lunes, 30 de enero de 2012

¡País, coño!

Es jueves y una fina lluvia cae para empaparlo todo, refrescando un ambiente excesivamente viciado. Muchas jornadas sin lluvia son propicias para generar una atmósfera densa y llena de contaminación. Una polución alentada por las risas de Camps tras conocer su sentencia absolutoria, aunque ya fuera condenado moralmente por lo escuchado durante las jornadas de un juicio que solo parece haber servido para iniciarle en el hábito de la lectura; por la pornográfica imagen del juez Garzón ante el sanedrín de la judicatura y sus navajas bajo toga; por el abogado del avaricioso Duque alegando como eximente el pago de impuestos; por los miles de ahorradores que asisten impotentes e indefensos a cómo su dinero permanece secuestrado por los bancos; mientras, las numerosas misas laudatorias en honor de Manuel Fraga nos retrotraen a su propio pasado de sacristías y palios, y en Ourense, en el virreinato de Baltar, para sonrojo del propio Feijóo, se prepara la sucesión por el heredero del cacique ‘acarrexador’. Todo de lo más normal. Y es que hay semanas y semanas, y esa lluvia, débil y tímida, dura pocas horas, incapaz de arrastrar toda esa porquería por las alcantarillas de un Estado que cada vez se tambalea más y más. Muchos ciudadanos aprietan sus dientes ante el berlanguiano escenario, donde un pisotón es el remate al desaguisado. ¡País, coño!


Publicado en Diario de Pontevedra 28/01/2012
Con respeto y admiración al gran Forges

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