viernes, 30 de septiembre de 2011

Sabina

La próxima semana se estrena en Madrid un musical basado en unas canciones entre las que se encuentran algunas de las mejores músicas de nuestras vidas. Hace sólo un par de días se ha reeditado el álbum ‘19 días y 500 noches’ con numerosos extras que vienen a completar uno, no sólo de sus mejores trabajos, sino el que es uno de los más importantes discos aquí editados, y junto a Serrat lleva preparando la nueva gira que ambos protagonizarán el próximo año. Joaquín Sabina, el cantante amigo de poetas, el autor de cabecera de mucho más que una generación, se evidencia como el gran creador que es, su dimensión continúa generando cultura más allá del mero hecho musical. Figura y personaje a cuyo alrededor se comienza a cimentar la leyenda de quien alcanza los altares de lo eterno. Bombín y canalla en el verso, Sabina y cía. prometen más noches de boda.


Publicado en Diario de Pontevedra 30/09/2011

lunes, 26 de septiembre de 2011

Percepciones de una nueva realidad

'En el aire' es la propuesta del artista catalán Ignasi Aballí, el representante de España en la Bienal de Arte de Venecia en 2007, plantea un proyecto específico para nuestra ciudad en el que emergen aspectos de nuestra identidad invisible.


A pocos días de que remate la exposición del artista catalán Ignasi Aballí no debemos dejar pasar la ocasión de visitar esta muestra que se ha convertido, tanto por la significación del propio artista, como por la propuesta planteada, en una de las más interesantes del verano artístico en nuestra ciudad. Sumergirse en las concepciones de Ignasi Aballí, supone entrar en un juego de tensiones con el propio artista. Aquí no estamos ante un arte contemplativo, sino ante un arte de implicación entre artista y público, una tensión que permite al visitante poner mucho de su parte para adentrarse en un arte de conceptos, un arte que esconde muchas cuestiones de manera premeditada para exigir del espectador su propia aportación. Y precisamente de esconder, de lo oculto, de lo que no vemos en una primera mirada, es de lo que nos habla Ignasi Aballí, centrándose en nuestra identidad gallega.
Dentro del programa de residencias que plantea la Fundación RAC el artista genera una exposición a propósito para este espacio, vinculada con nuestro entorno, lo que le confiere esa singularidad que enriquece todavía más la propuesta además de buscar una mayor conexión con el visitante. Para ello la reflexión se asienta sobre esa otra realidad, la que no percibimos de una manera directa, sino que se esconde bajo una segunda piel. Sucede así con esa niebla que tantas veces nos envuelve, que confunde nuestros paisajes, pero que es quien de crear una serie de fotografías tan hermosas como la serie que aquí se propone; o ese interlineado con textos referidos a Galicia lleno de unos blancos que tantas veces despreciamos; o ese cielo descompuesto a través de un amplio ventanal en unos componentes que están ahí, pero a los que nuestra comprensión no alcanza; al igual que ese cielo, manto que nos ampara desde una amplia gama de grises hasta los más deseados azules, son una tonalidad de colores que también se atreve a desconfigurar nuestro protagonista.
Y si Galicia es el azul de sus cielos y mares, también es el verde de sus valles y arboledas, por ello que la referencias al propio verde no deben faltar, a través de una vitrina con comentarios sobre dicho color, pero también con la repetición de la palabra ‘verde’ extraída de diferentes números de periódicos, en un ejercicio característico de su trayectoria artística. Tipologías de letra distintas, formas de ver la realidad de diferentes maneras pero cuyo último significado es el mismo, y finalmente con la exhibición de varios utensilios dedicados a medir aquello que entendemos que no se puede medir.
Ignasi Aballí se convierte, en el gran medidor de esa otra realidad que se esconde en Galicia, un aspecto que ha sabido desentrañar de una manera inteligente e impactante visualmente con un espectador que a poco que pretenda integrarse de una manera cómplice con las diferentes propuestas sabrá reconocer la audacia de un artista único.
Portugal| La Fundación RAC remata el año con su próxima exposición que ya se anuncia para el mes de noviembre en el que mirará hacia el país vecino, un Portugal que dispone de varios de los artistas ya no sólo emergentes, sino más importantes de la escena internacional del arte de nuestro tiempo. Clara muestra de ello son Filipa César y Rui Toscano, quienes traerán hasta nuestra ciudad varias de sus obras para darnos a conocer parte del éxito actual del arte portugués. Ambos suelen valerse de las nuevas tecnologías para que sus trabajos generen en el espectador un cúmulo de sensaciones. Un arte sensorial que está muy próximo a nosotros geográficamente, y quizás, por eso mismo, en ocasiones nos pueda parecer tan alejado.


