miércoles, 30 de noviembre de 2011

«Muere ahogada la ‘sex-symbol’ de la generación del rock»

Hace hoy 30 años Diario de Pontevedra publicaba esta información. Mucho mejor escrita de lo que solían hacer las agencias en aquellos años. Sirva de homenaje, no tanto a la Deanie de 'Esplendor en la hierba' como a aquella niña con la que John Wayne se redimió aprentándola contra su pecho tras años de búsqueda. Va por ti Debbie!!!!


Pareciera como si Natalie Wood hubiera querido dar a su vida el mismo final triste que protagonizó en sus dos mejores películas, ‘West side story’ y, sobre todo, ‘Esplendor en la hierba’. Natalie Wood (1938-1981) llegó a Hollywood de muy niña hablando a Santa Claus en el clásico navideño ‘Milagro en la calle 34’, y permaneció en la cumbre hasta su muerte ayer, a los 43 años. Su propia vida podría muy bien haber sido el guión de una película: hija de inmigrantes rusos, conquistó Hollywood y se hizo famosa, se casó, se divorció y se volvió a casar al cabo del tiempo con su mismo primer marido. Natalie Wood y Robert Wagner vivían en el esplendor de Beverly Hills con sus dos hijos, parecían felices y contentos, acudían a fiestas, tenían dinero y era una de las parejas favoritas de norteamérica. Hasta ahí, la vida de Natalie Wood fue una historia de final feliz como ‘Milagro en la calle 34’. Nadie podía imaginar que iba a terminar como María la puertorriqueña de ‘West side story’. «Nada puede ya devolver la hora del ‘esplendor en la hierba’ de la gloria en las flores. Pero no vamos a apesadumbrarnos, sino a encontrar fuerza en lo que queda detrás», dice en la lejanía la voz de Natalie Wood en la última escena de su mejor película, mientras la actriz, con una sonrisa amarga, se va del lugar donde vive su gran amor (...).
 
La vida hoy me ha llevado hasta este inspirador lugar, en la ría de Vigo, donde pude seguir leyendo el cautivador libro de Elvira Lindo 'Lugares que no quiero compartir con nadie', un recorrido lleno de humanidad por diferentes rincones de Nueva York. Y allí sentado, entre brumas que se iban disolviendo a medida que pasaban los minutos, pensé en los miles de personas que partieron desde esa ría hacia una ciudad convertida en sueño...

martes, 29 de noviembre de 2011

Fado

Sorprende que aínda non fora considerado o fado como Patrimonio Inmaterial da Humanidade. Poucas músicas transmiten mellor o espírito do home que estes sons cheos de saudade xurdidos nos barrios mariñeiros de Lisboa. Por eles adoitaba camiñar Fernando Pessoa, que foi quen de dicir que «canto máis universal sexa o fado, máis se converterá en parte da nosa identidade». O xenio luso sabía da forza daquelas cancións que falaban tanto do sentir daqueles que estaban lonxe da súa terra coma dos que quedaban no país chorando a súa ausencia. Aínda hoxe escoitar un fado arrepía o corpo, facéndonos sentir o que moi poucas músicas son quen de acadar. Adóitase dicir que nunca é tarde se é para ben, e o certo é que nesta ocasión por fin o pobo portugués tivo unha boa nova, unha nova que serve para alentar a estima dos nosos veciños dende o que tanto aman: o seu fado.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Los rostros de la genialidad

Como un obsequio a todos los pontevedreses se debería entender la doble cita a la que convoca el Museo de Pontevedra en sus salas del llamado sexto edificio. Obsequio, por lo cuidado en la presentación de un regalo con los nombres de dos de las personalidades más relevantes de las primeras décadas del pasado siglo en el mundo de la cultura, ambos íntimamente ligados a nuestra ciudad: Manuel Quiroga y Ramón Mª del Valle-Inclán. Genios de la música y las letras, respectivamente, que han convertido su obra en orgullo de Pontevedra.


Las notas musicales de un violín nos conducen, como si siguiéramos al flautista del cuento, hacia el interior de las salas vestidas de rojo y dorado en las que se guarda la vida de Manuel Quiroga (1892-1961). Parece entonces que nos adentramos en uno de esos cofres de terciopelo en los que se guarda algo lujoso, algo dotado con la condición de extraordinario. Muchos pueden conocer los logros de Manuel Quiroga, sus éxitos musicales, sus giras mundiales y su desgracia, pero al salir de esta exposición uno se lleva algo más, se lleva la comprensión de una abrumadora personalidad que hizo tanto del violín como del pincel dos armas con las que enfrentarse a un mundo que coronó y del que lentamente se fue despidiendo en una cruel bajada a los infiernos. Mientras se siguen escuchando esos sonidos de violín, ahora acompañados por el piano de la que sería su esposa Marta Leman, recorremos las diferentes etapas en que se ha estructurado esta muestra en torno a nuestro violinista más universal y una de las personalidades más relevantes de la historia local, organizada con motivo del cincuentenario del fallecimiento del violonista y basada en los riquísimos fondos que fueron donados al Museo de Pontevedra por su hermano, el que fue conocido arquitecto, Emilio Quiroga. Una generosa aportación que no deja fisuras en la vida de este personaje cuya sensibilidad se traduce en cada fotografía, en cada retrato de él realizado o en cada una de las muchas obras que cuelgan de estas paredes y que lleva su firma pictórica. Y es que Manuel Quiroga, ampliamente reconocido y aplaudido como violinista, también fue un extraordinario pintor y caricaturista, y esto es algo de lo que más sorprende en esta exposición. Su capacidad para crear trazos, no solo los que fluyen por el aire con su música, sino también los que se estampan sobre un papel o un lienzo. Las caricaturas de personajes relevantes del mundo de la música, coetáneos con el vilonista pontevedrés, como los directores de orquesta Alfred Cortot, Pierre Monteux o Gabriel Pierné o los compositores Fritz Kresler, Richard Strauss o Manuel de Falla, evidencian la pericia de quien también ha realizado obras sobre lienzo de la calidad del autorretrato que ilustra estas líneas y donde el artista se capta de una manera firme y decidida en 1930, en plena madurez creativa, con el mundo entero bajo sus pies reconociendo los méritos que un año después le llevarían a ser condecorado con la prestigiosa Legión de Honor francesa.

