sábado, 10 de diciembre de 2011

Choque



Cada encuentro entre el Real Madrid y el Barcelona se asemeja cada vez más a un choque de trenes. Dos ferrocarriles circulando por la misma vía en direcciones contrarias. Velocidades constantes generadas a base de quemar los leños de la historia. Gestas de un pasado que combustiona con facilidad, pero que en días como hoy quedan reducidas a humo y a esa caprichosa ceniza que surgía en los trenes antiguos y se metía en el ojo de sus pasajeros provocándoles alguna que otra lágrima. La historia entre ambos también se escribe entre lágrimas, pasiones que duran noventa minutos, un círculo como el de aquellos trenes infantiles, principio y fin donde una vez activada la caldera no hay escapatoria posible. La colisión es inevitable y todos ayudamos a que ésta se produzca con la mayor velocidad posible: medios de comunicación, aficionados, jugadores y hasta los entrenadores no dejan de echar lecha al fuego. Muchos lo hacen a base de tronco grueso, estilo Hermanos Marx y su famoso ¡más madera!, devastando a su propio convoy; otros, de forma ridícula y hasta risible, como la enamorada de Buster Keaton en ‘El Maquinista de la General’, con aquella ramita que representaba todo un manifiesto de inocencia y dulzura. Una aceleración de dos locomotoras que pocas veces en los últimos tiempos han llegado en condiciones similares a las que hoy veremos, de las que hoy disfrutaremos. ¡Pasajeros al tren!


Publicado en Diario de Pontevedra 10/12/2012

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