Publicado en Diario de Pontevedra 25/09/2011
Fotografías: Guille López

domingo, 25 de septiembre de 2011

Cholo



Su nombre es tan breve como poderoso. Solo con citarlo a uno se le tensan los músculos, percibe el aroma de la leyenda y se estremece ante el fragor de una historia a la que esta ciudad no deja de agarrarse como tantos otros hicieron en tiempos de sombras y penas. Entonces el fútbol era alegría y orgullo, y aquellos nombres, revestidos con la túnica sagrada granate, se tornaban más y más fuertes a la sombra de su capitán. El capitán del Pontevedra, el capitán de una ciudad que desde entonces tendría que darle honras como en la antigua Roma a los césares, vítores y laureles. Quienes no le vimos jugar sabemos igualmente de su grandeza, nos imaginamos lo que pudo ser aquel hombre en el viejo Pasarón ante los mejores del fútbol nacional. Con escuchar los comentarios o ver los gestos que avezados pontevedreses como Víctor Freixanes o Miguel Fernández-Cid le dedican allá por donde van, queda claro que su figura no es sólo la de un futbolista, sino que es el perfil humano y sentimental de toda una generación. Ahora, en los tiempos del fútbol en color, de las sociedades anónimas, del marketing deportivo, el Pontevedra ha decidido nombrar a Cholo presidente de honor, ¡cómo si no lo hubiera sido ya durante todos estos años! Él permanecerá igual, reconfortado por sus recuerdos de gloria, mientras, le seguiréis viendo caminar, humilde, por la ciudad que defendió como pocos.


Publicado en Diario de Pontevedra 24/09/2011
Fotografía: David Freire 

viernes, 23 de septiembre de 2011

Universo almodovariano



Si nos sentamos en una butaca para ver una película de Almodóvar sabemos a priori con lo que nos vamos a encontrar, jugando también el director con esa complicidad que ha ido generando a lo largo de su reconocida trayectoria en nuestro país, aunque quizás no tanto como quisiera, como sobre todo fuera de nuestras fronteras. Penetrar en ese universo almodovariano no es más que dejarse arrastrar por sus obsesiones, por unos temas que se han ido sedimentando a lo largo de sus películas formando una costra llena de sentimientos entre personas, deseos, luchas de sexos, vínculos familiares, en definitiva, de relaciones humanas observadas bajo un microscopio que pocas veces como en esta ocasión muestra a un director conciso y sin distracciones (croquetas aparte) para recrear una historia que en ese límite entre lo extremo y lo surreal puede llegar a tocarse con lo que puede ser real.
En definitiva, la historia de ‘La piel que habito’, es la historia de una obsesión, pero también la de la búsqueda de una expiación, de una carga sobre la mente que tan frágilmente puede quebrarse por las circunstancias de la vida. En ese papel que borda un extraordinario Antonio Banderas se reconocen aquellos elegantes malvados hitchcocknianos, perversos muchos de ellos, aunque sin alcanzar los extremos en los que sitúa el director manchego al actor. Frente a él, Elena Anaya emerge como esa obsesión con la que busca recuperar el tiempo pasado y las duras ausencias, un animal encerrado en el que ir penando culpas y aliviando dolores. Con ellos Almodóvar es capaz de crear el ambiente de un laboratorio humano, de reconstrucción de un ser a partir de una serie de giros en un guión en el cual las piezas se van encajando con una absoluta maestría, y donde se ve el trabajo que hay detrás de la elaboración de cada una de sus películas. Trabajos que pueden gustar más o menos, recibir diferentes tipos de críticas, pero a los que no se les puede negar su carácter de singularidad dentro de nuestra cinematografía. ‘La piel que habito’ no deja de ser un paso más en la evolución de Pedro Almodóvar, un paso que tiende a una mayor seriedad, a una circunspección de la historia que cada vez más se evade de aquella comedia que nos aproximaba más a su cine, perdiendo, se podría decir, el contacto con la realidad, para mostrarse como un frío reducto al que no es fácil acceder, pero sí que debe ser contemplado como un efectivo ejercicio visual y narrativo donde todo está perfectamente estudiado y no se deja ningún cable suelto, bueno sí, el último, el que remata con ese plano en una tienda de moda en Compostela, donde más que cerrarse una película se abre otra historia, quizás la próxima película en el universo Almodóvar.