De Manolito a Manuel | Lo que podría calificarse como un milagro, el llegar al Olimpo de la música a partir de una recóndita capital de provincias en una España sumamente atrasada frente a otros países, se produjo en la figura de Manuel Quiroga. Aquella Pontevedra finisecular realizaba el tránsito del siglo XIX al XX entre las ruinas de un pasado glorioso y los progresos que asomaban al amparo de la nueva capitalidad provincial, pero si algo se mantenía en esta ciudad era su actividad cultural, que en el aspecto musical se centraba en el Palacete de las Mendoza-donde había tocado con su violín Pablo Sarasate, cuyo padre estaba destinado militarmente en Pontevedra a mediados del siglo XIX- y el café Moderno. En ambos el joven Manolito Quiroga ofreció sendos recitales que asombraron a todos e hicieron confiar a la ciudad en las bondades del crío. Pontevedra ya era un escenario minúsculo para Manuel Quiroga que entre 1909 y 1911 se forma en París, logrando en ese segundo año el primer premio del Conservatorio de París, el mejor aval para su futuro artístico. En París conocerá también a la que será su esposa desde 1915, la pianista Marta Leman. Entre 1914 y 1917 dará el salto a América ofreciendo recitales por todo el país, desde Washington a Sacramento. A su regreso Galicia se volcará en homenajes, Pontevedra ya lo había hecho tras el éxito parisino llevando en volandas, físicamente hablando, al triunfador desde la Estación de Ferrocarril hasta su vivienda en la calle que hoy lleva su nombre, pero de nuevo lo hará  ante la consolidación mundial del violinista aclamado ya en el mismísimo Carnagie Halle de Nueva York, donde las palmas de no menos de cinco mil personas echaron humo ante tan alta expresión de virtuosismo. Y así, mientras el violín y su sonido sigue transportándonos a esos días de gloria recorremos con la mirada un sinfín de objetos y esas estaciones de paso en la vida de Manuel Quiroga que, de manera tan sensible y apasionada, ha ido confeccionando el equipo del Museo de Pontevedra con el comisariado de Fernando Otero Urtaza, fiel devoto y acérrimo defensor de esta figura. Defensa muy necesaria ante el olvido que durante décadas ha recaído sobre quien fuera motivo de orgullo para la ciudad y que solo a partir de los años noventa comenzó a reivindicarse desde diferentes foros, como la instalación por parte del Concello de un busto de Asorey en los Jardines del Doctor Marescot. Ese olvido comenzó a forjarse con el desgraciado accidente acontecido en 1937 en Times Square cuando un vehículo atropelló al pontevedrés dejándole graves secuelas que cercenaron su actividad musical pero que alentaron su faceta plástica. El último capítulo de la exposición vuelve a sorprender por las caricaturas hechas de personajes del mundo de la música, como José Iturbi, Pau Casals, Bouillon o Locatelli, y por la proyección del único testimonio en movimiento del que se tiene constancia en el que aparece el violinista junto a su esposa, acompañando a la familia Landín, poseedores de este tesoro, no solo documental sino cinematográfico. En esa sala se consuma la historia de aquel niño que empezó siendo Manolito y acabó como Manuel Quiroga y al que Valle-Inclán en su poema ‘Del celta es la victoria’ cantó: «Podrán de tu violín las voces de oro, encantar a los tigres de la usura, y al can rabioso que soporta el foro. ¿Has oído la voz que lo augura?

Retratos de Valle-Inclán | En ese poema se dan cita ambos, los dos rostros de la genialidad que también comparten este doble espacio en el Museo de Pontevedra. Dejamos atrás los sones del violín y nos adentramos en el territorio del esperpento a través del Valle-Inclán retratado, es decir, a través de cómo los demás han visto al dramaturgo más importante de las primeras décadas del siglo XX en una España crepuscular, derrotada desde 1898 y ante la que el escritor situó unos espejos cóncavos que le mostrasen sus propias vergüenzas. Al mismo tiempo que literatos, pintores, ilustradores o fotógrafos inmortalizaban al escritor de Vilanova de Arousa, aquel cuya efigie fue inmortalizada en letra por Alfonso Pérez Nieva en ‘Revista de Madrid’ en 1895: «...rostro avellanado y pálido, ojos inquietantes tras unos lentes inquietos, que amenazan siempre caerse y largos cabellos negros, tan largos que le caen hasta los hombros y sobre el cuello de la camisa lindante con el occipucio». A partir de ahí se daba a conocer la figura de quien en palabras del mismo autor «Ha llegado a Madrid con un tomo de novelas que titula Femeninas...» y que diferentes coetáneos han ido apuntalando. Tras superar esas «barbas de humo, un humo hacia abajo en vez de ser un humo hacia arriba», como escribió el siempre inteligente y mordaz Ramón Gómez de la Serna, que reciben al visitante la entrada de la muestra junto a unas lentes, se despliega esa doble perspectiva del escritor, la literaria con frases como ‘Sansón de guardarropía’ (Jesús Muruáis), ‘Don Ramón de las barbas de chivo’ (Rubén Darío), ‘Barquero de la Estigia, Bradomín de las rosas’ (Gerardo Diego) y la plástica, con una larga colección de dibujos y pinturas que conformaron la estampa del escritor.

Barba y lentes| No se puede concebir un retrato de Valle-Inclán sin sus largas barbas y sus gafas redondeadas, ambos elementos definen por sí mismos a su figura, una de las más singulares del parnaso artístico del pasado siglo. Con mayor o menor fortuna, barbas y gafas han ido desfilando por las trayectorias de varios artistas, son espectaculares las representaciones realizadas por Anselmo Miguel Nieto y por Rodríguez Corredoyra, llenas de misterio y de un simbolismo fascinante, junto a ellas podemos destacar los retratos, hasta tres grandes óleos de Juan Echeverría, entre ellos el que ilustra de forma principal esta página. Un retrato de perfil, algo que remite a soluciones clásicas y que transmite el halo de gloria del representando que parece jurar sobre un libro su compromiso con las letras, como apunta el profesor José Manuel López Vázquez en el interesante texto que se incluye en el catálogo de esta exposición. Llena de espejos colocados ante unas barbas y unas lentes, es decir, colocados ante Ramón Mª del Valle-Inclán.


