domingo, 25 de diciembre de 2011

Segundos

No creo que hayan sido más que unos pocos segundos. Un silencioso paréntesis abriéndose paso entre el ruido de los últimos días. Una vez sentado en su nuevo despacho de La Moncloa, la cartera presidencial sobre la mesa, parte de la mudanza todavía en cajas y las fotos de la familia acomodándose al nuevo hábitat, Mariano Rajoy debió suspirar mientras se acariciaba la barba para echar a volar una memoria que, en un fugaz barrido, llegaría hasta aquel ochentero sillón de la Diputación de Pontevedra, pasando por los sucesivos despachos ministeriales, y recordando ese diván en el que ante José María Aznar y Rodrigo Rato se decidió que él sería el líder del PP. Esos segundos son hoy la gran conquista de Mariano Rajoy Brey (así, con los dos apellidos, que en estos casos siempre nos olvidamos de las madres), su único tiempo en soledad tras jornadas frenéticas. Es posible que en la noche electoral, o tras la votación en el Congreso de los Diputados, el presidente notase ese vacío evocador de un pasado sin el que no se entendería el presente, pero a buen seguro que no ha sido hasta que se ha sentado entre las paredes de La Moncloa cuando todo ha tenido sentido y el círculo se ha cerrado. El sonido de algún teléfono habrá destrozado ese silencio ante alguna de las urgencias que tiene este país, pero lo cierto es que ya nadie le podrá robar a Mariano Rajoy Brey esos segundos. Sus segundos.


Publicado en Diario de Pontevedra 24/12/2011

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