Publicado en Diario de Pontevedra 23/09/2011
Imagen: Pedro Almodóvar durante un instante del rodaje de 'La piel que habito' en Santiago de Compostela (AGN)

martes, 20 de septiembre de 2011

Escenografías de la naturaleza

El artista francés Aymar de Villele nos ofrece en la Sala de Exposiciones de la Xunta de Galicia en Pontevedra sus ‘decorados’ sobre la naturaleza



Escenarios entre los que caminar. Naturalezas que reclaman su valor como contenedor de un ser humano que no siempre corresponde a ese espectáculo de la naturaleza. Tras esos árboles, planteados a modo de un telón o al más tradicional estilo de la estampa japonesa, se esconde una forma de aproximarse a la pintura desde un panteísmo a partir del que se explica la obra de este artista con trabajos no sólo pictóricos, sino también en disciplinas como la escenografía o  la decoración.
En sus piezas se adivina esa especie de religiosidad que confiere una forma de presentar la naturaleza silente, sin interferencias de un hombre que permanece siempre ausente, siendo esta ausencia la mejor de las noticias para ese entorno que tantas veces nos hemos encargado de destrozar. En sus obras también se sugiere la denuncia, ese clamor contra la acción devastadora del ser humano. Grandes lienzos como ‘Protégeme del mal’ o ‘La naturaleza se ríe de Gomorra’, plantean la función protectora del entorno natural a través de una característica disposición de los árboles como grandes líneas verticales, sin distracciones, una pureza formal a la que suma el color, su otra gran arma de expresión. Colores vivos que llenan de fuerza a las obras, complemento dramático para esas escenografías entre las que movernos en una exposición que permanecerá abierta hasta el jueves en nuestra ciudad, para desde el día 28 mostrarse en una de las salas de exposiciones del Centro Social de Novacaixagalicia en Vigo.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Cicatrices recuperadas de la piel de la ciudad

El pasado siete de septiembre nacía en Pontevedra un nuevo espacio de pensamiento, reflexión y cultura. Un arriesgado oasis en estos tiempos en los que todo lo que se aproxime a esos conceptos parece escaldar a esta sociedad que entre todos hemos creado. La Fundación Cuña-Casasbellas abre en la calle Gerardo Álvarez Limeses un lugar para potenciar sus actividades dedicadas a conservar el legado de los poetas pontevedreses Manuel Cuña y Jorge Cuña, pero también para permitir el paso de diferentes exposiciones en la llamada sala Versus.