Publicado en Diario de Pontevedra 27/11/2011
Autorretrato de Manuel Quiroga
Retrato de Valle-Inclán (Juan Echeverría)

Casás



Anuncia el CGAC de cara al próximo año la realización de una amplia exposición sobre Fernando Casás, artista gallego, universal y del que es un lujo su presencia como profesor en la Facultad de Belas Artes de nuestra ciudad. No podía mostrar mejor ojo el centro artístico compostelano a la hora de repasar la trayectoria de nuestros artistas (en una labor obligada desde la institución) que el fijarse en el trabajo de este hombre nacido en Gondomar y que vivió durante veinte años en tierras brasileñas, amparado por el peso de una naturaleza de la que aprendió todo, que es lo mismo que decir de la que aprendió a plantear un arte que preguntase sobre la aniquilación de esa ancestral maestra del ser humano, a la que una y otra vez nos empeñamos en dar la espalda. Su empeño en dignificar a nuestro entorno natural es el que ha ido consolidando y singularizando un trabajo que, tanto en el interior de una sala de exposiciones como en una intervención en la propia naturaleza, rinde el culto panteísta al que esta sociedad, fagocitadora y egoísta, ha renunciado desde hace décadas en favor de una perversa evolución social, siempre con el envés del capitalismo como falso aval. Desde el CGAC, sus maderas, sus piedras, los rastros de la naturaleza, como los restos de un naufrágio, volverán a gritar, a reclamar en voz alta la reflexión del ser humano y de una sociedad indiferente.

Publicado en Diario de Pontevedra 26/11/2011
Fotografía Javier Cervera

miércoles, 23 de noviembre de 2011

DELACROIX. Romántico, moderno y exótico

El centro cultural Caixa Fórum  de Madrid acoge hasta el 15 de enero una de las citas pictóricas más ambiciosas de los últimos tiempos. Una gran exposición retrospectiva del pintor Eugène Delacroix (1798-1863)


Quién busque y desee que la pintura sirva como catalizador de sensaciones no debería dejar pasar la ocasión de recorrer esta exposición. ‘Delacroix. De la idea a la expresión’ es el más completo recorrido realizado hasta la fecha sobre este pintor, eminentemente romántico, pero en el que se intuye la llegada de los nuevos tiempos de la pintura que, en la segunda mitad del siglo XIX, hicieron saltar por los aires las convenciones artísticas de dicha disciplina. Mucho más que el pintor de grandes escenas históricas, de furiosos movimientos y gestos de sus personajes, Delacroix va a rebelarse como un pintor que lleva dicha condición, la de pintor, hasta sus últimas consecuencias, es decir, aquel que busca la progresión no solo de su pintura sino de la pintura en general. Formado al amparo de los academicistas neoclásicos, el tiempo que le tocó vivir le obligaba a la experimentación a conocer a los clásicos a Rembrandt, Rubens o Velázquez, pero también a desplazarse hasta Inglaterra para acercarse a la pintura de Constable. Nuevos países, independencias y territorios de ensueño que se convertirían en el destino de los más aventureros, es lo que el siglo XIX comenzaba a proponer para capturar así almas sensibles. Delacroix se empapará entonces del sol del norte de África,  conocerá España, y reconocerá el universo de una suntuosidad que, nuevos tejidos, colores y formas eran capaz de provocar bajo una nueva percepción que conquistó al pintor ya para siempre.
En 1832 Eugéne Delacroix llega a Marruecos y allí descubre una nueva realidad, una realidad iluminada por una luz brutal e inconcebible hasta el momento por el pintor francés. Realmente ya nada volverá a ser igual en su obra, sus escenas tendrán siempre un toque orientalizante, en mayor o menor medida, con independencia de temas o argumentos, ya que la manera de expresión del artista ha cambiado a través de su pincelada y de ese recurso que es el color. «El puente entre el espíritu del pintor y del espectador», así se refería el propio pintor a esta faceta de la pintura. Y no hay más que aproximarse a alguna de las obras seleccionadas para la muestra, como 'Mujeres de Argel en sus habitaciones', para comprender todo eso: la fascinación por el color, por el toque de la piel, la composición de varios grupos y ese sentido exótico que ofrece un territorio lleno de alfombras, joyas, telas, en un instante casual de la pintura. Pero la pintura de Delacroix se dispersa por este moderno ambiente, por unas salas en las que uno no deja de pasmarse ante la contundencia de diferentes obras, su compleja relación con los amimales, su estudio del cuerpo humano, las arquitecturas... en definitiva sus grandes óleos maravillan por su grandiosidad pero compiten en igualdad con los apuntes que posteriormente se trasladarán al lienzo. Maravillosos bosquejos donde todo es intuición y libertad, donde nada es premeditado y el artista maneja su destreza con inusitada efervescencia.
Estamos por lo tanto ante la evidencia del gran arte de la pintura de quien desde el color, y desde otra característica, que sorprende y maravilla a la vez ante sus obras, como es el movimiento conseguido en muchas de sus escenas (no hay más que ver ‘La caza de los leones’, ‘La caza del tigre’ o ‘San Jorge luchando contra el dragón’, o sus obras sobre caballos) para apreciar ese sentido el ritmo del que tanto aprendería otro pintor francés como Degas. Recorrer estas obras supone confirmar todas las bondades conocidas sobre el artista e incluso alguna más a la vista de que, como suele suceder, poco tienen que agradecer las reproducciones en libros o manuales a la obra en origen. No nos extraña la masificación de las salas, el gentío que acude a ver una exposición que además de talento viene a refrendar el valor de lo cultural como fuente de ingresos y elemento dinamizador de la economía, desde una cultura que interesa a muchos.



Publicado en Diario de Pontevedra 20/11/2011

lunes, 21 de noviembre de 2011

La otra orilla

Recorrer el arte del siglo XX. Rastrear a los grandes genios que hicieron de su trabajo una enorme luz en una España en muchas ocasiones abonada a la tristeza y a la miseria, es el feliz planteamiento llevado a cabo por el nuevo equipo del Museo Nacional de Arte Reina Sofía. Un recorrido por el arte pero también por nosotros mismos, y en él, un hito, uno de esos puntos de inflexión que abren y cierran puertas. El Guernica de Picasso se erige como el gran referente de este centro, mientras a su alrededor se despliega el complemento perfecto a dicho mural.

