domingo, 12 de febrero de 2012

Sentencias


Sus palabras hicieron retumbar las paredes del Tribunal Supremo, las puñetas de los togados y los corazones de todos aquellos que volvieron la mirada hacia quienes con tanta dignidad y valentía defendían la memoria de los suyos, de los nuestros. Víctimas de una guerra silenciadas durante décadas, voces calladas que nadie ha querido oír. Son las heridas de un país que no quiere ser sanado, seguiremos enfermos pues. Si para algo ha servido el juicio que ha vuelto a sentar al juez Garzón en el banquillo de los acusados (la enfermedad se agrava) es para que todas esas voces se escuchen ante un Tribunal, ante quienes deben impartir justicia y restañar las afrentas de un pasado que muchos tienen que revivir diariamente hasta su muerte. Y es que la justicia ha estado ausente de este país en todo lo relacionado con este tema y a la vista está, que cuando alguien ha intentado aplicarla, ha sido él el reo. En estas jornadas el protagonismo no ha sido ni de jueces estrella, ni de jueces estrellados, ha sido de quienes llevan el dolor por dentro y han sabido sujetarlo en su interior pese al oprobio de la sociedad. Pasados los efectos mediáticos, sus palabras volverán a encerrarse en las reuniones familiares o en las conversaciones con algún historiador o periodista. El gavel sonó y el juicio quedó visto para sentencia. Y es que eso es precisamente lo que nos faltan: sentencias.


Publicado en Diario de Pontevedra 11/02/2012
Fotografía: Rafa Fariña (Un familiar sujeta una imagen de Castor y Ramón, fusilados y enterrados en una fosa en Barro el 15-09-1936, mientras aguarda a que descubran sus restos) 

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