Comienza su esperanzadora e ilusionante andadura la Sala Versus con la obra del fotógrafo pontevedrés Antón Babío, rastreador de huellas en la ciudad, con Pontevedra como motivo y último fin. Admirador de William Klein, quien también recuperó a lo largo de su prolífica obra la epidermis de diferentes ciudades, Antón Babío sabe que en la piel de una ciudad como Pontevedra hay superficie de trabajo y reflexión suficiente para concebir una obra artística.
Así lo hizo anteriormente con aquel extraordinario proyecto que retrató nuestro ‘rastro’ dominical que se celebra en la Plaza de la Verdura, plasmado en un libro con textos del escritor Luis Rei, y ahora repite mediante esta exposición, ‘24 POEM S/T’, donde se realiza un recorrido por unas cicatrices que surgen a lo largo de nuestra ciudad a través de los graffitis, lenguaje revolucionario de nuestro tiempo, grafismos de una nueva identidad que inunda muros y paredes y que en muchas ocasiones solemos despreciar, ajenos a su condición artística.
Antón Babío repara en esos nuevos símbolos y los fotografía para resituarlos fuera de su lugar de creación, en este caso en las paredes de este nuevo espacio concebido como casa de versos, caverna desde la que rimar palabras para que la vida ofrezca una nueva perspectiva. Colgadas de esas nuevas y blancas paredes, cuartillas blancas, que reclaman con la presencia de esas imágenes existencia necesaria de la palabra y así es, como si de un cadáver exquisito se tratara, planteado desde la propia Fundación, se ha elegido un poema para que, como en la vida, esas palabras acunen a las imágenes. Versos de Carlos Oroza, Rafael Alberti, Valente, Idea Vilariño, Rilke, Miguel Hérnandez o del propio Manuel  Cuña Novás, entre otros, sirven de sustento a todas esas fotografías, no in situ, sino a través de una pequeña colección de láminas donde conviven imagen y palabra y que no hace más que completar, de manera afortunada, la puesta en acción de este nuevo espacio para la creación.
En un duro blanco y negro, el fotógrafo nos sitúa ante todos esos símbolos de nuestras calles, pero también de nuestras vidas. Ellos son testigos mudos de nuestras idas y venidas, de nuestros paseos, de nuestras apuradas marchas hacia el trabajo, del ocio y el disfrute. Ahora reclaman su lugar, su expresión ante nuestra indiferencia. “En cada muro, en cada/ reflejo, en cada rojo/ corazón del estío,/ una pregunta, un sordo/ reproche”, escribe José Hierro en un fragmento de 'Tierra sin nosotros', y es que 'reproches' son los que todos ellos nos hacen, reproches por no atender a su identidad, por no valorar en mayor medida si no su estética, sí su contenido. Una suerte de comunicación a la que no siempre nos mostramos dispuestos a acceder, pero en la que el artista destaca su 'actualidad y espontaneidad' sabedor, a base de las numerosas miradas a través del objetivo, de que ahí se encuentra una forma de relación entre seres humanos, una denotación de este 'arte sin nombre' muy presente en una forma de cultura de nuestros tiempos. Al lado de esta ocasión especial, en la sede de la Fundación se esconden numerosas obras de arte que a lo largo de los tiempos han ido sedimentándose entre las piezas literarias y filosóficas que abundan bajo su techo. Piezas de Manuel Moldes, Manuel Ruibal, José Luis de Dios, Suso Dobao o Verónica Torres completan el recorrido por estas instalaciones, creadas para mayor gloria de dos hombres de pensamiento, Manuel  y Jorge Cuña, pero también para librar un pulso desde la poesía con esta sociedad nada generosa con ella.