Bajar por el Paseo del Prado supone dejarse arrastrar por la corriente del arte. Un cauce en el que en su orilla izquierda se erige la gran pinacotea europea, el Museo del Prado, engrandecido durante estos días con el único centro que puede competir en ese terreno con él: el Museo del Hermitage de San Petersburgo. Hasta allí procesionan miles y miles de visitantes, con sus cámaras los más y otros muchos con la curiosidad necesaria para acercarse a la pintura. Allí todo es abrumador, historia y pintura no dejan resquicio para respirar. Dejémoslo para otra ocasión. En la orilla derecha las opciones se hacen más diversas, permiten la combinación de varias propuestas, encadenando entre ellas un inolvidable paseo. Frente a la Fuente de Neptuno el Museo Thyssen junto a su selecta colección ofrece desde hace unas jornadas la muestra ‘Arquitecturas pintadas’, o cómo los artistas recogieron la arquitectura de su momento; desde esta semana la propuesta se enriquece con la exposición de la primera pintora impresionista, la desconocida Berthe Morisot. Sólo unos metros más abajo nos encontramos con la presencia de la arquitectura de Jacques Herzog y Pierre de Meuron, todo un espectáculo en sí misma acrecentado por la presencia en su interior de una exposición sobre uno de los grandes maestros de la pintura de todos los tiempos:Eugene Delacroix. Sorteando lo que ya se ha convertido en un afluente de cientos de visitantes que suben y bajan por este itinerario pictórico, llegamos al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, un descomunal espacio ahora reintepretado en sus ricos fondos de pintura del siglo XX desde la llegada de su director Manuel Borja Villel, y que cuenta con nuevos espacios gracias a la ampliacion realizada por otro arquitecto mediático, Jean Nouvel.

MNCARS| Encontrarse frente a frente con el mejor arte español del siglo XX, eso es lo que significa recorrer la exposición de la colección de este centro artístico. Mucho ha cambiado la disposición de las piezas, ganando en una lógica evolutiva y en un planteamiento que relaciona a la pintura con otras disciplinas del pensamiento y el arte de su momento, con la nueva distribución del equipo directivo que se inauguró en mayo de 2009. En ella hay un gran eje rector sobre el que parece girar todo y de una forma más que justificada. Todavía, pese a ser visto en varias ocasiones, no deja de estremecer el ‘Guernica’ de Pablo Picasso. Separado de él por varias filas de visitantes uno todavía tiene esa sensación de estar ante uno de los grandes testimonios artísticos del ser humano, además de una contundente obra sobre lo más abyecto que puede haber en nuestro interior. Ese enorme mural no debe despistarnos de todo lo que hay a su alrededor, esculturas como la ‘Mujer en el jardín’ o ‘Mujer con florero’, junto a los bocetos para la gran obra, dotan a este espacio dentro del propio museo de una especie de aura sagrada que no deja a nadie indiferente. Hasta llegar a él antes disfrutamos de los jardines de Rusiñol, de la espectacular factura de las obras de Solana, del surrealismo del mejor Dalí que nunca ha pintado, y posteriormente lo hemos seguido haciendo con Juan Gris y de nuevo con el cubismo de Picasso que te hace temblar las piernas. Todo ello sin abandonar la segunda planta del viejo edificio de Sabatini que encierra lo sucedido en este país entre 1900 y 1945. Si accedemos a la cuarta planta del mismo edificio nos encontramos el segundo recorrido de ese trayecto creativo, el que va de 1945 a 1968, donde la colección se amplia al resto del mundo, a esos bloques enfrentados durante la Guerra fría, y al sinfín de reacciones artísticas surgidas tras una guerra que hizo dudar a tantos. Pero su huella sigue estando entre ellos. La huella de Picasso. La huella de la genialidad.

Rousel & Boetti| El Museo también trabaja desde otras perspectivas, las de la exposición temporal de creadores que han ido jalonando los caminos de muchos de aquellos que hemos dejado atrás. Y así, durante los próximos meses hasta tres exposiciones coinciden en diferentes ámbitos del recinto. ‘Locus Solus. Impresiones de Raymond Rousel’ es un interesante acercamiento a este escritor francés que enarboló la bandera de la imaginación como pocos a comienzos del siglo XX y con numerosas repercusiones en el mundo de las vanguardias, relaciones que precisamente explora esta cita. Alighiero Boetti, es el protagonista de una intensa retrospectiva que muestra su faceta en el povera pero también su capacidad para generar iconos artísticos del siglo XX, y finalmente, Andreas Fogarasi, joven artista austríaco que analiza el arte abstracto desde el periodo de la Guerra Fría.

Publicado en Diario de Pontevedra 20/11/2011

Vida

Hoy le han concedido a Marcos Giralt Torrente el Premio Nacional de Narrativa por su obra 'Tiempo de vida'. En el mes de agosto de 2010 publiqué en el Diario de Pontevedra una columna tras haber leído esa maravillosa novela y que ahora recupero. Si alguna vez un premio ha sido justo, esta lo es.

Vida
Nuestro tiempo de vida está medido. Limitación cronológica de una especie con fecha de caducidad. Tránsito por un territorio lleno de abruptas cordilleras y apacibles valles, subidas y bajadas en una existencia marcada por las relaciones con nuestros semejantes. No siempre conseguimos lo que esperamos, posiblemente nunca estemos contentos con nuestra situación y muchas, quizás demasiadas veces, equivoquemos nuestra escala de valores anteponiendo cuestiones superficiales a lo realmente importante, el ser humano. El escritor Marcos Giralt nos ofrece toda una lección sobre esos valores en su última novela, ‘Tiempo de vida’, un descarnado relato escrito desde unas entrañas que quedan a la vista en un proceso de expiación personal, pero que también sirve al colectivo como brújula de unas experiencias ofrecidas de manera sincera y sin concesiones. Literatura en primer grado sobre la relación entre un padre y un hijo con la muerte del primero como catarsis de unos hechos que les distanciaron previamente. Confesiones al amparo del dolor, pero también terapéutico reconocimiento de una relación que, por compleja que sea, siempre deja abierta una necesaria puerta a la esperanza. Marcos Giralt nos sitúa ante una de las lecciones más necesarias de la vida, la que permite asemejar este camino a un ring de sentimientos.

Publicado en Diario de Pontevedra 14/08/2010

lunes, 14 de noviembre de 2011

Cuando un trazo rima con un verso

Dentro de la programación del VII Brumario Poético organizado por la Fundación Cuña Casasbellas, se ha instalado la exposición ‘Hojas de Sombra’ en la Galería Sargadelos de Pontevedra hasta el 3 de diciembre. Allí,  el trabajo de María Maquiera Vales-Villamarín y Luis Maquieira provocan un fructífero encuentro que, alentado por un atractivo montaje, es capaz de generar un ambiente en el cual el visitante se siente cómodo, arropado por ese cruce de miradas entre el dibujo y el verso. Una revisión del tradicional encuentro entre pintura y poesía.


