domingo, 11 de marzo de 2012

Un meteorito literario

‘El jardín colgante’ es el libro recientemente galardonado con el Premio Biblioteca Breve 2012 concedido por la prestigiosa editorial Seix Barral. Su autor, Javier Calvo, con una trayectoria literaria tan particular como arriesgada y efectiva ante el lector, nos ofrece un paso más en su literatura, vinculando su forma de narrar con un escenario relativamente reciente de nuestra historia. Se genera así un microcosmos con curiosos personajes, involucrados en una trama de la cual el escritor nos ofrece diferentes destellos, algunos de ellos deslumbrantes.


Leo en una reciente entrevista a Javier Calvo afirmar que ‘El jardín colgante’ “debe leerse como una novela de género” y me pregunta tras haber leído el libro es, ¿género, pero qué género? Y es que si por algo se caracteriza la literatura de Javier Calvo es por dinamitar cualquier especulación con los géneros, por destrozar un relato tradicional y fusionar sobre su narrativa una manera singular de afrontar la escritura. Tras leer una de sus novelas anteriores ‘Mundo maravilloso’ la sensación que me había quedado es la capacidad del escritor por generar su propio mundo, por arrastrar al lector hasta un espacio resultante de una mente atrevida y arriesgada, y esto mismo es lo que me sucede a las pocas páginas de adentrarme en esta novela ganadora del Premio Biblioteca Breve. Conocer al agente Arístides Lao o a Melitón Muria supone adentrarse en una nueva dimensión con extraños personajes en un mundo extraño, como lo fueron los años de la Transición Española, evocada aquí como el marco donde poner en circulación a todos este especímenes. Y es que esta cuestión, la de los personajes, es evidente que también preocupa sobremanera a Javier Calvo ya que es en ellos, en sus condiciones, en su manera de desarrollar sus acciones, en donde el pulso de Javier Calvo como escritor es más firme y decidido. Así es como los dos citados anteriormente, junto a Teo Barbosa o a Sara Arta, componen un espectral muestrario de lo que nos podíamos encontrar en aquella España que se debatía entre el fin de una época oscura y la apertura hacia un universo de libertades, o así se esperaba por la gran mayoría de la ciudadanía.



Puzzle |Hablaba de géneros al comienzo de este texto, y es que si bien la novela discurre en lo troncal por una trama de tipo policial, lo cierto es que el relato se va desparramando en innumerables direcciones, y esto, lejos de ser un lastre por las posibles distracciones del lector, sirve, precisamente para suscitar ese universo propio que caracteriza hasta el momento cada obra de Javier Calvo. Desde el humor a la ironía, pasando por temas sociales o de índole política, todo se agita dentro de una coctelera para luego ir volcando todas esas piezas sobre el tablero de la vida. Piezas de un puzzle que debemos armar con la lectura de cada uno de los breves capítulos en que el escritor disecciona la historia de la lucha contra una organización terrorista de extrema izquierda a cargo de unos curiosos agentes y la presencia de un infiltrado en ella, siempre bajo el ambiente que en España se respiraba en 1977.

Y es que la idea del puzzle está muy presente a lo largo de la novela, no solo como el pasatiempo de Arístide Lao, que desquicia a sus compañeros de brigada, sino como la metáfora de los diferentes vectores que desembocan en la narración y en la propia España de aquel momento, fragmentada en un sinfín de pedacitos, de muy difícil encaje. Tal y como sucede en la novela, donde los capítulos se van sucediendo de manera vertiginosa, mostrando el autor su capacidad para generar ritmo dentro de lo que se nos quiere contar. Algunos de ellos especialmente brillantes, o así me lo han parecido; los números 23, donde esos dos esperpénticos agentes coinciden en una Nochevieja o el número 39, en el que Sara Arta, tras salir de la cárcel, se mueve en la noche barcelonesa mientras se ofrecen toda una serie de referencias del momento histórico en el que transcurren los hechos que conforman el libro. Escrito de manera brillante por la aparición de una prosa irónica, arriesgada y capaz de formular su singularidad, algo que respalda precisamente la concesión del Premio Biblioteca Breve, que debería estar siempre atento a las nuevas corrientes, a las derivadas de escritores atrevidos por mostrarnos nuevos territorios. Javier Calvo así lo ha demostrado a lo largo de su trayectoria, con obras en las que parece que también parecen estrellarse meteoritos, como sucede en ‘El jardín colgante’, para hacer saltar por los aires la pretenciosa realidad que en manos de un escritor imaginativo debe transformarse en nuevas posibilidades.

Tanto desde Barcelona o desde un islote mallorquín, Javier Calvo nos ofrece un universo con mucho de kafkiano, donde lo extraño, lo angustioso, lo difuso de ese tiempo que supuso la Transición se extiende a unos personajes en constante zozobra, confiriéndole al relato ese carácter de inestabilidad que genera una nebulosa donde todo se envuelve, donde todo parece carecer de referencias, de anclajes emocionales, en el momento preciso en que España buscaba configurar un país nuevo, “Un jardín colgante, desconectado de todas las cosas”, como en algún momento se referencia en un texto por donde se insertan frases llenas de contundencia, relevantes para tomar el pulso a un momento concreto de nuestra historia, pero sobre todo a unos personajes, verdaderos protagonistas de estas páginas, incómodos consigo mismos e incapaces de relacionarse con una sociedad en la que no todo el mundo era bienvenido.

Publicado en Diario de Pontevedra 11/03/2012

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