Publicado en Diario de Pontevedra 18/09/2011
Fotografía Rafa Estévez

Profesores

Pódolles asegurar que non hai emoción máis grande que a xurdida dun profesor achegándose a un, máis de vinte anos despois, co fin de dicir que se sinte orgulloso do que andas a facer na túa vida profesional. Fai uns días sucedeume. Aquel profesor que tantos rompedeiros de cabeza me dera (aínda que igual eu lle dín algún máis) pola miña pouca devoción polas matemáticas, era quen de superar a timidez de anos sen cruzar palabras, substituídas polo intercambio dunhas miradas que agochaban o inesquecible pasado común, para amosar a súa satisfacción porque aquel alumno, sempre perdido entre sucesións, derivadas, integrais ou logaritmos neperianos saíra adiante. Certo é que eso de ser profesor imprime carácter, que quen o é, e sobre todo se o é de vocación, asume un forte compromiso cos seus alumnos, que se prolonga fóra dos anos de obrigada unión académica. É por iso que un non entende como todo o que se fala nestes días arredor da ensinanza redúcese a cartos e máis cartos. Hai cuestións na vida que deberían estar afastadas da vileza da economía, nembargantes, asistimos de xeito lamentable a un noxento debate sobre o traballo daqueles nos que se sustenta o noso futuro. Reducir a súa presenza, lonxe de ser un aforro, supón encarecer a nosa sociedade ata o punto de que aquel xesto do meu profesor podería non ter sentido en pouco tempo.


Publicado en Diario de Pontevedra 17/09/2011

martes, 13 de septiembre de 2011

Cine clásico. Estación ´Termini

Clásicos para un verano (X).  Decir Orson Welles es decir cine. No hay una sola película en la que él haya participado de una u otra manera que no posea esa aura mítica que emerge de su incomparable personalidad. Un ser desbordante no solo en lo cinematográfico, sino también en lo personal. ‘Ciudadano Kane’, ‘El cuarto mandamiento’, ‘El extraño’ o ‘La dama de Shanghai’ muestran su cine más clásico, pero el paso de los años le llevó a producir obras tan singulares como este caso.




Hay películas que pasan a la historia por un solo plano. Un poderoso aldabonazo a la visión del espectador y a la mente del cinéfilo. Orson Welles posee varios de estos planos inmortales: la bolita de nieve de ‘Ciudadano Kane’, los espejos de ‘La dama de Shanghai’, sus shakespearianos universos de ‘Macbeth’ y ‘Campanadas a Medianoche’, pero quizás sea con ‘Sed de mal’ con el que el director americano alcanza su cima como tal con la ejecución de un larguísimo plano, de más de tres minutos, que demuestra su inconmesurable capacidad de dominio del espacio, y de la narración dentro de él.
Asomarse a esa grúa que sobrevuela las calles de un pequeño pueblo fronterizo entre México y Estados Unidos es uno de los espectáculos más grandiosos que nos ha dejado el cine y quizás sea la culminación de una forma de entender el séptimo arte. No pocos estudiosos del cine definen a ‘Sed de mal’ como la última gran película del periodo clásico de un Hollywood que iba lentamente desintegrándose, y perdiendo glamour entre una sociedad americana en la que la televisión comenzaba a imponerse. Orson Welles había renovado el lenguaje fílmico en 1941 con ‘Ciudadano Kane’, y con la extraordinaria y no siempre del todo valorada ‘El cuarto mandamiento’, y ahora, diecisiete años más tarde, parecía querer cerrar el círculo de una época inimitable.