Cajas que encierran un feliz encuentro entre dibujo y poesía, restos de un naufragio vital y sentimental entre el oleaje de una existencia curtida por la huella de la palabra y el trazo de un lápiz. Cuando ambas disciplinas riman entre sí surge una muestra tan delicada y sensible en su resultado final como modesta en su planteamiento inicial. Pero es que hay cosas que entran por los ojos, que te hacen agradable estar unos minutos entre estas maderas que acogen el trabajo de dos creadores: una artista plástica, María Maquieira Vales-Villamarín y un poeta, Luis Maquieira. Y aquí esto sucede. Primero por un montaje diferente, ideado conforme a un planteamiento que encaja perfectamente con ese trasfondo poético que sustenta toda la muestra, y en segundo lugar por el maridaje de ambos territorios, trazos y palabras que juegan a lo mismo, a suscitar emociones, a provocar en el espectador la captura de una belleza antes surgida de la mano de ambos. Conductos diferentes pero con una meta común.
Cada una de esas cajas es un pequeño secreto que se abre al exterior, floreciendo así las capacidades de ambos creadores para mostrar su trabajo, pero no solo para eso, sino para ofrecer una instalación llena de sorpresas donde mucho de lo que generan esas obras también forma parte de ellas: bolígrafos, notas, correcciones, libros, documentos, objetos... todo ello se va a ir aposentando en varias de esas cajitas para intentar explicar lo que allí se esconde. Ciertamente, poca explicación necesitan unos trabajos en los cuales sólo lo visual ya nos apasiona, pero es que dentro de ese impacto formal se encuentra también una gran carga en su interior. María Maquieira, nos muestra su dominio del dibujo, su capacidad para reproducir lo que nos rodea y que ya habíamos visto en la reciente muestra de Novos Valores con un trabajo que sitúa al dibujo en el centro de su vida, en el transcurrir diario entre exposiciones o los recorridos habituales de su estadía en Roma.

Rastros |Ahora aquellos planos, aquellos programas de mano, aquellas estaciones de paso por la capital italiana, se sustituyen por poesías, por el rastro que la palabra que Luis Maquieira va dejando en cada uno de esos pequeños continentes, en ellos, y a partir de sus poesías el autor nos conduce a sus emociones por el hecho de vivir, por agolpar sus sensaciones en unos versos, entre luces y sombras, entre recuerdos y olvidos, entre el destino, la suerte y la muerte. Estaciones obligadas en la vida, y también, como no, en la poesía.
Desde ese gran ojo del poeta que María Maqueira coloca en una de las maderas parece que las palabras se van deslizando al interior del poeta. Un descenso a los infiernos para conocer al hombre, para gestionar con él afectos, acuerdos y desacuerdos, posteriormente volcados hacia ese mar exterior en el que nos reunimos todos para conocer el resultado del naufragio, y poder rescatar así lo que hay de nosotros mismos en el interior de cada uno de esos compartimentos. Si miramos bien, si nos detenemos ante ese gran ojo, ante esos perfiles humanos, y si leemos algunos de los poemas nos veremos a nosotros mismos, y es que esa es la última misión del artista: del poeta, del dibujante, del músico o del escultor, hacer de su arte la radiografía de su propio mundo que, al final, también es el nuestro.



Publicado en Diario de Pontevedra 13/11/2011
Fotografía Andy Leal

Descenso

Se coloca Mariano Rajoy los periódicos entre su pecho y el maillot, en el descenso hacia la meta de Moncloa. Allí llegará al igual que durante toda la carrera, en medio del pelotón, sin hacer ruido, ni un demarraje, ni una pedalada a sumar al pelotón. Su resistencia muchos la aplauden como un logro, otros, simplemente ven al ciclista acomodado que circula tapado en medio del grupo al que la competición, con todas sus circunstancias, ha colocado en el podium con la suficiente ventaja para estirar ese maillot de cara a la foto que en dos ocasiones no se había podido hacer. Tan cerca se siente que solo resta evitar las caídas para cruzar la línea. A su alrededor pedalean los mismos gregarios que hace unos meses se afanaban en meter palos entre los radios de las ruedas de su bicicleta. Se huele el poder, los ramos de flores y las subsecretarías. Es hora de arropar al líder, a bloque.

Publicado en Diario de Pontevedra 14/11/2011

domingo, 13 de noviembre de 2011

Soledades



Viven en aldeas casi olvidadas. Puntos en un mapa que se van diluyendo con el paso del tiempo. Sus casas se han ido deshabitando a medida que los años impulsaban a los jóvenes a formar parte de la vida urbana y a integrarse en una emigración en la que un día pensaron en el regreso, como bálsamo para curar unas heridas que ya se han convertido en permanentes. Y de volver, ni hablar. Los escasos habitantes de esos pequeños núcleos rurales se mantienen firmes, apegados a un lugar donde fueron felices y donde aún lo siguen siendo. Hablan con orgullo de esa naturaleza en la que han crecido y de la que por nada del mundo se despegarían. Sus soledades nos están acompañando en unos excelentes reportajes que aparecen los domingos en las páginas de la Revista de este medio. Acostumbrados a leer en la prensa y a ver en la televisión cómo los periodistas se agarran a historias de seres que buscan la notoriedad, con independencia de su coste, se convierte casi en una terapia el conocer la vida de estas gentes anónimas sin más pretensiones en la vida que las de precisamente eso, vivir donde ellos han querido. Fornelos, en Campo Lameiro, o Portomartiño, en A Lama, han sido las primeras rutas por la soledad, por los escenarios donde la presencia humana se ha reducido a cinco o incluso a una sola alma. Nos esperan más estaciones de paso, allí donde la soledad es peaje y fonda.


Publicado en Diario de Pontevedra 12/11/2011
Fotografía: David Freire

jueves, 10 de noviembre de 2011

Cineuropa



De entre los mejores recuerdos que mantengo en mi memoria sobre los años universitarios, cada mes de noviembre Cineuropa me refresca algunos de ellos. Deliciosas jornadas de cine clásico en pantalla grande: ‘La ruta del tabaco’ de John Ford, ‘El cisne negro’ de Henry King. Noches enteras sin dormir asistiendo, rodeado de amigos, a maratones cinematográficos en un atestado Teatro Principal. Allí fuimos felices y descubrimos a André Techiné, gracias a ‘Los juncos salvajes’, y a Marcelo Piñeyro, con sus ‘Caballos salvajes’, en un listado que sería interminable en títulos y emociones, compartidas a la limón entre el patio de butacas y las esperas para lograr una entrada. Ayer Cineuropa cumplió 25 años, y lo hizo como siempre, desde el cine y por el cine, una maravillosa forma de homenajear a este arte desde el rigor y el respeto. Ese mismo que se ha ido depositando en la inexpugnable memoria.

