miércoles, 7 de diciembre de 2011

¡Taconazo!


Era el grito que pronunciábamos tras marcar el gol soñado. Un taconazo que dirigía el balón no siempre al interior de una portería, la mayoría de las veces contra el portalón de un garaje o la verja de algún comercio del barrio donde el balón solía circular sobre el asfalto. Aquel taconazo repleto de felicidad no se nos había ocurrido de la noche a la mañana, sino que antes lo habíamos visto en un espigado jugador brasileño con nombre de filósofo, cuando todavía no sabíamos que era la filosofía. Sócrates era aquel centrocampista que lanzaba los penaltis con el tacón. Fueron horas y horas las que nos pasamos lanzando penaltis de esa manera tan peculiar. Aquel futbolista se quedó ya para siempre instalado en nuestro imaginario, no sólo en el futbolístico, sino en uno mucho más importante, el de la infancia. Allí Socrates sí que ganó un Mundial y sobre todo nos ganó a toda una generación.



Publicado en Diario de Pontevedra 07/12/2011

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