Sordidez| Y así lo hizo con su vuelta a Hollywood tras años viviendo en Europa. Los estudios Universal, y con la implicación por parte de la gran estrella del momento, Charlton Heston, pusieron en sus manos este proyecto en el cual Orson Welles se involucró desde el principio, no solo como actor, sino como guionista y director, cobrando solo el sueldo por su actuación.
Evidentemente, lo primero fue reescribir el guión, adaptarlo a una historia en la que la traición y el eterno debate entre el bien y el mal debían centrar la trama. Importantísima también lo fue la puesta en escena, la creación de un mundo de luces y sombras de una modernidad asombrosa y que nos conducía hacia un expresionismo de fuertes contrastes. Planos cortos, llenos de tensiones entre los personajes, primeros planos que transmiten el hedor de una sociedad llena de elementos sórdidos que tienen su reflejo en la figura obesa y sudorosa del inspector de policía que interpreta el propio director. Toda esta atmósfera es la que, gracias a su genialidad creativa, lejos de resultar repulsiva te atrapa dentro de la historia y ya no te suelta hasta ese lacónico 'adiós' que pronuncia Marlene Dietrich como cierre de la película. Y es que esta obra tiene en su reparto una seña más de su identidad, ya que en torno a este triángulo estelar: Charlton Heston, Janet Leigh u Orson Welles, se van insertando una serie de personajes tan singulares como imprescindibles para ahondar en lo que se nos cuenta, Joseph Calleia, Akim Tamiroff o Marlene Dietrich, junto a los cameos de Joseph Cotten y Zsa Zsa Gabor, van enredando esa maraña que dispone Orson Welles ante nosotros.
En treinta y nueve días, uno más de los previstos inicialmente, se rodaron todas las escenas, pasando la producción al montaje, elemento clave en una obra donde se aúnan, como en toda obra maestra, diferentes elementos que la convierten en única, como la música de Henry Mancini o la fotografía de Russell Metty. Ambas disciplinas están al servicio de la narración y se convierten en dos de sus máximos apoyos, y todo ello en la búsqueda de esa atmósfera cada vez más densa, donde confluyen las miradas de las dos culturas de la frontera. Por ello se hace imprescindible, para captar matices y recrearse en la verdad de la historia, su visualización en versión original.
La película le pareció demasiado compleja a la productora, aprovechando la ausencia de Welles, llegó a rodar varios planos para aligerar la historia, haciendo la trama más comprensible para el espectador. Orson Welles envió a la Universal una carta en la que mediante 58 puntos explicaba lo que habían hecho con el trabajo de tantas duras jornadas y donde ofrecía las consignas necesarias para el correcto montaje de la película. El presidente de la Universal ignoró tales consejos y la película se estrenó con escasa respuesta por parte del público. De nuevo la figura de Charlton Heston emerge aquí como una pieza esencial en la intrahistoria de la película. Gracias a él Welles fue el director que la llevó a cabo, de su bolsillo salió el día extra que se necesitó para el rodaje, y él, como propietario de parte del filme y quien recibía una parte de los ingresos de taquilla, disponía de una copia de esas 58 indicaciones que permitieron que en 1998 se recuperase la película con quince minutos extra y el montaje real de Orson Welles.
‘Sed de mal’ remata esta secuencia por diez de las películas más importantes de la historia del cine. Todas ellas dentro de lo que se acuñó como cine clásico, el cine que los estudios de Hollywood fueron capaces de crear durante varias décadas para gozo de la humanidad.


Sed de mal
(Touch of evil, 1958)
Blanco y negro.
Director: Orson Welles.
Guión: Orson Welles a partir de la novela de Whit Masterson.
Dirección artística: Robert Clatworthy, Alexander Golitzen.
Fotografía: Russell Metty.
Producción: Albert Zugsmith.
Música: Henry Mancini.
Duración aproximada: 108 minutos.
Estreno: 23 de abril de 1958.
Intérpretes: Orson Welles (Hank Quinlan), Charlton Heston (Mike Vargas), Janet Leigh (Susan Vargas), Josep Calleia (Pete Menzies), Akim Tamiroff (Joe Grandi), Marlene Dietrich (Tanya)
Argumento: Mike Vargas y Susan Vargas son una pareja de recién casados, él es un policía mexicano. Ambos se ven obligados a interrumpir su viaje de luna de miel al explotar un vehículo conducido por un mafioso de la droga. Mike Vargas deberá trabajar con Hank Quinlan, un corrupto y obeso jefe de policía. Tras el secuestro de su mujer, Vargas deberá resolver el caso antes de que sea demasiado tarde.

Publicado en Diario de Pontevedra 4/09/2011

Arte de futuro en nuestros días

La tradicional cita del arte joven en Galicia durante el verano se visualiza en la exposición y concurso ‘Novos Valores’ que la Deputación de Pontevedra, por medio del Museo de Pontevedra, pone en valor edición tras edición. Un valor que viene definido por el paso del tiempo, él y solo él es el que decide la validez de los artistas seleccionados y premiados. Solo con seguir lo que sucede hoy en día en el panorama artístico nacional ya respalda gran parte de las convocatorias anteriores. Nada anuncia que con esta edición no vaya a suceder lo mismo.