Publicado en Diario de Pontevedra 10/11/2011

martes, 8 de noviembre de 2011

"Ilustremos a nuestros jóvenes"



Citando las palabras pronunciadas por Victor Hugo, en un famoso debate sobre la retirada de fondos del gobierno francés dedicados a la cultura y a la educación: «Si hay dinero para iluminar nuestras calles, también debería haberlo para iluminar a nuestros jóvenes», se despedía el director de cine Bertrand Tavernier del público asistente a la conferencia que en la Ciudad de la Cultura significó el remate al III Congreso Internacional de Historia y Cine organizado por el Departamento de Historia del Cine de la Universidad de Santiago de Compostela, que dirige el profesor Ángel Luis Hueso. Todo un acierto, ya que pocos directores han sido más afinados a la hora de establecer un nexo entre ambas disciplinas como el creador de las obras maestras del género: ‘La vida y nada más’, ‘Capitán Conan’ o su última realización, ‘La princesa de Montpensier’. Su discurso fuera de la pantalla se descubrió aún más cautivador que el exhibido en sus películas. Desde su sabiduría y ejercicio, la calidez de la palabra y un arrebatador amor por el cine y la cultura (emocionante oírle comentar sus lecturas juveniles de Alejandro Dumas, en especial de ‘El Conde de Montecristo’), fue desgranando sus experiencias desde ambos puntos de vista que tantas veces se han entremezclado en su brillante carrera.
En el salón de actos de la Biblioteca de la Ciudad de la Cultura, en sus irónicas palabras «el lugar menos indicado para hablar de cine histórico», Bertrand Tavernier nos descubrió cómo el pasado puede ser el marco idóneo para contar historias,  ya que eso es precisamente lo que busca el director de ‘Round Midnight’, contar historias de personas dentro de una ambientación lo más fiel posible a la realidad del momento. Lejos de pretender desarrollar el paisaje de una época histórica, el paisaje debe ser el de los seres humanos, el de la narración de los intereses de unos personajes en el tiempo que les ha tocado vivir. La película, servirá no sólo como un entretenimiento, sino como el acercamiento a un pasado en muchos casos sonrojantemente desconocido por gran parte de la población. Se entronca así con las graves taras de saber de nuestros sistemas educativos, las lagunas de nuestras jóvenes generaciones. Y si se queja el director galo, cómo no quejarnos también nosotros con un sistema educativo en el filo de las tijeras de los recortes. Bertrand Tavernier hizo apostolado del cine como elemento complementario de la educación, y refrendó lo que muchos pensamos sobre la necesidad de su inclusión en los planes de estudio más básicos. Películas como ‘Hoy empieza todo’ nos hablan del papel de la educación, apostando por el profesor como difusor de unos valores que el cine puede y debe ofrecer también en la búsqueda de la luz necesaria para iluminar a nuestros jóvenes.


Publicado en Diario de Pontevedra 8/11/2011

lunes, 7 de noviembre de 2011

El debate

Rajoy y Rubalcaba, Rubalcaba y Rajoy discutirán hoy sobre la crisis en un debate de medio millón, para ser exactos en tiempos en los que cada céntimo es oro: 549.520 euros. Esto es lo que va a costar que Rajoy tilde a Rubalcaba de ser un elemento del pasado, de la falta de credibilidad de sus propuestas tras pertenecer al clan Zapatero, de resucitar a Felipe González y a Alfonso Guerra y si las cosas se ponen duras incluso hasta puede salir algún faisán a escena. Por su parte Rubalcaba acusará a Rajoy de podar el estado del bienestar, de sus futuros recortes en Sanidad y Educación tras ver lo que sucede en las comunidades de Madrid, Valencia y Galicia, de pertenecer también al pasado, de su indefinición permanente... y así hasta que Manuel Campo Vidal pite el final de un debate que no aclarará nada, solo que más de medio millón de euros se han gastado para seguir escuchando lo mismo.

Publicado en Diario de Pontevedra 7/11/2011

domingo, 6 de noviembre de 2011

Pinceladas que se afunden na terra

Entre 1911 e 1987 Manuel Pesqueira desenvolveu unha traxectoria singular na paisaxe artística galega do século pasado. A escasa presenza das súas obras en museos ou centros de exposicións afastou durante moitos anos, sempre demasiados, a forza da súa pintura a través dunha pincelada que, como un grao de area, vai compoñendo cada unha das composicións cunha fonda intensidade. No ano no que se celebra o centenario do seu nacemento NovaGalicia Banco foi quen de adicarlle a exposición que explica a súa arte, pero sobre todo a súa mirada.



Poucos artistas foron quen de afundir os seus pinceis dun xeito tan intenso na súa terra como Manuel Pesqueira. Xorde a súa vocación nun medio rural, o do fértil val do Salnés, que se converteu, dende a súa paisaxe e as súas xentes, no eixo formal da súa obra. A carón daquela xeración renovadora da arte galega, Arturo Souto, Manuel Torres, Laxeiro, Maside e Colmeiro, foi medrando a súa singular figura. Singular porque a vida lle puxo as cousas ben difíciles ao perder un brazo, precisamente o dereito, co que comenzara a facer as súas primeiras pinturas. Pero a forza interior, o carácter por querer expresar cara o exterior aquela forma de mirar a realidade que o caracterizou, foi o impulso necesario para mudar os pinceis de man e empezar de novo. Cada unha das súas pinceladas fálanos desa aprendizaxe, dese esforzo supremo por facerse pintor sempre a partir daquilo que tiña máis preto, as xentes e as terras que rodeaban a súa vivenda.
Percorrer esta mostra supón un descubrimento, non porque non coñecésemos a súa obra, senón por poder gozar dun conxunto tan excepcional de pezas, polo demais moi difíciles de ver, debido á súa escasa presenza en museos e institucións, estando a maior parte da súa obra nas mans dos seus descendentes. Deixarnos rodear por eses labregos, canteiros, homes xogando ás cartas ou nais non é máis que achegarnos á verdadeira identidade de Galicia a traves da terra e a xente o que máis caracterizaba a éste país ao que sempre se adicou o noso protagonista.
Se algo nos vai chamar a atención cando fagamos o percorrido, artellado de xeito audaz polo comisario da mostra Fernando Martínez Vilanova, é a forma de plantexar a pincelada por parte de Manuel Pesqueira. Ao seu arredor xira toda a estrutura do cadro, ela é a que lle confire os ritmos a cada lenzo, a que singulariza as súas figuras monumentais, e tamén a que crea a ilusión da profundidade nas obras. É a súa, con moita probabilidade, a pincelada máis forte e segura de toda a arte galega, a que ten a maior densidade para construír a escena a representar. Alén diso, os seus cadros son a radiografía dunha terra, a alma dun país. Foi ao que adicou o seu traballo, a súa pintura, a recoller as mulleres, os veciños que xogaban a partida, os homes que labraban no campo, os traballadores das canteiras próximas á súa casa. Unha sorte de peregrinaxe que deambulaba polos seus cadros como a imaxe en movemento dunha Galicia rural, na que se agochaba a cerna da nosa identidade.
Non é facil achegarse á pintura de Manuel Pesqueira, que NovaGalicia Banco apostase por el coa reflexión de Fernando Martínez Vilanova é unha magnifica nova, que nos vai permitir asomarnos a un traballo que merece os meirandes calificativos da nosa tradición plástica. Todos aqueles que gusten da pintura deberían facer unha sorte de peregrinaxe para, en moitos casos, ver por vez primeira moitas das súas obras. A ocasión terá lugar ata o 20 de novembro na Sala de Exposicións do Centro sociocultural de NovaGalicia Banco en Pontevedra; con posterioridade a mostra desprazarase ata Santiago, na viaxe que no ano do centenario do seu nacemento permitirá ao público ver de preto a súa pintura, pero sobre todo a súa pincelada, esa que se afunde na terra para amosarnos a súa alma.



