lunes, 6 de febrero de 2012

Envueltos por la naturaleza

La Sala Antón Rivas Briones de Vilagarcía de Arousa se abre a la naturaleza propuesta por la artista Lola Solla (Pontevedra, 1959) para acoger a un público que, una vez en ese interior, descubrirá la posibilidad del artista y del arte para trasladar la naturaleza de un ámbito externo a un recinto cerrado. Una mímesis que convierte el trabajo del hombre en una experiencia donde sentir y palpar la potencialidad del ámbito natural y su capacidad para capturar sensaciones, volviéndonos a acoger como la gran madre de todos nosotros.


Parece que las hojas de los árboles se están meciendo levemente por el paso del aire. Pero ¿qué aire?, ¿qué fuerza es la que permite trasladar al visitante que esa naturaleza posee vida propia? Respuestas que se resumen en la labor de una creadora que ha hecho de la naturaleza el andamiaje de su obra. Lejos de una originalidad impostada, Lola Solla aborda con su trabajo el seguir analizando e investigando la capacidad del entorno natural para ser adaptado al ámbito artístico.
Conocíamos ampliamente sus grabados, tan limpios como certeros en la descripción de los matices de la naturaleza. Caricias a una inmensidad que en ellos se resumía en un gesto, un conjunto de trazos o líneas en las cuales se podía recorrer todo un paisaje que se acercaba más a lo sentimental o a la captura íntima de sensaciones que al reflejo especular del medio natural. Pero si de algo nos va a servir esta muestra es para reivindicar a la Lola Solla pintora, a su capacidad para reflejar la naturaleza y para representar no sólo aquello que podemos ver a simple vista, un árbol, sus ramas, o un conjunto de hojas, sino para ser quien de captar aquello invisible pero que es el verdadero valor de la naturaleza, es decir, las luces, los efectos de la meteorología, las brumas, los vientos.... esa mitad invisible sin la que la naturaleza no sería lo que es, lo que le otorga su carácter diferencial entre un espacio geográfico y otro, incluso siendo ambos muy cercanos. Nuestra protagonista acierta al poner el énfasis sobre ese aspecto, rescatando todo un entramado de sensaciones que van brotando de cada uno de los trabajos a medida que pasamos tiempo junto a ellos. Y es que esta exposición no es de las de paso rápido, sino que requiere de calma y sosiego, de ojos bien abiertos, pero también de poner en alerta al resto de nuestros sentidos, al igual que cuando pasamos la palma de la mano sobre una brizna de hierba, cuando oímos crujir una rama bajo nuestros pies o incluso cuando algún olor incide en nuestro olfato. Un cúmulo de referencias que Lola Solla lleva siendo capaz de transmitir desde hace tiempo, pero que, sobre todo desde lo pictórico, nos sorprende por ver refrendado ese compromiso artístico a través de una ejecución formalmente impecable.
Salgan a la naturaleza, sumérjanse en ella, pero si tienen la oportunidad, conozcan esta otra naturaleza. La de Lola Solla.


Publicado en Diario de Pontevedra 5/02/2012

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