Las seis becas concedidas a Fernando Lafuente, Marta González Fortes, Hugo Aldatz, Antonio Lorenzo, Lourdes López y Verónica Vicente Álvarez se unen al resto de los galardonados para componer una exposición reveladora de lo que sienten los artistas que buscan, junto a la maduración de su obra, un nombre. Ese nombre que se convierta en el eco necesario para hacer visibles sus inquietudes y necesidades de expresión a través de un medio tan complejo como lo es el artístico.

Discursos | Las cuarenta piezas seleccionadas emiten, por lo tanto, esa intención, la de una búsqueda que se hace común a todos los participantes, y de ese fin común es del que participan estas obras, capaces de generar en la muestra la misma ilusión que seguramente a cada uno de los artistas le mueve para ofrecernos su trabajo.
Desde la pintura hasta el vídeo, pasando por el dibujo, la fotografía, la escultura, el grabado o el diseño, cada una de esas disciplinas maneja sus propios códigos, elabora su discurso para asomarnos a las vivencias de un artista nuevo, implicado con su tiempo y su momento, conocedor de todo lo que sucede a su alrededor y con una altísima formación teórica y donde la complejidad, lo que otorga ese plus de calidad, viene dado por el cómo esa reflexión se presenta ante el público. Y esta es una de las cuestiones más saludables a la hora de visitar la exposición, el ver como estos artistas, por lo general muy jóvenes (aunque en las normas de la convocatoria no se fija ningún límite de edad), asumen ya una diversidad de modos de expresión que enriquece el resultado global de la muestra y evidencia que el futuro de nuestros creadores está más que garantizado. Así ha sido a lo largo de los treinta años que cumple ya esta cita del verano artístico, que recoge el testigo de aquella precursora convocatoria que esta misma Diputación de Pontevedra realizó a finales de los años veinte y por la que pasaron los mejores de nuestros artistas de la época. Los renovadores de un arte cuyos epígonos llegan lentamente hasta nuestros días, como las olas de un mar que alcanza  la costa de una forma casi rítmica trayendo los nombres de los nuevos renovadores.

Futuro | Si uno rastrea esos nombres durante los últimos años se dará cuenta de la correspondencia existente entre quienes están definiendo el arte surgido en Galicia y quienes han venido protagonizando este certamen. Un camino que lejos de discurrir en paralelo se ha ido entrecruzando en la servidumbre de identificar ‘Novos Valores’ con un arte que tendrá su revelación en un futuro casi comprometido con la irrenunciable vocación de todos los aquí seleccionados. Estas cuarenta miradas surgen por y para ese futuro cada vez más cercano y que se confunde con un hoy del que podemos formar parte. Todos los participantes así lo están esperando, que su arte, que su apuesta tenga respuesta entre la ciudadanía y que esta realice una visita que es la que da el sentido final a todo este empeño.
El Museo de Pontevedra y la Diputación llevan treinta años realizando esta labor, sembrando para recoger, sabedores de que sin este tipo de citas faltaría el espaldarazo necesario para quienes tanto necesitan de esa ayuda que tan pocos suelen dar. Con un tiempo cada vez más convulso, la vigencia de este certamen es la mejor noticia que se puede dar para seguir dando buenas noticias.


Publicado en Diario de Pontevedra 4/09/2011
Fotografía Rafa Fariña
Imágenes: 1. Quizás esta disciplina había perdido durante los últimos años cierta relevancia en el conjunto general de los trabajos presentados. Esta edición ha mostrado un alto nivel en esta disciplina, y así tres de las seis becas se han decantado por galardonar a obras pictóricas. Entre ellas ‘Karnaq’, de Antonio Lorenzo Guisado.
                2. Marta Bran, en la categoría de dibujo, nos presenta una reflexión sobre una serie de objetos y espacios pertenecientes a su vida cotidiana.
                 3. Lula Goce, con sus 'Topografías' obtuvo una de las becas del certamen, en el apartado de escultura.