Publicado en Diario de Pontevedra 6/11/2011
Fotografía Rafa Fariña

sábado, 5 de noviembre de 2011

Madrid



Hierven las colas ante Doña Manolita al mismo tiempo que los sueños cabalgan a lomos de una crisis olvidada durante unos instantes. Una atmósfera surreal inunda la atestada calle Preciados y su entorno: clientes, turistas y mimos de los más diversos pelajes conforman un paisaje coronado por una Puerta del Sol que espera impaciente clausurar un año repleto de miserias para nuestra sociedad. La misma sociedad cuya más dura y verdadera radiografía emerge de forma obscena al caminar por una Gran Vía plagada de cines y musicales, filas de personas que acceden a los últimos estrenos para contemplar unos espectáculos ideados para la evasión. Mientras, solo a unos pocos metros, los vagabundos ahogan sus penas dentro de un brick de vino, tumbados en unos cartones sobre los que los destellos de los neones se entremezclan con una gruesa capa de mugre. Tras esa hoguera de vanidades, con sus porras y un casticismo barnizado por la mercadotecnia de los Starbucks Coffee, Madrid muestra su esplendor cultural y su capacidad de atracción para los forasteros que desean postrarse ante los Delacroix, Deineka o Rousell, amparados por unas infraestructuras convertidas en reclamos turísticos. Inversiones para llenar Madrid de acentos que derivan en ingresos y son el abono necesario para cultivar el lado ilustrado del que la capital con justicia presume.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Los gritos del silencio

En la sala de exposiciones del Auditorio de Galicia se exhibe hasta el 20 de noviembre la muestra ‘Cartografías silenciadas’, un recorrido desde la fotografía, pero sobre todo desde la memoria, que rastrea aquellos espacios que sirvieron de lugares de reclusión para los vencidos en la Guerra Civil. Ana Teresa Ortega, es la creadora de estas imágenes, un fragmento de tiempo e historia detenido que nos conduce hacia un universo de silencios, pero también de gritos, aquellos gritos que el alma rebotaba entre unas paredes frías y llenas de soledad. 



El sonido del horror se disfraza de silencio. De un silencio que reclama a gritos nuestra presencia. El colocarnos frente a frente a la realidad, a la historia, a lo que muchos desean ocultar mientras otros no cesan en reclamar, en busca de una justicia terapéutica. Un debate que siempre va a dejar damnificados. Basta con recorrer esta exposición, leer los documentos que aquí se exhiben o dejarse llevar por la fuerza de las imágenes de Ana Teresa Ortega, mientras se van oyendo unas voces que surgen del lado sombrío del ser humano para darse cuenta de la magnitud de la tragedia, y su extensión por toda la geografía de un país cuyas costuras se deshilachan ante este tipo de perspectivas de un frágil proceso todavía sin suturar.
Esta mirada, aséptica, fría, con un punto irracional, sirve para congelar un instante, para convertirlo en eterno y evocar así una evidente condición simbólica. Cada uno de estos penales, o de los espacios abiertos es un símbolo de aquel tiempo, pero sobre todo un reflejo de quienes en ellos encontraron el fin de sus vidas o de parte de ellas. Setenta y una fotografías que definen una etapa de nuestra historia, prolongando un dolor solapado el tiempo, la vergüenza y el miedo de nuestros políticos, pero además desde esos muros fríos o desde esas naturalezas se puede llegar a conocer al ser humano o por lo menos lo que nos queda de él.



