lunes, 21 de noviembre de 2011

La otra orilla

Recorrer el arte del siglo XX. Rastrear a los grandes genios que hicieron de su trabajo una enorme luz en una España en muchas ocasiones abonada a la tristeza y a la miseria, es el feliz planteamiento llevado a cabo por el nuevo equipo del Museo Nacional de Arte Reina Sofía. Un recorrido por el arte pero también por nosotros mismos, y en él, un hito, uno de esos puntos de inflexión que abren y cierran puertas. El Guernica de Picasso se erige como el gran referente de este centro, mientras a su alrededor se despliega el complemento perfecto a dicho mural.

Bajar por el Paseo del Prado supone dejarse arrastrar por la corriente del arte. Un cauce en el que en su orilla izquierda se erige la gran pinacotea europea, el Museo del Prado, engrandecido durante estos días con el único centro que puede competir en ese terreno con él: el Museo del Hermitage de San Petersburgo. Hasta allí procesionan miles y miles de visitantes, con sus cámaras los más y otros muchos con la curiosidad necesaria para acercarse a la pintura. Allí todo es abrumador, historia y pintura no dejan resquicio para respirar. Dejémoslo para otra ocasión. En la orilla derecha las opciones se hacen más diversas, permiten la combinación de varias propuestas, encadenando entre ellas un inolvidable paseo. Frente a la Fuente de Neptuno el Museo Thyssen junto a su selecta colección ofrece desde hace unas jornadas la muestra ‘Arquitecturas pintadas’, o cómo los artistas recogieron la arquitectura de su momento; desde esta semana la propuesta se enriquece con la exposición de la primera pintora impresionista, la desconocida Berthe Morisot. Sólo unos metros más abajo nos encontramos con la presencia de la arquitectura de Jacques Herzog y Pierre de Meuron, todo un espectáculo en sí misma acrecentado por la presencia en su interior de una exposición sobre uno de los grandes maestros de la pintura de todos los tiempos:Eugene Delacroix. Sorteando lo que ya se ha convertido en un afluente de cientos de visitantes que suben y bajan por este itinerario pictórico, llegamos al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, un descomunal espacio ahora reintepretado en sus ricos fondos de pintura del siglo XX desde la llegada de su director Manuel Borja Villel, y que cuenta con nuevos espacios gracias a la ampliacion realizada por otro arquitecto mediático, Jean Nouvel.

MNCARS| Encontrarse frente a frente con el mejor arte español del siglo XX, eso es lo que significa recorrer la exposición de la colección de este centro artístico. Mucho ha cambiado la disposición de las piezas, ganando en una lógica evolutiva y en un planteamiento que relaciona a la pintura con otras disciplinas del pensamiento y el arte de su momento, con la nueva distribución del equipo directivo que se inauguró en mayo de 2009. En ella hay un gran eje rector sobre el que parece girar todo y de una forma más que justificada. Todavía, pese a ser visto en varias ocasiones, no deja de estremecer el ‘Guernica’ de Pablo Picasso. Separado de él por varias filas de visitantes uno todavía tiene esa sensación de estar ante uno de los grandes testimonios artísticos del ser humano, además de una contundente obra sobre lo más abyecto que puede haber en nuestro interior. Ese enorme mural no debe despistarnos de todo lo que hay a su alrededor, esculturas como la ‘Mujer en el jardín’ o ‘Mujer con florero’, junto a los bocetos para la gran obra, dotan a este espacio dentro del propio museo de una especie de aura sagrada que no deja a nadie indiferente. Hasta llegar a él antes disfrutamos de los jardines de Rusiñol, de la espectacular factura de las obras de Solana, del surrealismo del mejor Dalí que nunca ha pintado, y posteriormente lo hemos seguido haciendo con Juan Gris y de nuevo con el cubismo de Picasso que te hace temblar las piernas. Todo ello sin abandonar la segunda planta del viejo edificio de Sabatini que encierra lo sucedido en este país entre 1900 y 1945. Si accedemos a la cuarta planta del mismo edificio nos encontramos el segundo recorrido de ese trayecto creativo, el que va de 1945 a 1968, donde la colección se amplia al resto del mundo, a esos bloques enfrentados durante la Guerra fría, y al sinfín de reacciones artísticas surgidas tras una guerra que hizo dudar a tantos. Pero su huella sigue estando entre ellos. La huella de Picasso. La huella de la genialidad.

Rousel & Boetti| El Museo también trabaja desde otras perspectivas, las de la exposición temporal de creadores que han ido jalonando los caminos de muchos de aquellos que hemos dejado atrás. Y así, durante los próximos meses hasta tres exposiciones coinciden en diferentes ámbitos del recinto. ‘Locus Solus. Impresiones de Raymond Rousel’ es un interesante acercamiento a este escritor francés que enarboló la bandera de la imaginación como pocos a comienzos del siglo XX y con numerosas repercusiones en el mundo de las vanguardias, relaciones que precisamente explora esta cita. Alighiero Boetti, es el protagonista de una intensa retrospectiva que muestra su faceta en el povera pero también su capacidad para generar iconos artísticos del siglo XX, y finalmente, Andreas Fogarasi, joven artista austríaco que analiza el arte abstracto desde el periodo de la Guerra Fría.

Publicado en Diario de Pontevedra 20/11/2011

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