueño al otro lado del Atlántico. Esas líneas, con horarios y precios, eran la gran publicidad del momento en las páginas de El Diario de Pontevedra .
Ese mismo sueño es el que pretendían alcanzar los protagonistas de la tragedia. Los protagonistas del primer y último viaje del Titanic.

20 de abril|Escenas de dolor. Las informaciones se centraban en las primeras historias de las víctimas, el témpano de hielo y los telegramas de pésame. Destaca, además cómo el «Titanic no pudo evitar el choque por la gran velocidad que llevaba, pues el barco trataba de batir el último récord establecido por un barco de la compañía Cunard rival de la White Start Line».

23 de abril|La impresión del naufragio. «Quien hubiese podido contemplar de lejos al Titanic, semejante a un inmenso catafalco, lanzando oleadas de luz por todas partes, y hubiese escuchado las solemnes y majestuosas notas del himno nacional inglés no hubiera creído que aquel aparato de fiesta ocultaba un gran dolor: el de centenares de personas que iban a la muerte». También se incidía en esa idea anterior de la lucha del hombre y los avances técnicos: «Pero, mientras unos hombres ceden a los sentimientos humanitarios y trabajan para defender la vida de sus semejantes, otros, en plena fiebre industrial y progresiva se afanan en construir nuevos transatlánticos, más poderosos que el Titanic. Antes de un año recorrerá los mares orgulloso, los mismos mares donde se hundió el Titanic, otro nuevo barco de mayor tonelaje y velocidad que aquel. El Titanic desplazaba 46.000 toneladas. El que ahora se construye desplazará 50.000 toneladas».

24 de abril|Lo que dicen los supervivientes. Este día toda la información sobre el hundimiento consiste en una carta escrita por el Comité de los supervivientes en la que éstos ofrecen su versión de los hechos, destacando la amabilidad y esfuerzo por parte de la tripulación del buque Karphatia que acudió al rescate de los náufragos, así como denuncian la escasez de los elementos de salvamento: «Y es de nuestro deber llamar la atención de la opinión pública sobre los medios de salvamento de que están provistos estos transatlánticos, medios que el comité considera como insuficientes, y de recomendar que se tomen inmediatamente las medidas necesarias para reponer a los transatlánticos un número de botes de salvamento suficiente para embarcar la cifra máxima de  los pasajeros que puedan transportar. Y conviene resaltar la insuficiencia de los botes salvavidas, balsas, etc, la penuria de los marinos aptos para poner en obra estos aparatos de salvamento...».

25 de abril|.Por qué ha naufragado el Titanic. Llega la hora de la pregunta que aún hoy se hacen muchos. Todavía durante estos días aparecen nuevas teorías sobre la calidad de los remaches de las placas que conformaban el casco del buque o diferentes cuestiones técnicas que podrían justificar, no tanto el impacto contra el iceberg, como la rápida entrada de agua y el hundimiento. Aquel día la pregunta fue la siguiente: «¿Se ha podido evitar la catástrofe del Titanic? El peligro que ofrecen los bloques de hielo flotantes es tan conocido, que todos los capitanes de buques tratan, en esta época de evitarlos. Para ello se suelen adoptar dos itinerarios: uno, el más directo, por el Norte, en línea recta con Terranova, durante los meses de invierno, cuando el frío retiene a los hielos en los glaciares. Otro, más meridional, durante la primavera y los meses de calor, cuando los icebergs desprendidos del polo constituyen un peligro para la navegación. ¿Por qué no ha seguido el Titanic ese segundo itinerario? La ciencia meteorológica había dado aviso de haberse anticipado la primavera, y los buques que seguían la ruta de invierno acababan de comunicar el peligro de los bloques de hielo. Ha sido el deseo de obtener el récord de velocidad lo que llevó al capitán del Titanic a la ruta de la muerte».

26 de abril| Relato de una pasajera. «Madame Brown, esposa de un propietario de minas de Denver ha hecho el siguiente relato: Pasaron las cosas de un modo tan sencillo, que era difícil se nos ocurriera que se estaba asistiendo a un drama tan terrible. Las mujeres y los hombres se distribuyeron en grupos, que bromeaban alegres. Contemplaba el embarque de algunas pasajeras en los botes cuando dos hombres se apoderaron de mí y me arrojaron a viva fuerza sobre dicho bote. A esos marinos debo la vida. Algunos hombres piropeaban a las mujeres con rostro placentero. Era un espectáculo extraño. Se diría que era la representación escénica de un drama teatral. No se creía uno en presencia de la realidad. Algunos hombres, después de haber instalado a sus mujeres en los botes, les decían, tranquilos: Hasta luego, ¡abrigaos bien! ¡La noche está fría! Y se separaban de ellas saludándolas con los pañuelos».

27 de abril|La muerte del capitán, Marconi protesta y Los músicos del Titanic. «Mister Vallace Hartley, director de la orquesta del Titanic, era muy conocido en Leeds, donde formó parte de varias orquestas durante muchos años. Era un músico notable y simpático. Mister Hartley tenían el presentimiento de que iba a morir en el mar. Formando parte de la orquesta del ‘Mauritania’, preguntándole Mr. Moody: ¿Qué haría usted, maestro, si un día se encontrase a bordo de un buque próximo a naufragar? Reuniría a mis músicos y les haría tocar, para mantener el espíritu de los pasajeros, respondió sin vacilación. ¿Y qué número mandaría usted tocar? Mandaría tocar ¡Oh, Dios mío! y, el ¡Más cerca de ti, Díos mío Son mis himnos favoritos. Además son los que juzgo más apropiados a dichas circunstancias».


Publicado en Revista de Diario de Pontevedra 15/04/2012

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