Cuando Ana Teresa Ortega comienza a recorrer España en 2007 dentro de un proyecto ideado para reflejar estos espacios de la represión franquista no creo que la propia autora alcanzase a valorar convenientemente las consecuencias de dicha empresa. Un duro tránsito por zonas concretas donde nuestra historia ha dejado una marca, una tara, que ha sido más que dolorosa para todos, y cuando digo todos, merecen especial atención las propias víctimas, y por extensión los miembros de sus familias, pero que es extensible a una amplia parte de la sociedad.
La capacidad para capturar esos escenarios así como para mostrar el papel desarrollado por todos ellos en el franquismo incrementa el simbolismo que se impone a la propia belleza, o al uso para el que fueron concebidos en origen dichos espacios, situándonos ante una fuerte apuesta por parte de la artista, la de la creación de un espacio nuevo para el pensamiento a través del análisis de un instante aquí visualizado en una arquitectura o en un paisaje, al fin y al cabo una geografía de nuestra historia, o como se titula la exposición en Compostela ‘Cartografías silenciadas’. Porque efectivamente, aquí lo que se está dando es toda una serie de coordenadas sobre un tiempo, pero sobre todo sobre un silencio que se ha ido construyendo a lo largo de los años.
Comisariada de forma más que inteligente para nuestra comunidad por Chus Martínez, las fotografías incrementan su potencial comunicador y de discurso crítico con la estudiada instalación y los efectos que se perciben al tiempo que vamos recorriendo la muestra. Unido a ello, la inclusión de referentes espaciales de Galicia vinculan en gran manera a nuestra idiosincrasia, estrechando vínculos con el público. Lugares como la Illa de San Simón (ría de Vigo, Pontevedra), Puente de Castrelo de Miño (Castrelo de Miño, Ourense), Campo de Lavacolla (Compostela, A Coruña), Campo da Rata (A Coruña), Camposancos (A Guarda, Pontevedra), Monasterio de San Clodio (Leiro, Ourense), Monasterio de San Salvador (Celanova, Ourense) y Campo de concentración de Rianxo (A Coruña) forman parte de este recorrido y hacen que nos preguntemos, sobre todo al haber conocido e incluso caminado por muchos de ellos, cómo recintos tan hermosos y bellos pudieron servir para acoger el mal, y es entonces cuando caemos en el reconocimiento de las taras del ser humano, de su perversa capacidad para manipular la realidad con el único fin de perpetuar su poder y dominio sobre sus semejantes.
El silencio. La mejor herramienta que maneja esta artista a lo largo de sus diferentes proyectos creativos, sus ‘Jardines de la memoria’ o sus ‘Lugares del saber y el exilio científico’ así nos lo han evidenciado a lo largo de su trabajo. Un silencio que encandila al espectador, al cual parece dejar en una situación de intemperie ante lo representado. Un carácter abrumador en donde el empleo de ese arma silente, sin interferencias ni contaminaciones en la representación del motivo elegido, potencia esa condición. Asociado a ello nos encontramos como esa ausencia conmovedora busca generar algo tan complejo como la reflexión y el debate, es decir, sobrepasa el ámbito estético para intentar avanzar, de manera comprometida, en la discusión sobre el trasfondo de sus piezas dentro de un proceso sobre el que siempre gira esta artista en demanda de la construcción de una identidad a partir del empleo de la memoria, en lo individual y lo colectivo.
Es, por lo tanto, una extraordinaria ocasión la que se nos viene planteando desde hace unos meses en el Auditorio de Galicia en Santiago de Compostela para visitar un recinto donde quizás no nos encontremos cómodos del todo, muchas veces encontrarse con un pasado tan duro y traumático como el que se encierra en esta sala no es sencillo, pero una vez fuera de dicho escenario uno se da cuenta de lo necesario de este tipo de actuaciones, del valor que tiene como expiación de conductas, y sobre todo de conocimiento de una realidad tantas veces oculta de manera manifiesta. Imágenes como estas o palabras como las que se han recogido en epistolarios como el realizado por Alonso Montero ‘Cartas de los republicanos galegos’ son un aldabonazo a nuestras almas, un aldabonazo a nuestra memoria colectiva.



Publicado en Diario de Pontevedra 30/10/2011
Fotografías: Ana Teresa Ortega
Barranco de Viznar, Granada
Monasterio de San Salvador, Ourense
Illa de San Simón, Ría de Vigo (Pontevedra)

Cuando la noche es dolor

La reedición de ‘La noche feroz’ explica en gran parte el gérmen de la escritura de Ricardo Menéndez Salmón
Es una de las trayectorias más respaldadas dentro del proceso literario de renovación de caras y nombres. Ese éxito es el que lleva a Seix Barral a recuperar una de sus primeras novelas, abrumadoramente intensa y llena de claves futuras.

Sucede con las primeras novelas, que suelen ser las que se leen cuando uno ya ha conocido diferentes obras de su autor. El mercado o la crítica, y en gran medida los gustos del público, son los que afianzan al escritor que posteriormente debe consolidar su obra, siendo aquellas primeras obras, las que a menudo considera el autor como sus obras más queridas, las que son leídas cuando ya se conoce bastante de la trayectoria de dicho creador. El último libro de Ricardo Menéndez Salmón, publicado el pasado año, ‘La luz es más antigua que el amor’, se ha convertido en su último éxito, coronando lo leído en la que se ha dado en llamar ‘Trilogía del mal’. Tres pequeños libros donde se da vueltas a esa innata capacidad del hombre para ejercer la maldad. Con ‘La ofensa’, ‘Derrumbe’ y ‘El corrector’, Ricardo Ménendez Salmón dejaba bien a las claras su inequívoco compromiso con la literatura manifestado a través de un prosa directa, cortante, sin medias tintas, que entraba como un cuchillo en la mantequilla de la historia a narrar.
Años después de todo ello y cuando se le conoce ya como una de los llamados a protagonizar laureados nuevos tiempos en nuestras letras, y al que se le ha colgado ese horrendo cartel de ‘firme promesa’ de nuestra literatura, la editorial Seix Barral publica uno de sus primeros trabajos, ‘La noche feroz’, que en el año 2006 recibió el premio de novela Casino de Mieres, en el año de su primera edición. Ahora, y dentro de la colección de Biblioteca Breve, este relato cruel y dramático, que bucea en el hombre y sus circunstancias con la Guerra Civil de fondo en un pequeño pueblo de las montañas de Asturias, evidencia donde se encuentra el gérmen de muchos de los territorios recurrentes en su literatura.
La noche como escenario para que el mal se mueva a sus anchas, personajes heridos que arrastran las cadenas de un pasado sin redención posible. Una persecución, el hombre en su origen, el animal cazador que solo busca saciar su primitivo instinto depredador. Y todo ello en una noche de miedos donde el mal, y solo el mal, justifica los actos de unos y otros. A partir de ahí el escritor nos hace asistir a esa cacería, a esa persecución en la que parece llevar grabados en los nudillos aquel odio y amor del reverendo Harry Powell en ‘La noche del cazador’, y nos hará subir a su lenguaje encabritado, a una narración tensa y angustiosa donde cada palabra sirve para ir incidiendo en ese horror, en la recreación de una atmósfera que sólo puede ser entendida desde esa dialéctica. Un sentido trágico de la existencia que conecta con la madre de todas las literaturas, la tragedia griega, pero también con la prospección psicológica empleada magistralmente por Dostoievski en sus personajes. Todo, dentro de ese manto oscuro, lleva a la exploración del ser humano y a la relación con sus semejantes. “En los pueblos pequeños el infierno es siempre grande”, así comienza uno de los capítulos de una novela inteligentemente estructurada. “Nada deja tanta huella como el aprendizaje del horror”. Frases que emergen como sentencias de esa noche en la que se enmarca esta novela llena de atrevimiento y arrojo, como corresponde a un texto iniciático. Tiempo habrá de torcerse. Pero el tiempo y los libros no han hecho más que refrendar el trabajo de este autor asturiano de poderosa narrativa y que ha singularizado su papel dentro de la literatura. Mientras esperamos nuevas publicaciones  de su autoría caemos en este pozo de la posguerra, como tantos que se horadaron a lo largo de nuestra geografía, así que dejémonos devorar por “la noche -fría, solemne, puro terciopelo- se traga a los hambrientos en un santiamén”. Pues que así sea.

Publicado en Diario de Pontevedra 30/10/2011